SECCIÓN GENERAL

 

Aproximación a un modelo de comunicación para el desarrollo y la paz en contextos vulnerables*

 

An Approach to a Communication Model for Development and Peace in Contexts of Vulnerability

 

 

Gladys Toro Bedoya (Colombia)1

 

1 Comunicadora Social–Periodista. Especialista en gobierno y cultura política. Doctora en Paz, Conflictos y Democracia. Docente del Departamento de Trabajo Social e Investigadora del grupo de investigación MASO. Correo electrónico: gladystorobedoya@hotmail.com

 

Fecha de recepción: octubre de 2013

Fecha de aprobación: marzo de 2014

 

Cómo citar este artículo: Toro Bedoya, Gladys. (2015). Aproximación a un modelo de comunicación para el desarrollo y la paz en contextos vulnerables. Estudios Políticos, 46, Instituto de Estudios Políticos, Universidad de Antioquia, pp. 125–146.

 


RESUMEN

¿Qué elementos conceptuales debe contener un modelo de comunicación para el desarrollo y la paz, que incida en la creación de nuevas condiciones de convivencia pacífica y vida digna en contextos vulnerables? A partir de la sistematización, como experiencia científica empírica, de las propuestas de comunicación implementadas durante la primera década del siglo XXI en el oriente del departamento de Antioquia, Colombia, y su contrastación con los aportes efectivos a la construcción de condiciones de convivencia pacífica y vida digna, se plantea la aproximación a un modelo de comunicación para el desarrollo y la paz, que se caracteriza por su apuesta dialógica, crítica, consciente, incluyente y participante, con énfasis en el desarrollo y la paz, a partir del reconocimiento del contexto en el que los sujetos le dan sentido a sus prácticas cotidianas, a su vida.

Palabras clave: Comunicación; Desarrollo; Cultura de Paz; Modelo de Comunicación.


Abstract

What conceptual elements must a communication model for peace and development have, in order to foster new conditions for peaceful coexistence and a dignity for inhabitants in contexts of vulnerability? Starting with the systematization of communication proposals implemented during the first decade of twenty first century in the eastern region of Antioquia, Colombia, and contrasting this with effective contributions to peaceful coexistence and improvement of living conditions, this article proposes a communication model for peace and development. The model is characterized by its dialogical, critical, participatory and inclusive purposes, emphasizing on development and peace, starting with the recognition of the contexts in which people give meaning to their everyday lives.

Keywords: Communication; Development; Peace Culture; Communication Model.


 

 

Introducción

La urgencia de la construcción de un modelo de comunicación para el desarrollo y la paz en contextos vulnerables se justifica: 1) por la incomunicación, intolerancia y agresividad presentes en las interacciones familiares, sociales, organizacionales; 2) por las violencias directa, cultural y estructural (Galtung, 1995; Martínez, 2001), generadas desde distintos frentes y entre múltiples actores; 3) por la naturalización de la violencia en el diario convivir, representada en la pobreza, la exclusión, la negación a la diversidad étnica, sexual, religiosa, política; 4) por los lazos rotos de las redes ciudadanas y comunitarias en su interior, y en su relación con el entorno; 5) por los mensajes y actuaciones de los grupos de poder —político, empresarial, medios de comunicación, religioso—, entre otros.

La principal motivación que surge está dada por las condiciones conflictivas de convivencia, por el deficitario reconocimiento y respeto a la existencia del otro, por una marcada cultura de la ilegalidad, por la escasa garantía de condiciones de existencia digna, con bienestar y protección de los derechos humanos, por la precaria participación e intervención crítica y decidida de la población en su propio desarrollo y por un modo de vida mediado por la inconciencia, la injusticia, la desigualdad, la intolerancia, la agresividad y la incomunicación, que lejos están de propiciar una convivencia pacífica y en paz.

Pero a las dificultades se suman los múltiples focos de aprendizaje y de conocimiento construidos día tras día, como la decidida articulación e integración de saberes, potencialidades y capacidades entre organizaciones e instituciones, frente a la formulación y ejecución de propuestas de desarrollo; la comunicación y circulación de sentidos vinculantes, posibilitadores de la reconstitución del tejido social y la creación de redes, en la reivindicación de la participación, la toma de decisiones y la gobernabilidad democrática; el reconocimiento de la diversidad cultural urbana y rural como condición para el desarrollo endógeno y la paz, mediante procesos y proyectos integrales; el fortalecimiento de las relaciones, las alianzas y la movilización social frente a la solución de problemas sociales, entre otros.

La evidencia de estas circunstancias enunciadas hacen parte de una lectura crítica en un espacio–tiempo específicos, como experiencia científica empírica, durante la primera década del siglo XXI en la región del oriente del departamento de Antioquia, Colombia, en el marco del Programa Desarrollo para la Paz (Prodepaz) y el ii Laboratorio de Paz. La participación activa y directa, es decir, ser arte y parte de las dinámicas regionales, a partir de la perspectiva social y comunicacional por cerca de ocho años, permite la aproximación al modelo de comunicación para el desarrollo y la paz, resultado de un proceso de sistematización, modalidad investigativa abordada en la tesis doctoral, como posibilidad de evaluación, análisis, interpretación, acción y transformación de un fenómeno específico, bajo la concepción del conocimiento dialéctico: acción, reflexión, teoría y praxis social (Cifuentes, 2011).

