SECCIÓN TEMÁTICA: PREGRADO EN CIENCIA POLÍTICA UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA. "UNA DÉCADA DE PENSAMIENTO CRÍTICO Y COMPROMISO SOCIAL"

 

Los estudios del comportamiento del elector en América Latina: un análisis bibliográfico de los casos de México, Argentina, Chile y Colombia, 2000–2010*

 

Voter Behavior Studies in Latin America: A Literature Review of the Cases of Mexico, Argentina, Chile y Colombia, 2000–2010

 

 

John Fredy Bedoya Marulanda (Colombia)1

 

1 Economista. Magíster en Ciencia Política. Docente investigador, coordinador de la línea de investigación Sistemas Políticos Locales y Estudios de Opinión Pública, grupo Estudios Políticos, IEP, UdeA. Correo electrónico: john.bedoyam@udea.edu.co

 

Fecha de recepción: agosto de 2014

Fecha de aprobación: noviembre de 2014

 

Cómo citar este artículo: Bedoya Marulanda, John Fredy. (2015). Los estudios del comportamiento del elector en América Latina: un análisis bibliográfico de los casos de México, Argentina, Chile y Colombia, 2000–2010. Estudios Políticos, 46, Instituto de Estudios Políticos, Universidad de Antioquia, pp. 197–219.

 


RESUMEN

El presente artículo tiene como objetivo resaltar la producción y evaluar los avances logrados por la Ciencia Política latinoamericana en la comprensión del comportamiento del elector. Se toma como punto de referencia la producción bibliográfica en México, Argentina, Chile y Colombia entre 2000 y 2010, con el fin de controlar el efecto que puede tener los distintos niveles de desarrollo de la disciplina en cada país sobre el desarrollo de este subcampo. Para este propósito, se evalúan las preguntas de investigación y la delimitación de su objeto de estudio, las hipótesis que de allí se derivan y la solidez conceptual de esta misma producción. El principal hallazgo es que a pesar de la complejidad metodológica y el aprovechamiento de los contextos para desarrollar preguntas relevantes, el camino por recorrer aun es largo.

Palabras clave: Desarrollo de la Ciencia Politica; Comportamiento del Elector; Estudios Electorales; México; Colombia; Argentina; Chile.


Abstract

The goal of this article is to assess the production and evaluate the progress of latin american political science in the comprehension of voter behavior. It analyzes the bibliographic production in Mexico, Argentina, Chile and Colombia between 2000 and 2010, controlling the effect that the different level of development of political science in each country could have on the development of this particular subfield. For this purpose, the article evaluates the research questions, hypotheses and delimitation of studies, as well as the conceptual streanghts of this production. The main finding is that, in spite of the methodological complexity of studies and the development of relevant and contextualized questions, the path ahead still long.

Keywords: Political Science Development; Voter Behavior; Electoral Studies; Mexico; Colombia; Argentina; Chile.


 

 

Introducción

El presente artículo tiene como objetivo resaltar la producción y evaluar los avances logrados por la Ciencia Política latinoamericana en la comprensión del comportamiento del elector, partiendo de la premisa de que los diferentes grados de institucionalización de la disciplina pueden incidir en la adopción de métodos y enfoques empíricos (Almond, 2001), que son necesarios para este tipo de estudios. Con el fin de controlar estas variables se seleccionaron los artículos publicados en México, Argentina, Chile y Colombia, países que de acuerdo con David Altman (2005) presentan diversos grados de institucionalización; y aún cuando México y Argentina llevan una gran ventaja sobre Chile y Colombia, comparten tendencias similares sobre la forma en que se ha desarrollado la misma Ciencia Política (Bedoya, 2014).

