Desandando la guerra, caminando la paz [1]

Hugo Alberto Buitrago M.[2]
María Cristina Rengifo R.
William de Jesús Estrada C.
Carlos H. Arredondo M.

Resumen

El mayor reto educativo de la implementación en los territorios colombianos del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, lo constituye la creación de unas pedagogías eficaces para la paz, ya que son muchas las manifestaciones de nuestros conflictos que han conducido no solo a una guerra, sino a varias y diversas. La paz, al ser una obligación tanto constitucional como académica, puede caer en el lugar común en el ámbito académico (conferencias, exposiciones magistrales y programas curriculares), que se puede ubicar muy distante de los significados de paz en los territorios, del conocimiento y manejo de contradicciones, tensiones y conflictos venidos de los aprendizajes de la guerra. Esta reflexión lleva a un grupo de profesores de la Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia a unirse y a conformar el Colectivo Pedagogías de la Paz, que le apuesta a dicho reto a partir de acciones pedagógicas y metodológicas concretas de trabajo de la Facultad de Educación con instituciones educativas, comunidades campesinas, la institucionalidad local y los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación -ETCR-, donde se encuentran los excombatientes de las FARC; todo esto mediante procesos educativos académicos y experiencias formativas de construcción social de la paz. En este artículo se comparten gran parte de sus apuestas formativas.

Palabras clave: pedagogías para la paz, Acuerdo de Paz, diálogo de saberes, comunidades, territorio.





1. Descripción

1. El Colectivo y sus apuestas pedagógicas

En el año 2016 iniciamos en la Facultad de Educación, particularmente con el apoyo del Departamento de Extensión, la conformación de un colectivo interesado en las propuestas educativas para la paz, con el ánimo de implementar una acción educativa dentro y fuera de la Universidad de Antioquia. Nos unimos para dialogar alrededor de un proyecto pedagógico y cultural que alentara las acciones y reflexiones para caminar la paz en los territorios escolares y extraescolares.

El lema alrededor del cual nos convocó el trabajo fue: “caminar la paz y desaprender la guerra”. Fue repensado y discutido con un enfoque pedagógico, de ahí que pensáramos de nuevo en que, si los aprendizajes que ha instalado la guerra son también el producto de muchas historias de la configuración política y social del país, lo aprendido, entonces, no se desaprendería tan fácil.

Este reto le compete, por supuesto, a la pedagogía. Desde ese conocimiento construido por la humanidad en su larga tradición cultural, desandar la guerra implica integrar un proceso metodológico asociado al conocimiento consciente y, por tanto, reflexivo, de los mecanismos y significados por los cuales la violencia ha sido instalada como forma de relacionamiento social y sobre el cúmulo de conocimientos que dejó la guerra. La gente ha aprendido lo que, sin planear, la guerra enseñó: que los conflictos se afrontanporque no hay que decir que se resuelvende manera violenta.

Un enfoque metacognitivo y un pensamiento epistémico se asocian como principios pedagógicos de nuestro quehacer como colectivo, de modo tal, nos permite orientar procesos de construcción social de la paz. Aprender a tramitar los conflictos, comprendiendo sus causas, relacionando su origen y efectos y, sobre todo, reconociendo los componentes que lo instauran como un hecho violento, es, en definitiva, saber por qué y cómo es que hemos aprendido esto de la violencia y la guerra, cómo es que la hemos hecho parte de nuestra vida y de la convivencia. El reto es, pues, transitar las epistemologías precisas y necesarias para la construcción de nuestras propias pedagogías para la paz, teniendo como referentes las distintas experiencias de procesos de paz en el mundo y todo lo que la ciencia pueda aportar; al modo de Hugo Zemelman (2001), enfrentando “[…] la realidad socio histórica, que no es clara, inequívoca […] y a la cual no se le puede abordar sencillamente construyendo teorías o conceptos”. Se refiere Zemelman a un problema de las ciencias sociales: “el desajuste, el desfase que existe entre muchos corporas teóricos y la realidad”, es decir, una cuestión metodológica, pero no sólo de las ciencias sociales cuando se trata de aprender a construir una cultura de paz, es el reto de construir pedagogías propias desde un pensar epistémico que permita aprender con todos: “desandando la guerra, caminando la paz”.