En este sentido, la investigación debe ser contextualizada dentro de un proceso de creación participativo, con vinculación de los grupos de interés como las redes, colectivos y medios de comunicación, organizaciones y comunicadores naturales del Oriente antioqueño, con los cuales se relaciona la Corporación Programa Desarrollo para la Paz (Prodepaz). Es así como las asambleas regionales, los talleres subregionales, los grupos focales locales, los acompañamientos a los proyectos desde la dimensión comunicacional, los encuentros con las redes y medios de comunicación, los estudios y diagnósticos, permiten realizar y valorar la sistematización de las experiencias en comunicación en el Oriente antioqueño, con miras a la construcción del modelo.

El presente artículo plantea algunas nociones conceptuales, la contextualización territorial e institucional del proceso de sistematización, seguido de una descripción diagnóstica de algunas de las experiencias en comunicación desarrolladas entre 2001 y 2009, y finalmente, esboza una aproximación al modelo de comunicación para el desarrollo y la paz, que emerge de las vivencias sociales, políticas y comunicacionales del Oriente antioqueño, mediadas por realidades conflictivas y vulnerables.

 

1. Nociones conceptuales en comunicación, desarrollo y paz

El enfoque del concepto de comunicación está hilvanado a otros como cultura, ciudadanía, democracia y movilización social, pues es una comunicación que pretende: ''[La] transformación de la sociedad y de sus estructuras sociales'' (Cortés y García, 2012, p. 26); comunica conocimiento, educa y forma, además de informar, genera lazos y relaciones de confianza y solidaridad, facilita el intercambio y la construcción de saberes. Es una comunicación que teje proyectos de vida por la configuración de nuevas ciudadanías en el espacio público, a través de las redes, los movimientos sociales, los medios de comunicación comunitarios y las organizaciones.

La comunicación genera tal fuerza e impacto en los proyectos de vida individuales y colectivos, que se convierte en un objeto de estudio para el desarrollo humano: ''porque la comunicación está ligada directamente al desarrollo como objeto mismo de transformación de la sociedad y de los sujetos que la componen'' (Alfaro, 1993, p. 11), en que la participación crítica y la conciencia son esenciales para la democracia, la garantía de los derechos humanos y el desarrollo de los pueblos en paz y convivencia pacífica.

En el Oriente antioqueño el lugar de la comunicación adquiere fuerza en los escenarios de encuentro, como las juntas de acción comunal, los consejos territoriales de planeación, las asociaciones de mujeres, de desplazados y víctimas del conflicto armado, los colectivos y redes de comunicación, las organizaciones de infancia y juventud, de derechos humanos, servicios públicos, entre otros, para la formación, la reflexión sobre su propio devenir, la participación e intervención en las decisiones públicas y la acción transformadora de realidades concretas.

Con respecto al desarrollo, uno de los enfoques que se acoge es el del desarrollo a escala humana:

[...] se concentra y sustenta en la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales, en la generación de niveles crecientes de autodependencia y en la articulación orgánica de los seres humanos con la naturaleza y la tecnología, de los procesos globales con los comportamientos locales, de lo personal con lo social, de la planificación con la autonomía y de la Sociedad Civil con el Estado (Max–Neef, Elizalde y Hopenhayn, citados en Boisier, 1999, p. 4).

Este enfoque se entrelaza con la idea de desarrollo de Amartya Sen (2004), que trasciende los límites de la calidad básica de vida, de la garantía de los derechos humanos y de la satisfacción de las necesidades humanas, para adentrarse en el concepto de la libertad y reafirmar que: ''el desarrollo consiste en la eliminación de algunos tipos de falta de libertad que dejan a los individuos pocas opciones y escasas oportunidades para ejercer su agencia razonada'' (p. 16), es decir, para cultivar su hacer pensado; además, es fundamental el impulso a las capacidades para proteger la libertad de conciencia, de formar un concepto del bien, de buscar el sentido propio de la vida, de establecer vínculos afectivos y de vivir e interactuar con otros, para ser tratados como seres dignos (Nussbaum, 2012, p. 53), con facultades de elección y decisión, para vivir con libertad el propio desarrollo y la vida que se quiere vivir.

El concepto de paz se asume como el fomento de condiciones y oportunidades de vida digna, justa, equitativa, sostenible y sustentable de toda la población (Prodepaz, 2007). Es la posibilidad y capacidad de intervenir y decidir sobre el desarrollo integral, de participar en las decisiones que corresponden con el ámbito de lo público y el cumplimiento de los derechos y deberes humanos.

[...] la paz que queremos señalar es una referencia muy ambiciosa que está en el horizonte de la humanidad, a la que queremos dirigirnos y que supone una transformación absoluta de cuanto hacemos en el mundo. Tiene que ver con [...] el derecho a tomar decisiones, a la recuperación de la dignidad, y con los procesos de cambio y transformación a nivel personal, social, estructural, que están implícitos en el traspaso de una cultura de violencia a una Cultura de paz. Es decir, la perspectiva de la paz es la de avanzar en la mejora de la condición humana [desde los aspectos social, económico, político y ambiental] (Fisas, 2001, p. 20).