Para la selección de los estudios referenciados, se parte del postulado de que para generar mayores avances en la investigación es necesario la constitución de una comunidad académica estable y especializada (Altman, 2005), facilitado por el acceso abierto al conocimiento como fuente nutricia para la comunicación y creación científica de calidad (Packer, 2007). El rastreo de la producción contenida en este artículo se realizó a partir de las revistas de acceso abierto de estos países,1 las cuales son un medio de comunicación interna de su comunidad académica. El periodo se justifica con los hallazgos de algunos autores que, a través del estudio del desarrollo de la Ciencia Política, han señalado la década de 1990 como el punto seminal de los estudios electorales, pues fenómenos como la apertura de la competencia electoral en algunos países —los casos de México y Colombia— y los retornos a la democracia de otros —Argentina y Chile, por ejemplo— los hicieron prioritarios, aunque según se deduce de estos mismos estudios su desarrollo fue precario (Rivera y Salazar, 2011; Leiras, Abal y D'Alessandro, 2005; Bulcourf, 2007 y 2003; Rehren y Fernández, 2005; Fernández, 2005; Ramón, 2006). Por tanto, siendo este el punto de partida, es de esperarse hallar un estado más maduro de este subcampo en la década posterior.2

La revisión profunda de los artículos y revistas permite observar que el concepto comportamiento electoral, dentro de la investigación latinoamericana, ha sido usado de forma indiscriminada para dar cuenta de diferentes sucesos, que si bien están relacionados con las contiendas electorales, hacen referencia a distintas etapas del proceso y no al comportamiento del elector o su agregado, el electorado.

Se plantea que, más que el espacio ocupado por este tipo de investigación, en las revistas especializadas hay tres aspectos relevantes que se deben valorar para poder hablar de un avance en este sub campo de estudio. El primero de ellos hace referencia a las preguntas de investigación y a la delimitación de los objetos sobre las que recae. Para el caso concreto de los estudios del comportamiento electoral, obedece a las pretensiones de las preguntas y las ambiciones sobre lo que allí se planea explicar de los diferentes aspectos del comportamiento, que parecen estar relacionados con la simple descripción de un evento electoral o con la búsqueda de regularidades históricas o la comparación de casos.

El segundo se enfoca en la calidad de las hipótesis, que muestra los alcances de las relaciones causales propuestas entre explanans —o variables en algunos casos— y explanandum para distinguir hasta qué nivel están siendo construidas, si sugieren mecanismos verosímiles para conectar la causa con el efecto o si, por el contrario, son presentadas como simples correlaciones, enunciados causales verdaderos o explicaciones estadísticas.

El tercero hace alusión al progreso teórico del comportamiento electoral, que avalúa los avances respecto a sus principales influencias, pasando por el análisis de sus bases conceptuales y referentes bibliográficos; además, se pregunta si hay un verdadero crecimiento en la comprensión del fenómeno y una retroalimentación teórica para cumplir con dicho objetivo o si, por el contrario, solo se está comprobando la aplicabilidad para el caso latinoamericano de teorías preestablecidas.

 

1. Los estudios de comportamiento electoral: el contexto, preguntas y explicaciones

En comparación con la década de 1990, los estudios del comportamiento electoral actuales están superando la descripción como recurso metodológico y aún está muy lejos de avances investigativos que permitan desarrollos teóricos significativos para lograr explicaciones de mayor alcance sobre el tema; y aunque se debe resaltar su fundamentación contextual, todavía es coyuntural y no se alejan del estudio de caso (Bedoya, 2014). No obstante, se pueden encontrar algunos que incursionan en el estudio comparado, mostrando una creciente preocupación por centrarse en los cambios y continuidades en el comportamiento del elector entre varios comicios temporalmente separados (Moreno y Méndez, 2007; Guardado, 2009; González y Tinoco, 2004; Fernández, 2006; Cedillo y Serrano, 2010; Kuschick, 2004; 2008; Cante, 2011; López, 2004; Bonilla, 2002), entre diversos casos en un mismo periodo de tiempo (Fernández, 2003; Riorda, 2004; Horbath, 2004), en el largo plazo en diferentes espacios geográficos (Martinelli, 2006; Sonnleitner, 2007; Fernández y Aguilera, 2002; Altman, 2004) y en el análisis histórico del comportamiento del elector (Cantón y Jorrat, 2004; Jorrat y Acosta, 2003). Pero mostrar lo anterior resulta impreciso sin antes señalar la relación que existe entre las observaciones hechas por los investigadores de los diferentes comicios y el planteamiento de sus problemas, objetivos e hipótesis.