Surgimos al calor del proceso de convocatoria del plebiscito que buscaba refrendar los acuerdos de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP; con diferentes acciones en los salones de clase, asumimos el papel de promover, desde la academia, el “Sí”, pero ante los resultados a favor del “No”, nos hicimos la siguiente pregunta: ¿cuáles son los retos de la escuela en la implementación de la paz en los territorios? Dado que además contamos hoy con una normatividad que le confiere a la escuela un papel preponderante en el cumplimiento de esta función socializadora de aprendizajes de paz, fue menester entonces inquietarnos por encontrar respuestas.

Después de los acuerdos de la Habana entre el Estado colombiano y la organización subversiva de las FARC, la normatividad se transformó hacia las estrategias políticas e institucionales que lograran dar desarrollo al cumplimiento de los acuerdos de paz en el país. Por esto, Plan de Acción 2016–2019 de la Facultad de Educación, del Departamento de Extensión y Educación a Distancia, dentro de su lema: “Bloque nueve sin Fronteras”, contempla dentro de sus compromisos la paz en los siguientes términos:

Pedagogías de la paz: contribuiremos a la configuración de la conciencia histórica del conflicto colombiano, apuntando a las subjetividades políticas para la paz, reflexionando y respetando el lugar de la educación en nuestro pasado, narrando historias de intervención de los maestros rurales traducidos en hechos de paz.

Son diferentes los esfuerzos que se promulgan desde el Artículo 22 de la Constitución Política Colombiana: “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”. Estos esfuerzos se han impulsado pese a las posiciones adversas que se resisten a dicho mandato o a aquellas que pretenden evadir la obligatoriedad inherente al mismo: la del cumplimiento de los acuerdos. Hay que traer aquí leyes y decretos que se presentan como desafíos académicos por la paz y que han sido planteados, tanto a partir de diálogos de paz como de las conquistas proyectadas por los movimientos sociales: Ley 1448 de 2011, Ley de Víctimas y Restitución de Tierras; la Ley 1732 de 2014, por la cual se establece la Cátedra de la Paz en todas las instituciones educativas del país. Estas leyes le plantean al sistema educativo, a las facultades de educación, el reto de recoger las múltiples experiencias de su implementación en el campo epistemológico, pedagógico, didáctico, político, filosófico e investigativo, que muchas veces se implementaron en medio del conflicto y en los también llamados periodos de “posconflicto”.

En concreto, el Decreto Ley 885 del 26 de mayo del 2017 ordena la implementación de los acuerdos de la Habana entre el Estado Colombiano y las FARC-EP en los territorios, de manera que el mandato es perentorio. En estos mismos marcos normativos se encuentran los planteamientos y compromisos que adquirió la Universidad de Antioquia en su Plan de Desarrollo Institucional -PDI- 2017–2027, que plantea en el punto 5 uno de sus temas estratégicos: el “compromiso de la Universidad de Antioquia con la construcción de paz, equidad, inclusión e interculturalidad”.

Teniendo como referencia este marco institucional y el marco del Plan de Acción de la Facultad de Educación, el Colectivo de Pedagogías por la Paz: desandando la guerra, caminado la paz, viene adelantando iniciativas de articulación en escenarios y trabajos concretos con otras dependencias de la Universidad, como la Facultad de Ciencias Agrarias y Veterinarias, el Instituto de Estudios Regionales -INER-, Facultad de Ciencias Sociales, Facultad Nacional de Salud Pública, Escuela de Bibliotecología, Facultad de Idiomas, Facultad de Artes, Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, el Instituto de Estudios Políticos, Facultad de Enfermería, entre otros. Además de articulaciones con otras organizaciones sociales y comunitarias: acompañamiento a los procesos de reincorporación y reconciliación con las FARC en los ETCR de Anorí, Ituango y Dabeiba, asumiendo la tarea de la implementación de la paz en los territorios y apoyando este proceso en los Nuevos Puntos de Reincorporación -NPR- de Mutatá y Medellín.