La relación comunicación y desarrollo es interdependiente si se refiere a la humanización del desarrollo (Sen, 2004) y si se entiende la comunicación como un proceso transversal del mismo proceso de desarrollo, cuyo propósito final es la paz. Porque: ''la paz debe ser el horizonte de bienestar normativo que nos guíe, la paz debe prevalecer, ser preeminente en nuestras vidas y en nuestras maneras de pensar'' (Molina y Muñoz, 2004, p. 14).

 

2. Contextualización territorial e institucional

Durante la primera década de 2000, la región del suroriente de Antioquia,1 área de influencia del Programa Desarrollo para la Paz (Prodepaz), era un territorio asediado por la violencia estructural y directa, con presencia de grupos armados legales e ilegales: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Ejército de Liberación Nacional (ELN), autodefensas, paramilitares y bandas criminales, con negocios del narcotráfico, extorsión, secuestros, desapariciones, reclutamiento forzado, toma de pueblos, desplazamientos, retenes ilegales, atracos y homicidios.

A pesar de las grandes inversiones que los municipios aplicaron en los distintos sectores y en las áreas urbana y rural, el desarrollo integral de las comunidades fue deficitario y precario. Los índices de pobreza eran cada día mayores y el nivel de calidad de vida iba en un proceso de disminución acelerada: ''La economía del oriente (agroindustrial, hidroenergética y turística, muy afectada por la violencia) ha crecido en el mediano plazo (1994–2003) menos que la de Medellín (al 1.5% anual vs. 1.8%)'' (López, 2004). Además, es necesario precisar que las inversiones en las cabeceras fueron mayores que en las zonas rurales, a pesar que 70% de la población de los 28 municipios estaba ubicada en el campo.

Este ámbito contextual incidió en las dinámicas propias de la organización social formal e informal, provocó la fragmentación comunitaria, disminuyó los procesos de comunicación e intervención en el desarrollo local y regional, atomizó las relaciones y la integración organizacional, profundizó las acciones individuales y diezmó la capacidad ciudadana y gubernamental para elaborar y ejecutar los planes de desarrollo municipales.

Como respuesta a las actuaciones de los grupos insurgentes y a la ausencia de un Estado fuerte y decisivo, diversas organizaciones de la sociedad civil se dieron a la tarea de crear propuestas alternativas de desarrollo y paz que acompañaran y garantizaran un mínimo de calidad de vida a la población. Fue así como en octubre de 1998, la Diócesis de Sonsón, Rionegro, hizo una convocatoria a la dirigencia regional para adelantar acciones conjuntas que permitieran recuperar el Oriente antioqueño de las manos del conflicto armado y la violencia; flagelos generados, entre otros, por la injusticia y la inequidad social, que exigieron respuestas inmediatas de mitigación de los efectos del conflicto sobre la población más vulnerable y el impulso de un modelo de desarrollo regional que fuera arrojando ''frutos de paz'' (Prodepaz, 1999).

La respuesta se hizo explícita mediante la creación del Programa Desarrollo para la Paz, en septiembre de 1999, con sus principios rectores resumidos en el respeto a la vida, la consecución de la paz y el desarrollo humano integral, consignados en el documento de concepción:

[...] los alarmantes índices de injusticia, el deterioro de la paz ciudadana a nivel rural y urbano, la alta tasa de desempleo, la corrupción administrativa, la violación de los derechos humanos, son motivos suficientes para que los diferentes sectores de la sociedad realicemos esfuerzos mancomunados tendientes a la creación de espacios de convivencia y al fortalecimiento de la democracia, con base en los principios constitucionales de Justicia Social y Equidad (Prodepaz, 2002).

Desde su génesis, Prodepaz concibió la comunicación como un: ''Proceso pedagógico de interacción, de diálogo de saberes y aprendizaje permanente, abierto a la crítica constructiva'' (Prodepaz, 2002), principio fundamental para el acercamiento con el otro, interlocutor real o potencial para la institucionalización del Programa Desarrollo para la Paz, objeto principal de la corporación. Luego, en el cumplimiento de sus roles de Entidad Coordinadora Regional del ii Laboratorio de Paz y como organización social de Paz y Desarrollo, redefinió la estrategia de comunicación ligada inicialmente a la formación y construyó la política con un claro enfoque de comunicación para el desarrollo (Alfaro, 1993; Beltrán, 2005), con las líneas estratégicas de comunicación pedagógica, comunicación pública y comunicación política, promoviendo capacidades sociales para el desarrollo, el fortalecimiento del capital social y su intervención en la transformación de la realidad, entendiendo que el desarrollo se construye entre todos y que la comunicación, principio de la vida humana, es el principio de la vida social.

La noción de comunicación concebida y aplicada desde Prodepaz, se convierte en la punta de lanza para construir la aproximación al modelo por su incidencia, proyección y aprendizajes generados en la región, bajo la premisa constante de la participación de las redes de medios y organizaciones sociales.

 

3. Diagnóstico de los medios de comunicación

La primera década del siglo XXI se presentó como un rico y fructífero escenario de comunicación para el Oriente antioqueño, en contraste y contrasentido con la incidencia de los grupos armados en la vida cotidiana de sus habitantes, la debilitación y fractura de las organizaciones sociales, y la vulnerabilidad de la población frente a las violencias. A la vez, fue necesario guiar y fortalecer a la comunidad con información pertinente sobre los acontecimientos provocados por el conflicto armado —tomas, desplazamientos, desapariciones, voladuras a la infraestructura—, acompañarlos y apoyarlos en las alternativas de solución —atención humanitaria—, y promover la identificación, formulación y ejecución de nuevos proyectos, para posibilitar su permanencia o reubicación, además de su participación en los procesos de desarrollo local y regional.