1.1 Las elecciones en México

Las elecciones presidenciales de 2000 en México fueron marcadas por la alternancia política, dando como perdedor al candidato del partido en el poder Francisco Labastida —Partido Revolucionario Institucional (PRI)— y como ganador a Vicente Fox —Partido Acción Nacional (PAN)—. De acuerdo con los puntos relevantes citados por los autores que estudian estas elecciones (Beltrán, 2003; González y Tinoco, 2004; González y Martínez, 2002), los electores se enfrentaban a una paradoja debido a que el desempeño económico durante el mandato de Ernesto Zedillo había presentado avances y retrocesos. Se presentó una importante recuperación económica de la crisis de 1994, sin embargo, los ajustes fiscales del gobierno para hacer frente a la caída del precio del petróleo en 1998 revivieron los sucesos de la misma crisis (Beltrán, 2003).

Los artículos encargados de analizar estas elecciones hacen especial énfasis en la importancia de las evaluaciones retrospectivas y prospectivas, y de las percepciones que tienen los ciudadanos de los candidatos y del contexto para explicar la victoria de Fox. En general, se entiende que existen factores sicológicos como el miedo y la incertidumbre, y otros más racionales como los beneficios presentes y esperados por los votantes, que ayudan a delinear las evaluaciones que los ciudadanos hacen de todas las alternativas en disputa (González y Tinoco, 2004).

Las elecciones de 2006 tienen un tinte particular, pues aun con un final de fotografía —el candidato del PAN, Felipe Calderón, recibió 35,89% de los votos, mientras que Andrés López del PRD recibió 35,33%—, quienes se embarcaron a explicar este evento electoral siguen pensando en las evaluaciones retrospectivas como factor determinante del comportamiento electoral, pero mediado por la imagen del presidente de turno (Abundis y Ley, 2009), ya que los resultados de su mandato en relación con el crecimiento económico, el desempleo, la violencia y otras políticas sociales (Singer, 2009), terminaron por definir las orientaciones de las campañas electorales y de la opinión pública.

Adicionalmente a los factores que se analizaron para las elecciones de 2000, se agrega a la colección de variables explicativas el impacto que tienen las campañas sobre los juicios que realizan los ciudadanos de los partidos y candidatos en disputa (Kuschick, 2006; Lawson y Moreno, 2007), dando a su vez claridad sobre algunos efectos que se produjeron entre los electores: las desalineaciones y realineaciones de las preferencias partidistas, el aumento de quienes se declaran como independientes (Moreno y Méndez, 2007) y el bajo impacto de las orientaciones ideológicas —derecha–izquierda— de los discursos de los candidatos (Lehoucq, 2009).

Los autores plantean que una de las causas de la desalineación partidaria es el énfasis que campañas y medios dan a la imagen de los candidatos en detrimento de la partidaria (Moya, 2007; Kuschick, 2007; Guardado, 2009), afirmando que la incertidumbre que despierta la idea de otra alternativa en el poder en tiempos de relativa estabilidad económica, activa la racionalidad del electorado (Merolla y Zechmeister, 2009): pensar en los posibles beneficios —pérdidas— derivados de las acciones del entonces presidente Fox, fue usar el voto como premio —castigo—, realineando el voto partidista (Kuschick, 2007; Singer, 2009; Romero, 2009).

Para muchos, la identificación partidista sigue siendo una variable significativa para la construcción de las hipótesis u objetivos de los trabajos analizados (Abundis y Ley, 2009; Lawson y Moreno, 2007; Moreno y Méndez, 2007). Para algunos, la identificación con un partido termina sesgando las evaluaciones que el ciudadano hace del gobierno de turno y la imagen misma de los candidatos; por tanto, se cree que esta identificación sigue siendo un heurístico razonable para la toma de decisiones, dada su relación con la posición ideológica y social del elector (Beltrán, 2009; Merolla y Zechmeister, 2009).

Se pueden mencionar otros trabajos que analizan, por un lado, la relación entre el número de actores en disputa con los niveles de participación electoral y las estrategias que el votante usa para determinar la orientación de su voto. En este sentido Murilo Kuschick (2008) intenta demostrar la hipótesis de que la elección del PAN se debe a la sofisticación del elector, quien usa un mayor número de estrategias para seleccionar al candidato de su preferencia entre la amplia gama de la oferta política, algo que es incomparable con los periodos de la hegemonía del PRI. Por otro lado, se encuentran aquellos trabajo que hacen énfasis en las variables sociodemográficas, que en algunos casos se emplean para realizar exploraciones sin la guía de hipótesis (Zavala, 2006; 2008) y, en otros, para demostrar cómo algunas de estas variables no tienen peso al momento de elegir un candidato u otro (Lehoucq, 2009).