La apuesta, en un primer momento, es por la formación de maestros y directivos docentes, artífices de una escuela abierta, flexible y diversa que apuesta por los procesos de reconciliación, de solución de conflicto a través de los diálogos de saberes y la convivencia pacífica. Para ello, se han diseñado propuestas pedagógicas que incidan en los currículos escolares, de tal manera que la reflexión acerca de los conflictos sea transversal a la dinámica educativa, desde los contenidos disciplinares, hasta los modos en que se experimenta la convivencia en las instituciones.

En la misma dirección, asumimos el proceso de enseñanza y aprendizaje de las comunidades educativas a través del análisis, la praxis y la implementación de nuevas formas de relación social en ambientes escolares donde convergen diferentes actores, con el ánimo de encontrar voces, ideas, maneras creativas y críticas para recomponer las formas de convivir y resolver conflictos en la escuela, la comunidad y la sociedad en general. De ahí la importancia de formular proyectos de extensión en torno a la paz para el trabajo situado en los territorios con diferentes actores: instituciones educativas, docentes y comunidad educativa en general, desde una metodología participativa, que parte del reconocimiento del conflicto en diferentes contextos socioculturales como algo inherente a estos, el respeto por la diferencia y el consenso y el disenso en los planes y acciones acordados con respecto a lo educativo.

El proceso de formación en pedagogías de la paz lo entendemos como un acontecimiento que ha de tener la fuerza suficiente para convocar a la comunidad educativa alrededor de esta premisa, la cual busca repercutir en la vida y las responsabilidades de las comunidades educativas, que asombradas y sensibilizadas frente a los hechos históricos se preguntan, reflexionan, debaten, proponen y actúan en el ámbito escolar y comunitario, en últimas, que asumen una posición comprometida y participativa en los procesos de paz.

De otro modo, nos proponemos incentivar la formación de maestros en pedagogías de la paz, promover su cualificación teórica y práctica de los actores de la paz dentro y fuera de la escuela y hacer evidente esta problemática que afecta en uno o en otro sentido las prácticas pedagógicas en las instituciones educativas y en las organizaciones sociales.

Finalmente, buscamos destacar otras actividades desarrolladas por el equipo, algunas de las cuales se pueden inscribir en el marco de la extensión solidaria: cuatro programas de radio en la Emisora Cultural de la Universidad de Antioquia, desarrollo del proyecto Los Niños tienen derecho a aprender, en la comuna 8 de Medellín con instituciones de educación pública y algunas comunidades vulnerables a nivel social y económico; talleres en los ETCR de Dabeiba, Ituango, Anorí y la zona metropolitana de Medellín, la configuración del colectivo Consuma Conciencia en el interior de la Universidad de Antioquia, participación en los Foros Municipales de Educación de Apartadó, Sonsón, Abejorral y otros municipios de Antioquia.

2. Experiencias de paz, experiencias formativas

2.1. Comunidades, reincorporación y reconciliación:

Como se ha venido exponiendo, uno de los compromisos del Colectivo ha sido contribuir a la implementación del Acuerdo de Paz entre las FARC y el gobierno nacional, entre quienes hicieron la guerra y entre quienes pactaron la vía pacífica para resolver el conflicto, pero también se ha comprometido a pensar y asumir los retos que implica construir unas pedagogías para la paz entre quienes fueron sus actores armados y también sus víctimas, entre quienes luchamos y creemos en los procesos de paz como apuesta académica, política y social, en todo caso formativa, y entre quienes se aventuran para aprender con aquellos a los que la desesperanza, el abandono estatal o la violencia generalizada, les ha dejado experiencias atroces o aprendizajes que les impiden pensar y erigir la vida, tramitando los conflictos de manera activa, conciliada, dialogada y bella.