El año 2003 fue propicio para la creación de la Asociación de Emisoras en Red (Asenred), con 24 estaciones; luego lo hicieron Oriente TeVe, con 13 sistemas de televisión comunitaria; y Redoriente, con la integración de 11 periódicos, a la que se sumó Inforiente Virtual con una alta proyección en internet. A dos años de constituida Asenred y con la promoción de las nuevas redes de medios de comunicación, empezaron a pensarse a partir de la asociatividad y su rol en procesos de desarrollo regional.

Durante 2006, mediante la articulación de los medios de comunicación de la región y con el propósito de propender por una mejor información para el manejo y superación del conflicto armado, ampliaron su relación con Oriéntese, Expresiones y las organizaciones sociales del programa Paz y Desarrollo. Sin embargo, la conformación de las redes como estrategia de comunicación, no garantizó el cambio en la concepción e incidencia de los medios en la transformación de los modos de pensar y de actuar de la población.

Entre 2004 y 2008 se realizaron inventarios, estudios, diagnósticos y líneas de base, bajo metodologías cualitativas y cuantitativas.2 Son lecturas que indagan por la comunicación y la información, por el quehacer territorial y regional de las organizaciones, y los medios de comunicación, por su incidencia en la cotidianidad de la población y por las lecturas que realizan del conflicto armado y las experiencias de paz y convivencia:

En porcentajes, los medios impresos son pocos (14) con un 25%, respecto de las emisoras (24) con un 43% y los canales comunitarios de televisión (17) con el 30%. Los medios electrónicos son la minoría (uno), representando el 2% en esta muestra de 56 medios [Luego se sumó el periódico virtual de El Peñol] (PNUD y Prodepaz, 2005).

Y con referencia a las organizaciones sociales: ''se agrupan alrededor de 11.492 personas con un promedio de 101.6 individuos en las 113 colectividades identificadas. Se encuentran personas de carácter jurídico (16,3%), naturales (83,7%), distribuidos así: hombres (42,5%) y mujeres (57,5%)'' (Colombia Multicolor y Palco, 2008).

Desde la perspectiva cuantitativa, las cifras de las organizaciones son generosas, pero desde la cualitativa, los números no siempre se corresponden con el compromiso, la participación, y la toma de decisiones sobre su proyecto y el de su contexto. Es cierto que el Oriente antioqueño alberga múltiples organizaciones sociales y comunitarias, pero su intervención e incidencia en el desarrollo y la transformación de su entorno sigue siendo limitada y condicionada a factores territoriales y sociales, como la diferencia entre quienes habitan en una u otra subregión, o en lo urbano o lo rural, entre otros.

Es decir, existe una fuerte filigrana sociocultural en cada organización, que determina su integración, empoderamiento, sostenibilidad e impacto y, por supuesto, su capacidad de relacionamiento con otras estructuras, entre ellas los medios de comunicación. En una lectura comparativa entre los medios y las organizaciones sociales, se observa un elemento común de formar y educar, pero no es clara la estrategia de encuentro en este propósito sustancial del desarrollo.

Entre los estados del arte de los medios de comunicación, se destacan las distintas maneras de informar de los medios nacionales y municipales: los primeros por la lectura distante del territorio y los segundos porque están en el corazón de la población, pero también en la mira de los grupos armados insurgentes y legales. El conflicto se vive, pero no se visibiliza en los medios de comunicación locales. La información sobre el conflicto, paz y convivencia es absolutamente diferencial. El primero casi no existe y los segundos ocupan los mayores espacios, con poca creatividad en el uso de los géneros y poca profundidad para formar e informar sobre los temas (PNUD y Prodepaz, 2005).

Las emisoras, los canales de televisión y los periódicos, dedican sus espacios a temas que resaltan los valores comunitarios y omiten aquellos que muestran la crudeza de la confrontación o que puedan chocar con el pensamiento de los grupos armados legales o ilegales: ''La autocensura parece imperar como un mecanismo de defensa frente a la presión y los riesgos del conflicto. También sucede, con cierta frecuencia, que los grupos armados utilizan a estos medios como elementos de difusión de sus acciones'' (Flip, 2005). Aquí hay dos lecturas: 1) los comunicadores no cuentan con los criterios y atributos suficientes para abordar asuntos relacionados con el conflicto; y 2) se cubren experiencias positivas, pero eso no es garantía de generación de conciencia y de proceso de formación ciudadana.

Algunos medios informan comportamientos agresivos y violentos en espacios domésticos y públicos, bien de carácter individual o grupal, que solapan una doble moral o la reconfiguración de una sociedad y una nueva cultura proclive a la ilegalidad y a la corrupción, no solo de tinte financiero, también ciudadano y social.