En cuanto a las demás elecciones estudiadas en México, se encuentran estudios que dan cuenta de procesos locales de largo (Cedillo y Serrano, 2010; Fernández, 2006; Kuschick, 2004) y corto plazo (Díaz, 2006; Loza, 2003; Pacheco, Vilalta y Schettino, 2006), eventos nacionales (Poiré, 2000; Valdéz, Camacho y Viramontes, 2010) y estudios comparados (Martinelli, 2006; Sonnleitner, 2007). Los contextos varían de acuerdo con los eventos estudiados, a excepción de aquellos comparados que plantean hipótesis de gran envergadura, pues el contexto hace parte del análisis y no como justificación de las hipótesis u objetivos de investigación.

En muchos de estos estudios, las hipótesis convergen en mencionar nuevamente que la identificación partidista, la imagen de los candidatos, la percepción del gobierno de turno y las campañas electorales, son factores que ayudan a explicar la orientación del voto (Valdéz et al., 2010; Pacheco et al., 2006; Martinelli, 2006; Loza, 2003; Kuschick, 2004; Fernández, 2006), pero otros autores analizan nuevas variables y elementos explicativos, planteando que existe una relación causal entre la participación electoral en los países centroamericanos y en México con los niveles de desarrollo humano, pero esta relación está matizada por factores geográficos, culturales, demográficos e institucionales (Sonnleitner, 2007). Otro caso esboza para las elecciones de diputados de México en 1997, la hipótesis de que los electores se comportan de forma racional con respecto a la selección de partidos, pues terminan votando de forma estratégica para elegir aquellos que, aun no siendo su primera alternativa, tienen mayores posibilidades de ganar —un segundo óptimo— (Poiré, 2000). También se plantea que los factores religiosos no influyen en las decisiones electorales, pues no existe una base religiosa amplia que se identifique con uno u otro partido (Díaz, 2006). Por último, otros que parten de la creencia de que los bajos niveles de capital social en el estado de México explican los bajos índices de participación electoral, visto como un proceso de desconfianza en el sistema político que genera desafección y desinterés (Cedillo y Serrano, 2010).

1.2 Las elecciones en Argentina

Se encuentran estudios que analizan eventos electorales concretos sin mayor fundamentación contextual que permita hallar una relación entre este y las hipótesis propuestas. Para las elecciones presidenciales de 2003 se plantea que los medios de comunicación influencian directamente la dirección de voto, induciendo las problemáticas, las temáticas y trabajando en la imagen de los candidatos (D'Adamo y García, 2004; 2009). Para las elecciones municipales de Córdoba de 1999, se presupone que los electores ajustan sus preferencias de acuerdo al comportamiento de largo plazo del partido en el gobierno y la percepción de similitud entre los partidos aspirantes; esto en últimas, conlleva a que se rompa la tendencia del voto como premio a los buenos gobiernos, pero no del voto de castigo a los malos (Riorda, 2004).

De otro lado están los estudios históricos, que se preocupan principalmente por la relación entre la dirección del voto y la pertenencia a una clase social en el siglo XIX y XX. Con esto plantean, en un nivel agregado para la ciudad de Buenos Aires, la relación causal entre la pertenencia a la clase obrera y los votos depositados por los partidos de la izquierda; y en caso contrario, que los votos depositados por los partidos que se consideran de derecha provienen de sectores no populares de la ciudad; adicionalmente, sostienen que esta es una tendencia que permanece estable en el tiempo en ambos siglos (Jorrat y Acosta, 2003; Cantón y Jorrat, 2004).