Pensar la paz como apuesta académica, política y social, significa salir de los claustros universitarios y círculos académicos para aprender con todos, desde las propias vivencias y aprendizajes, todo aquello que la guerra nos heredó, pero para no ser más sus hijos; así, han sido diferentes las comunidades y ETCR de excombatientes que desde el año 2017 se frecuentan para aprender con ellos cómo es posible el vivir la paz. Algunos de los ETCR visitados: La Plancha en Anorí; Santa Rita en Ituango y Llano Grande en Dabeiba.

El Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y, en particular, la Construcción de una Paz Estable y Duradera (Acuerdo final 24/11/2016) implica la participación de todas y todos los colombianos. Contribuir a la implementación de los acuerdos es una responsabilidad ineludible de las instituciones, también de la sociedad entera; hoy día, y pese a tanta historia de violencia, masacres, desaparecidos, desterrados, historia y presente de miedos y guerras, la indiferencia o el rechazo a los acuerdos de paz entre las guerrillas y el Estado, subsiste. La paz no se hace posible sin que la sociedad entera la reclame, la demande, la desee, no como un sueño, sino como la construcción social de otras realidades más justas, más equitativas, democráticas y liberadoras. Desde estas convicciones, el Colectivo comenzó su viaje entrando en diálogo directo con la comunidad fariana de Santa Rita en el municipio de Ituango y la de Llano Grande en el municipio de Dabeiba y sus comunidades circundantes.

A partir de varios encuentros iniciamos un proceso de acompañamiento en el diseño de proyectos que incluyen múltiples componentes, entre ellos: huerta escolar, fortalecimiento comunitario, procesos educativos, construcción de nuevas formas de relacionamiento social, proyectos productivos, de tal manera, que se comiencen a romper las líneas divisorias entre unos y otros, con el propósito de aunar todos los esfuerzos y proyectos necesarios hacia la reconciliación.

En el marco del proyecto Modelo Colaborativo de Educación Superior Rural para el Nordeste Antioqueño, adscrito al Ministerio de Educación Nacional (MEN), y con la coordinación del Área de Proyectos Especiales de la Dirección de Regionalización de la Universidad de Antioquia, se llevó a cabo el proyecto Aula Taller en el ETCR de La Plancha, en el municipio de Anorí, entre el año 2017 y 2018. Diferentes unidades académicas de la Universidad trabajamos articuladamente en la creación de dicha propuesta: Facultad de Artes, Instituto de Estudio Políticos -IEP-, el INER, Salud Pública, Facultad de Ciencias Agrarias, Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Facultad de Comunicaciones, Facultad de Educación y estudiantes de pregrado y posgrados. Como Facultad de Educación, es el Colectivo de Pedagogías para la Paz quien se compromete de manera decidida a aportar al equipo interdisciplinario del proyecto Aula Taller, poniendo sobre la mesa de trabajo todos los elementos pedagógicos y didácticos que le dan sentido a la participación de la Universidad en los territorios. Así, la convergencia de múltiples saberes en diálogo fue la primera experiencia clara que puso en marcha la Universidad de Antioquia en su compromiso misional de extender a las comunidades, en procesos de reconciliación, todo su conocimiento cultural y bagaje académico al servicio de una educación para la paz.

Se destaca el trabajo del Aula Taller en Anorí, sector La Plancha, ya que este proceso evidenció los retos y alentó nuevas y creativas formas de pensar el aporte a la paz y a la prevención de los conflictos por parte de la Universidad de Antioquia. En perspectiva decolonial y construcción colectiva de caminos que permitan comprender el pasado para construir el presente y el futuro de nuestros territorios, el Colectivo emprendió su primera tarea de reconfigurarse como una comunidad académica, mejor, como una comunidad social, como de hecho lo es, capaz de integrar múltiples y diversos saberes cotidianos que tantas veces la ciencia ha desestimado, pero los cuales afirma conocer. La apuesta entonces es ir a las comunidades, trabajar en los territorios, conversar y, sobre todo, escuchar, tratando de cultivar una vida juntos, una en que la violencia no sea el sentimiento y la actitud que nos constituye, y en su lugar, nos habiten las vías pacíficas y democráticas para reconfigurarnos como una sociedad en paz.