La radio, la televisión, la prensa escrita y virtual, son pilares de resistencia pacífica y de noviolencia3 en varios municipios del Oriente antioqueño, a pesar de las provocaciones y amenazas de los grupos armados y de las presiones de algunos organismos públicos y privados. La labor de varios de ellos es efectiva en tanto su contenido forma a la población en nuevas maneras de concebir, pensar y actuar coherentemente en la vida. Es innegable la afinidad y pertenencia de los habitantes con los medios porque se ven reflejados, se reconocen en las voces e imágenes, y en el acompañamiento y la animación de la vida comunitaria.

La lectura diagnóstica aporta a la conformación del modelo de comunicación para el desarrollo y la paz, en tanto plantea premisas a considerar, como la lectura sociocultural del entorno, las diferencias entre los pobladores de las cinco subregiones —Altiplano, Bosques, Embalses, Páramo y Porce–Nus—, la pluralidad en la mirada del desarrollo, la comprensión entre lo público y lo privado, la conciencia crítica permanente frente al cambio en los comportamientos y maneras de pensar y actuar, los procesos constantes de educación y formación, el impulso a la organización —capital humano y tejido social—, gestión, empoderamiento, corresponsabilidad, democracia participativa y cultura de paz.

 

4. Aproximación al modelo de comunicación para el desarrollo y la paz

¿Por qué la construcción de un modelo de comunicación para el desarrollo y la paz podría incidir en la creación de nuevas condiciones para la paz? Si se entiende que la paz es la capacidad de manejar los conflictos con empatía, noviolencia y creatividad (Galtung, 1995), entonces la comunicación se constituye en una estrategia esencial para el diálogo, la negociación, el consenso y los disensos, desde una apuesta crítica, consciente, incluyente y participante, que pone el énfasis en el desarrollo y la paz, a partir de reconocer el contexto desde el cual los sujetos le dan sentido a sus prácticas cotidianas, a su vida (Jiménez, 2009).

Resultado del proceso de sistematización, se plantea una aproximación, un esquema explicativo, no una propuesta terminada, porque la misma sugiere una estrategia participativa de construcción, valoración y aplicación, debido a la dinámica existente en la población, las organizaciones e instituciones del territorio. La construcción del modelo se concibe desde lo regional y lo subregional, lo urbano y lo rural, lo individual y lo colectivo, con participación e intervención de la población en general, y de los distintos actores territoriales —comunitarios, institucionales, académicos, políticos, empresariales y comunicacionales—.

La aproximación al modelo contiene principios, objetivos, líneas de acción, estrategias e instrumentos, y los ámbitos de actuación se conciben a partir de las redes, medios y colectivos de comunicación, las organizaciones, la ciudadanía y la institucionalidad regional, en los espacios interno y externo.

4.1 Principios del modelo de comunicación

El modelo se funda en la promoción y cambio de valores —de la ilegalidad a la legalidad—, de actitudes —de la agresión a la noviolencia—, de comportamientos —de la falacia a la realidad— y de formas de vida —de la inconsciencia a la conciencia crítica—. Los principios surgen de las evidencias empíricas reseñadas y permiten el salto hacia elementos sustanciales de la cultura de paz, para favorecer la convivencia pacífica, la vida digna y el desarrollo humano.

4.1.1 Conciencia–actitud

La conciencia es estar presentes, es observar con atención lo que sucede en cada uno y en su entorno, con responsabilidad y coherencia al pensar, sentir y actuar; es asumir con claridad y respeto la existencia de sí mismo y de los demás. Crear conciencia en cada uno implica el cambio de actitudes, de conductas y comportamientos de forma positiva, tanto en el cuidado individual como en el cuidado de los otros.

4.1.2 Conocimiento–comprensión–acción

El desconocimiento y la ignorancia llevan a actuar de manera indebida o a no actuar, por eso es preciso promover la creación y apropiación de conocimiento de interés social. Preguntar y aprender hacen parte de un proceso de formación continua y permanente, que posibilitan comprender y entender el entorno y la vida misma. Es: ''fortalecer al interlocutor para poder dialogar claramente con él, reconocer el saber del otro'' (Hugo Buitrago, pedagogo Podepaz, comunicación personal, agosto 11, 2008). Estas bases son fundamentales para una actuación acertada y asertiva, como individuos y como sociedad.

4.1.3 Cambio–innovación–transformación

Se adquiere conciencia para cambiar, para actuar diferente, más no basta con el cambio, pues este ha de ser creativo e innovador para generar transformación en cada uno y en la sociedad en general. El ritmo y las dinámicas reales exigen hoy una mirada glocal, integral, sostenible. Hay que atreverse a ser innovadores y menos convencionales en los pensamientos y en las actuaciones, para favorecer el camino de la apertura, la pluralidad y la inclusión, por la existencia de diversos grupos poblacionales, por los nuevos lenguajes de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), por las diversas maneras de ver el mundo, por la diferencia entre lo urbano y lo rural.

4.1.4 Compromiso individual y colectivo–sostenibilidad

La conciencia y la actitud están comprometidas con la vida que cada uno quiere vivir y con su proyección e impacto con el colectivo, es: ''llevar la capacidad de agencia en lo ético (individual) a lo público (colectivo); es hacer efectivas las capacidades de interrelacionarse con los otros y de participación en la cotidianidad. Esto garantizaría un tejido social vivo y en movimiento'' (Molina, 2012, p. 236). No se trata de oponer organización– individuo o grupo–individuo, se trata de revitalizarlos para complementarlos.