Se dialogó con los exguerrilleros de La Plancha, Anorí, donde se abarcaron diferentes temas: la paz, la comunidad, la solidaridad y la reconciliación; de sus vidas antes, durante y después de la guerra, y “de la guerra que le hace la guerra a la paz”. De allí surgieron las iniciativas, que de acuerdo a sus contextos y urgencias, señalaron los caminos para potenciar sus vidas con proyectos productivos y procesos formativos, y valga la pena una precisión, habilidades, destrezas y conocimientos que ellos ya habían iniciado, saberes que traían consigo, porque en la guerra no sólo se daba el hecho bélico, porque casi ninguno fue a ella viéndola como el fin u objetivo de su vida, porque allí se configuraron como comunidad, una que se cuidaba a sí misma.

Como evidencia de los aprendizajes del trabajo en La Plancha, el equipo multidisciplinario, que participó en dicha instancia, escribió el libro: Aula Taller: aportes pedagógicos y políticos para la construcción de paz en La Plancha, Anorí (2018). Allí se expone el proceso que se desarrolló en la configuración del proyecto desde el grupo de docentes, estudiantes y profesionales de la Universidad; también mereció un capítulo especial la narrativa de las experiencias de cada uno de los profesionales que tuvo trabajo en campo, de cómo la vivió y cómo la sintió, y los aprendizajes adquiridos de cara a la reconciliación; la última sección está dedicada a claves pedagógicas y políticas para la construcción de paz, pues al asumir el reto de aprendizaje colectivo de caminar la paz, nos corresponde comprender, analizar, explicar, para entregar a la sociedad el conocimiento que trace los senderos por los cuales se hace viable una cultura para la paz. Por supuesto, el camino está apenas en construcción, queda un largo trecho de construcción colectiva.

2.2. Diplomado Desandando la guerra, caminando la paz.

El relato y las narrativas de los sujetos, las interacciones y el diálogo abierto entre los saberes de quienes han tenido un oído atento a su propio acontecer social y cultural, y a quienes aún no han pensado lo que han vivido, es el proceso formativo a seguir en este diplomado, para quienes se sientan convocados a construir, de manera colectiva y consciente, la necesidad de des-aprender la guerra desde la experiencia personal y social del conflicto. Con el diplomado se busca formar sujetos políticos que aporten al análisis de la historia del conflicto y a la construcción de la paz en la geografía nacional desde su experiencia social y corporal. El cuerpo es continente de experiencias vividas en donde el sujeto es una materia en la que la experiencia deja rastro, herida. La marca es indicio, signo de algo que tiene relación con lo vivido en la piel del alma.

Escuela, el cuerpo como territorio y memoria, democracia, ciudadanía y participación, historia del conflicto armado en Colombia, movimientos sociales y reconciliación, son los temas sobre los que se reflexionará en el proceso de formación con las personas y comunidades que participen en la propuesta.

2.3. Diplomado de gestión académica y liderazgo pedagógico

La propuesta traza un sendero de reflexiones y acciones educativas donde la polifonía de voces armonice la práctica educativa y la proyección social de los actores educativos en un propósito curricular y humano común. Se aspira el fomento de la gestión académica y curricular de rectores y coordinadores de las instituciones educativas de Medellín con incidencia pedagógica y política en las instituciones que dirigen en el departamento de Antioquia.

La metodología está estructurada de acuerdo a las directrices de la pedagogía social, cuya esencia participativa y deliberativa propone a los asistentes disponerse a nuevas miradas y encuentros con los enfoques de la gestión académica y curricular, el diálogo de saberes propios de la experiencia, los temas de reflexión y la interacción con los pares académicos, mediada por la ética profesional y el compromiso social con las comunidades educativas insertadas en las tramas del conflicto.

El aporte político y cultural a los contenidos curriculares en el contexto educativo de la paz y el conflicto se presenta en la articulación de un proyecto institucional que integre los lenguajes simbólicos y los estudios históricos y recientes en las experiencias de la paz en Colombia, y de forma particular, en los territorios donde se lleva a cabo el diplomado. Resiliencia comunitaria, ética, gestión académica y directiva, comunidad, entre otros temas, son parte de la ruta de estudio y trabajo individual y colectivo.