4.2 Objetivos propios del modelo

a) Promover el modelo de comunicación para el desarrollo y la paz, como contribución estratégica a la transformación positiva de la realidad; b) impulsar la participación crítica ciudadana, las redes sociales y comunicacionales, la movilización y construcción de una cultura de paz, a partir del modelo de comunicación para el desarrollo y la paz; y c) aportar desde el componente comunicacional de los programas y proyectos regionales, al desarrollo humano integral de la población del Oriente antioqueño.

4.3 Comprensión del modelo

El propósito del modelo propuesto es contribuir a la transformación de una realidad violenta presente, concebida no solo desde el conflicto armado, también desde la violencia estructural, directa y cultural, hacia una realidad pacífica futura.

 

 

La comunicación para el desarrollo y la paz es un eje estructural transversal de los procesos orientados a la promoción y consecución del desarrollo humano integral, porque acerca a la gente y la pone a dialogar, a priorizar y a decidir. Como tal, se constituye en un componente intrínseco de los planes, programas y proyectos a ejecutar en el territorio de interés, cuyo sentido es generar oportunidades de vida digna y condiciones para la paz: ''Es impulsar la comunicación como relación, como sentido, como construcción de redes [porque] comunicación, compromiso social y desarrollo comunitario van de la mano'' (Marí, 2010, p. 11).

El centro y fin del modelo es aportar al desarrollo humano integral y sostenible (DHIS) de la población del Oriente antioqueño en contraposición al modelo de desarrollo económico neoliberal. Se acoge el concepto de DHIS construido por Prodepaz (2007), porque responde a las expectativas e intereses de actores, organizaciones y pobladores regionales:

El DHIS es el proceso de ampliación permanente de las condiciones, oportunidades y capacidades del ser humano, desde el respeto a la vida, la libertad humana, el desarrollo social y político, la equidad, el crecimiento económico y la responsabilidad con el entorno y las generaciones futuras (Prodepaz, 2007, s. p.).

Los elementos centrales que le siguen al núcleo fundamental del desarrollo son: 1) la participación crítica y consciente, 2) las redes —colectivos, medios de comunicación y redes sociales—, 3) la movilización y el cambio social, y 4) la cultura de paz. Estos elementos facilitan la construcción del desarrollo en un Estado social de derecho, cuyos principios se afincan en la democracia, la libertad, la igualdad, la justicia y la solidaridad: ''Defender el derecho al desarrollo como un derecho humano inalienable exige una transformación profunda de los estilos de vida sociales y de nuestra manera de ser y estar en el mundo'' (Murga, 2006, p. XXIii).

La participación crítica y consciente es una acción clara de los ciudadanos comprometidos con el devenir de su población. Es una decisión resultado de un proceso de formación e información que permite a los pobladores reflexionar, aportar, integrarse a una comunidad, ser corresponsables de la construcción de ciudad con y para los ciudadanos, en la consolidación de la vida social.

Las redes hacen ya parte de la historia del presente siglo en la región, con la creación de Asenred, Oriente TeVe, Redoriente, Corpain —periodistas y comunicadores independientes—, Nativos —comunicadores locales—, Sembradores de Paz —niños reporteros—. Igual sucede con las redes sociales, que integran otros sectores como la Red del Sistema Regional de Planeación, la Red de Infancia, Adolescencia, Juventud y Familia, la Red de Personeros, la Mesa de Derechos Humanos, que son parte de los procesos subregionales y regionales en el Oriente antioqueño. Las redes son principalmente organismos de la sociedad civil, que se conforman alrededor de objetivos e intereses comunes en torno a su propio desarrollo. Su integración favorece el fortalecimiento organizacional y el empoderamiento comunitario frente a otros actores públicos y privados en la gestión de sus programas y proyectos; además, les posibilita reconocerse, aprehender juntos, generar nuevascapacidades para la interacción, la discusión y la construcción de la identidad regional.

En cuanto a la movilización y el cambio social, es resultado de la participación y condición para el desarrollo. No basta con la participación si no se produce movilización y transformación, un cambio social, político y económico con conciencia. La participación crítica y la constitución de las redes son dos elementos que apuntalan la movilización, la congregación de sujetos en torno a reivindicaciones, a cambios de situaciones desfavorables por acciones positivas. La movilización cobra sentido en tanto genera conciencia ciudadana frente a determinado asunto de interés común y conlleva transformaciones individuales y colectivas, y la consolidación de una democracia participativa.

Con respecto a la Cultura de paz, se reafirma:

[...] el conjunto de valores, actitudes y comportamientos que reflejan el respeto a la vida de la persona humana, a su dignidad y a todos los derechos humanos; el rechazo de la violencia en todas sus formas y la adhesión a los principios de libertad, justicia, tolerancia y solidaridad, así como la comprensión entre los pueblos, los grupos y las personas (Jiménez, 2009, p. 35).

Este enfoque es medular en el modelo de comunicación para el desarrollo y la paz, pues está inscrita la línea de orientación fundamental frente a los sentidos, contenidos, mediaciones, actuaciones, proceso de formación, lenguaje, acciones de noviolencia y condiciones para la paz, la convivencia pacífica y la vida digna.