3. Análisis

3.1. Una construcción metodológica

Durante el tejido de la propuesta pedagógica, se plantea, metodológicamente, el diálogo de saberes sobre las experiencias vividas y los aprendizajes que dejó la guerra. La dinámica parte de las subjetividades de cada uno, de los aprendizajes que dejó la guerra; se trabaja sobre diferentes sentires: la paz, lo que se recuerda como resquicio de comunidad, desde la memoria profunda, desde lo que queda como resistencia y los aspectos comunitarios que se puedan reactivar en el territorio para sembrar la esperanza que permita caminar la paz. La dinámica del diálogo de saberes está centrada en hacer una mirada crítica y en activar el espíritu participativo, comunitario, organizativo y de procesos de resistencia sociales y culturales, siguiendo una metodología en espiral para la producción social del conocimiento.

La metodología de la espiral se propone como posibilidad de abrir caminos desde la memoria ancestral por la que atraviesan las comunidades en su tejido social. En el ejercicio emerge, primero, la memoria profunda, es decir, la historia colectiva y la experiencia vivida que conducen a hacer consciente lo aprendido. La memoria profunda se teje como memoria de largo plazo hacia la memoria del presente con el objetivo de fortalecer el reconocimiento de la historia, de la comunidad y la identificación de sus problemas, sus necesidades y las formas de resistencia que han acompañado al territorio frente a la violencia y la guerra.

Algunas de las preguntas potenciadoras o dinamizadoras de los talleres o ejercicios pedagógicos son:

  • ¿Qué sujetos y subjetividades formó la guerra?

  • ¿Cuál es la situación de los derechos humanos en el territorio?

  • ¿Qué se entiende por la paz en el territorio?

  • ¿Cuáles son las experiencias de comunidad y convivencia en el territorio?

  • ¿Cómo se gobierna y cuál es el uso del poder en lo local?

  • ¿Cuál es el tipo de ciudadano que se tiene en el territorio?

  • ¿Cuál es el ciudadano que se requiere para tejer la paz?

  • ¿Cuáles son las posiciones, oposiciones, contradicciones y conflictos, que se viven en lo local y cuál es su manejo y tratamiento?

  • ¿Cuáles son las experiencias y retos que la escuela ha desarrollado como propuestas de paz en los territorios?



Metodología en espiral: diálogo de saberes–evidencia del taller.

Para el diseño de la propuesta pedagógica partimos inicialmente por preguntarnos: ¿qué fue lo que enseñó el conflicto colombiano? Desde ahí se plantea la tarea de caracterizar los aprendizajes que dejó la guerra, en los ámbitos políticos, económicos e ideológicos, en el nivel social, como también los aprendizajes que se instalaron en cada cuerpo que somos, en cada sujeto y cuáles son esas subjetividades que allí habitan, mirando el cuerpo como el territorio más cercano que habitamos en el quehacer de la vida cotidiana. Son estas huellas de memorias profundas, que se han hecho largas y presentes en la vasta duración de posiciones, oposiciones, contradicciones y conflictos, que de una y otra forma han sido mediadas por el uso violento de la fuerza y que se han convertido, por su persistente reproducción, en los únicos mecanismos válidos para el manejo y tratamiento de la resolución de conflictos en los colombianos, en nuestro caso particular, de más de cinco décadas de confrontación armada.

La guerra, o sea, el conflicto social y armado, con sus múltiples violencias, ha educado unos sujetos y unas subjetividades; no obstante, y en el marco de los diálogos de paz, podemos convertir estas prácticas y subjetividades en pretextos detonantes para la construcción y desarrollo de nuevas pedagogías para la paz en los territorios. En esta nueva coyuntura de posconflicto, se presenta a la escuela y a la educación como una de las esperanzas para la construcción de la paz en los territorios, lo cual las convierte en el escenario de los aprendizajes y los desaprendizajes, en la perspectiva de la construcción de la convivencia, en la ruta de construcción de una plurinación y en una sociedad de comunidades sin el manto de la violencia, sin el techo cotidiano del miedo y el silencio que impone la guerra.

Además de la reproducción de prácticas de desigualdades, exclusiones, xenofobia, racismo, clasismo, homofobia, fundamentalismos, fanatismos, señalamientos, estigmatizaciones, creación del enemigo interno, odios, venganzas, amenazas, corrupciones, fastidio a la política, poca participación democrática, gobiernos apoyados por las diferentes herencias de la guerra económica, política, ideológica, hasta ahora los ejercicios pedagógicos evidencian la existencia de prácticas que forman y agudizan la indiferencia, el individualismo y la competitividad en la ideología de mercado con ánimo de lucro y el crecimiento del espíritu rentable.

Caminar la paz tiene como implicación directa el desaprender la guerra, ir reconociéndonos como sujetos políticos productores de la acción social y, en consecuencia, como sujetos históricos que a través de la acción educativa, sin querer, también hemos dado soporte a la guerra; desandar la guerra comienza también por hacernos responsables de nuestro propio contenido social a través de una acción educativa reflexiva y consistente en la acción comunicativa, con lo que reconocemos la acción en la interacción, no como un hecho circunstancial sino como dinámica cultural que da sustento a la subjetividad.



Conclusiones

  • La propuesta de caminar la paz, frente a los aprendizajes de la guerra y sus procesos de desaprendizaje en los territorios, está enfocada en el buen vivir, el buen conocer, el bien común, en la superación de todo tipo de interferencias que imposibilitan la libertad de organización de las personas y comunidades en la convivencia, la cooperación, la colaboración, la solidaridad, la vida en comunidad, la dignidad humana, los derechos humanos, los derechos de la Madre Tierra, para el equilibrio y armonía en la espiritualidad con la naturaleza y en su dimensión cultural. El reto es que en cada territorio se construyan otras cosmogonías, nuevas formas de relacionamiento social y comunitario sin el uso violento de la fuerza, sino en el marco de “combate” de las ideas.

  • Concebir la pedagogía de la paz, como acontecimiento histórico y político, implica reflexionar, comunicar, visualizar, hacer evidente la realidad del conflicto social, que ha estado inscrita en el plano de las comunidades, en los territorios y en el cuerpo de los sujetos, a través del desarrollo de procesos de formación intelectual, corporal y estéticos, que coadyuven a encontrar salidas humanitarias al conflicto social en Colombia.

  • Como Colectivo, la experiencia de pensar una pedagogía del conflicto para una pedagogía de la paz no ha sido tan sólo una nueva experiencia como Universidad, ha sido también una experiencia de paz, tan política como social, tan individual como colectiva, en últimas, uno de los aprendizajes políticos más grandes a los que podamos asistir y construir como nación, como sociedad; la paz que vamos a caminar es más que el texto de los acuerdos pactados en Cuba, pero sin duda se constituye de ellos.

  • Hoy enfrentamos el reto de construir comunidades y sociedades distintas, a las que, hasta ahora y quizá por mucho tiempo en el futuro, nos han sido y serán insuficientes las pedagogías que tenemos a nuestro alcance para realizar dicha cimentación; es un camino arduo, complejo y laborioso el de construir unas nuevas y eficaces sociedades para nuestras realidades, no obstante, ¡hermoso trabajo colectivo el de desandar la guerra para caminar la paz!



Referencias bibliográficas

Zemelman, H. (2001). Pensar teórico y pensar epistémico: los retos de las ciencias sociales latinoamericanas [archivo PDF]. Recuperado de:https://repository.unad.edu.co/bitstream/10596/5564/1/Documento7.pdf



[1] Escrito del Colectivo de Pedagogías de la Paz de la Universidad de Antioquia.

[2] Miembros del Colectivo de Pedagogías de la Paz. Docentes y miembros de la Universidad de Antioquia. hugo.buitrago@udea.edu.co

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