La promoción, construcción y fortalecimiento de una cultura de paz es la punta de lanza del modelo de comunicación para el desarrollo y la paz, indicando lo importante que es crear, impulsar y desarrollar procesos de cambio de actitud y de comportamiento entre los seres humanos, cuyo énfasis es el reconocimiento del alter ego y su inclusión en la vida privada y pública. El objetivo de la cultura de paz, por excelencia, es construir un horizonte de paz, como derecho, en los espíritus de los seres humanos, desde el núcleo familiar hasta la sociedad.

Alrededor de la participación crítica y consciente de las redes, la movilización y el cambio social y la cultura de paz, afloran la interacción de los actores–sujetos —en entornos de diálogo— y el contexto sociocultural —en el entorno territorial—. Estos elementos están ahí, confluyen en un mismo espacio, intervienen en las dinámicas cotidianas, hacen parte del proceso. La interacción de los actores–sujetos es del día a día. Se enuncian actores a los representantes de los diversos organismos existentes en la región y sujetos a los ciudadanos, a los pobladores del territorio que actúan como individuos o colectivos sociales y comunitarios. Todos ellos existen en relación con los otros cuando se nombran, se encuentran, reflexionan, construyen, comprenden y evalúan su propia práctica, su accionar en el territorio y el desarrollo de su entorno.

Los actores–sujetos existen y se visibilizan en tanto participan en las políticas públicas, promueven iniciativas de desarrollo social, se forman e informan alrededor del quehacer ciudadano. Es una intervención diferente, poco convencional, de nuevas relaciones, de articulación. Es en esta relación que se generan los entornos de diálogo, como mediaciones de construcción de nuevos sentidos y valores de relacionamiento con el otro y su alrededor.

Ahí hay un papel formativo muy importante para el cambio social desde la familia, la escuela, los medios y la sociedad: ''¿Cómo construir esos procesos de identificación, negociación, ejecución de las iniciativas, basados en el diálogo?, pero un diálogo en que no solo te oigo sino que acepto la propuesta y eso tiene que transformar mis prácticas'' (Carlos Guisao, Comunicador Social Prodepaz, comunicación personal, julio 24, 2008).

El contexto sociocultural mediado por el entorno territorial, permite identificar características específicas de las poblaciones, algunas de ellas determinadas por su ubicación subregional. Esta diversidad debe verse reflejada en los conceptos, sentidos, contenidos, proyecciones de los programas y actividades orientadas hacia el desarrollo. La región del Oriente antioqueño con sus características geográficas y división política por subregiones, establece un modo de vida particular. Si bien se habla de la región del Oriente antioqueño como un todo, es preciso indagar por cada una de sus subregiones en sus aspectos económico, político, social, ambiental y comunicacional, en sus diversos grupos poblacionales y en las diferentes formas de organización y actuación en el entorno territorial.

El Oriente antioqueño resulta ser tan variado como cada una de las subregiones y tan disímil como las concepciones de vida y de desarrollo en cada una de ellas; sin embargo, es a partir de esta mirada plural que debe concebirse la construcción del modelo de comunicación, entendiendo que si esta es una región diversa, el concepto de comunicación también lo es, pues aquí se tejen propuestas de comunicación para el desarrollo, para el cambio social (Gumucio, 2004), ciudadana, institucional y masiva.

Se vuelve sobre la línea transversal de la comunicación para el desarrollo y la paz, como un componente sustancial y posibilitador de la transformación de una realidad violenta hacia una realidad pacífica, porque: a) crea espacios de construcción social de conocimiento, de debates y argumentaciones; b) impulsa procesos de formación permanentes de sujetos sociales y políticos; visibiliza líderes, organizaciones y procesos; d) establece alianzas público privadas; e) facilita la instalación de capacidades individuales y grupales; f) promueve acciones de noviolencia, paz y vida digna; y g) propicia la construcción de sociedades equitativas y justas.

 

5. Propuesta de actuación

Con el propósito de afianzar el proceso comunicativo con la gente, desde la gente y para la gente, y seguir apuntalando la ciudadanía crítica y activa en la toma de decisiones de su propio desarrollo, los procesos y medios de comunicación deben consultar los pensamientos, percepciones y sentimientos de la gente; leer las visiones y miradas que sobre el Oriente antioqueño tejen sus pobladores; interpretar las diferencias socioculturales entre las subregiones; acompañar y facilitar la apuesta política territorial; integrar las distintas dinámicas y acciones comunicativas de carácter comunitario, institucional y comercial; rescatar las potencialidades, entre las que se cuentan la capacidad de organización, de participación ciudadana y de movilización social (Prodepaz, 2008, p. 3).

Es un imperativo para las organizaciones y los medios de comunicación, unirse en una apuesta común por el fortalecimiento de los valores y la vida, mediante programas para la formación interactiva de la opinión pública, la comprensión compartida de los problemas y sus soluciones, la convivencia pacífica, y la teoría y práctica de los derechos y deberes ciudadanos, con el fin de concienciar a la población en: ''conductas de noviolencia, tolerancia, honestidad, transparencia, respeto por el medio ambiente y las demás especies'' (Molina, 2012, p. 235).

Entre los grupos poblacionales con mayor empatía hacia los medios de comunicación se identifican los jóvenes. Es un sector propicio para la formación y orientación en una nueva concepción de la comunicación para el desarrollo y la paz, además de brindarles otras oportunidades en sus propios municipios. Otros factores favorables son la creatividad, apertura y capacidad de aprendizaje en el fortalecimiento de las competencias comunicativas, argumentativas, de ciudadanía y de cultura de paz, lo que facilita su inclusión y participación en los proyectos de desarrollo local y regional. Esta circunstancia debe ser aprovechada por los medios para promover su participación en los organismos de funcionamiento, programación y sus contenidos.

Organizaciones, instituciones y medios de comunicación deben crear espacios conjuntos de formación y educación intencionados, mediados por la reflexión y la acción de la población sobre su propia realidad, para impactar las transformaciones sociopolíticas de las comunidades, hoy tan necesarias por las negociaciones de paz entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC.

Realizar un trabajo colaborativo e integrado entre las instituciones, las organizaciones, las redes y los medios, que posibilite pequeños consensos entre gremios, por ejemplo, los floricultores, empresarios, productores agropecuarios, comerciantes y asociaciones, con un horizonte de políticas públicas y decisiones que dinamicen y fortalezcan la región. Esta acción sumada a otras similares, impulsan un tejido interinstitucional e intersectorial que construye los escenarios de un potencial pacto territorial.

Concertar líneas editoriales comunes a las redes de medios, con investigaciones o programas especiales, resultado de consulta con la población o lectura del entorno; asimismo, motivar y provocar la movilización de la sociedad civil, frente a grandes discusiones de la agenda regional, orientadas al desarrollo y la paz, vía foros, debates, asambleas subregionales y regionales, con orientación de expertos, y con ella, visibilizar las organizaciones que no han tenido voz, las más vulnerables, pobres y excluidas.

Construir un nuevo referente de hombre y de mujer que tributen a la construcción de la paz y la convivencia, a través de procesos estratégicos y creativos que los movilicen, es dar cuenta de un hombre que no entienda la violencia como una forma de ser hombre y de una mujer que se asuma como un actor político, que reivindica una nueva masculinidad y exige relaciones equitativas y justas entre los géneros (Molina, 2012, p. 248).

Una alternativa de implementación del modelo en el Oriente antioqueño estaría en el Proceso estratégico territorial de comunicaciones (PET), liderado en la actualidad por las redes de medios, en coordinación y alianza con las organizaciones sociales, y las entidades públicas y privadas.

Es la aplicación de una propuesta surgida a partir de sus propias experiencias con impacto regional.

 

A modo de conclusión

El modelo de comunicación para el desarrollo y la paz es una apuesta estratégica de creación de nuevas condiciones para la paz en tanto dinamiza nuevos escenarios de interacción comunitaria e institucional, como alternativa viable y posible para la formación contextual, la reflexión crítica, la construcción conjunta, la toma de decisiones y la participación consciente en el desarrollo regional hacia la transformación de realidades violentas, por entornos de convivencia y vida digna en contextos vulnerables.

En la promoción de la cultura de paz y la noviolencia, la comunicación para el desarrollo y la paz tiene un lugar destacado en la inclusión de los temas en la agenda de los medios de comunicación, mediante la formación y práctica de los derechos humanos, la promoción de una cultura de la legalidad, de una ciudadanía afincada en principios y valores éticos y morales, la potenciación de las capacidades individuales y colectivas. Aquí se trata más de comunicar y formar que de informar.

La transformación social y la generación de conciencia están mediadas por elementos dialógicos, de comunicación, de simbologías, de sentidos, creados y recreados por la cultura, por la interacción de los hombres, por el intercambio de saberes, por el paso del conocimiento y las experiencias de generación en generación. Los medios de comunicación comunitarios y ciudadanos, las redes, los colectivos y las organizaciones sociales, están llamados a promover espacios de encuentro para la reflexión crítica y la construcción colectiva, y a fomentar un nuevo lenguaje que posibilite cambios en las maneras de mirar el mundo y vivir la vida con dignidad, en paz y convivencia pacífica.

 

Notas

* El artículo es producto de la tesis doctoral en Paz, Conflictos y Democracia, Instituto de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada, España. Con apoyo del Proyecto de Sostenibilidad del grupo de investigación Medio Ambiente y Sociedad (MASO), ES–CODI 2013–2014, Universidad de Antioquia.

1 Conformada por 23 municipios desde la regionalización de Antioquia, pero por 28 desde la proyección Prodepaz. Son cinco subregiones —Altiplano, Bosques, Embalses, Páramo y Porce Nus— que comprenden un área de 8785 km2 y un total de población en el área de influencia de la corporación de 590 713 (Sirpaz®, 2004–2007).

2 Liderados por la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), Comunicación, Vida y Territorio de la Gobernación de Antioquia (Comvite), el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Fundación para el Desarrollo de las Comunicaciones y la Protección del Medio Ambiente–Colombia Multicolor, todos en asocio con otros organismos, entre ellos Prodepaz.

3 El término noviolencia, utilizado en este artículo, se le atribuye al teórico italiano Aldo Capitini que lo usó desde 1931, identificándolo con una concepción humanista, espiritual y abierta de las relaciones humanas conflictivas ''[...] de tipo ético–político, social y económico de emancipación'' (López, 2004, p. 784). Noviolencia es acción, pragmatismo, fuerza templada, rebeldía política y construcción de paz (López, 2006, p. 21).

 

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