1.3 Las elecciones en Chile

De los seis artículos encargados de estudiar el comportamiento del elector chileno, cinco de ellos tienen como escenario las elecciones presidenciales. En ellos, la división o clivaje político que se desarrolló en este país con base en la aceptación–rechazo de la dictadura de Augusto Pinochet (1973–1990) es un tema central de discusión, pues es uno de los factores que ayudaron a forjar su sistema de partidos (Tironi, Agüero y Valenzuela, 2001). Así, las elecciones presidenciales de 1999–2000 entre la coalición de derecha Alianza por Chile y la Concertación de Partidos por la Democracia —centro–izquierda—, resultan ser las más estudiadas debido a la reñida disputa, así como por los cambios que se dieron en ambos ''bandos'': de un lado, la concertación y su candidato Ricardo Lagos lograron aglutinar aquellos sectores independientes a través de un discurso centrista y la proyección de su imagen; por el otro, la derecha abogaba por temas más progresistas como la reivindicación de los derechos humanos y la protección social de los sectores excluidos (Tironi et al., 2001; López, 2004).

En consecuencia, se usa este escenario electoral para exponer que el clivaje democracia–autoritarismo tiene mayor peso respecto del clivaje de clase —que predominaba antes del golpe militar de 1973— como determinante del voto, aunque agregando que el primero decae temporalmente a medida que las coaliciones políticas toman fuerza (Tironi, Agüero y Valenzuela, 2001). En esta misma línea, aparece la hipótesis de que la socialización política en la familia logra determinar la conducta electoral, esto es, que el sentimiento de rechazo–aceptación de la dictadura de los padres moldea las disposiciones de los más jóvenes frente a las actuales coaliciones políticas que se presentan en contienda (López y Morales, 2005). Desde otro enfoque, aunque de acuerdo con que el voto de clase ha disminuido en Chile en las últimas elecciones, se propone que más que un cambio de clivaje, el elector se centra mucho más en las características personales de los candidatos como respuesta a los cambios coyunturales de corto plazo que requieren solución (López, 2004).

Los otros estudios, aunque más cortos de contexto, también centran sus problemas en las discusiones de los clivajes como determinantes del voto en Chile. Usando las elecciones presidenciales de 2005 (Bonilla y Silva, 2005) y comparando las de 1989 con las legislativas de 2001 (Claudio Bonilla, 2002), se realiza un modelo espacial del voto para demostrar que ha habido un decaimiento del clivaje democracia–autoritarismo, argumentado que esto es a causa de la pérdida de popularidad de Pinochet y del ajuste del discurso de los políticos frente a otros temas posmaterialistas que distorsionan la discusión del espectro izquierda–derecha. Asimismo, en las elecciones municipales de 2000 y las legislativas de 2001, se argumenta que más que un clivaje, las decisiones electorales pueden explicarse por factores sociodemográficos como la posición económica, pues existe una tendencia de derechización de los sectores con peores indicadores de desarrollo socioeconómico, mientras que los de valores medios votan por la centro izquierda (Altman, 2004).

1.4 Las elecciones en Colombia

Al igual que en México y Chile, las particularidades del contexto colombiano también influyen sobre los fenómenos. Los temas comunes elegidos por los ocho artículos empíricos que analizan al elector colombiano son, en primer lugar, el ocaso del bipartidismo —partidos liberal y conservador— fruto de los cambios institucionales en este país, la descentralización de la década de 1980, la Constitución de 1991, la elección popular de alcaldes y gobernadores, y las reformas electorales de 2003—; y en segundo lugar, la violencia política ejercida por el paramilitarismo, las guerrillas y el Estado (Fernández, 2003).

Las hipótesis de los artículos que se encargan de analizar las contiendas electorales en el ámbito local, intentan ligar el contexto con el comportamiento del elector. En el caso de los cambios en el sistema de partidos, se plantea que la escala ideológica de izquierda–derecha es un mal predictor del comportamiento del votante, al igual que la identificación partidista con los partidos tradicionales y nuevos, pues tanto el contexto de violencia y las nuevas dinámicas de competencia, hicieron que los partidos buscaran coaliciones para figurar en la arena electoral a través de candidatos y no de sellos específicos. Se plantea que las motivaciones de los votantes están guiadas por las expectativas del ciudadano ante un nuevo evento electoral —la elección popular de alcaldes—, la imagen de los candidatos y por la forma en cómo los medios de comunicación presentan la contienda.

Por una parte, no solo se analiza la violencia política más allá de los simples hechos de amenazas directas sobre la población civil que imposibilitan el derecho al voto libre, sino la forma en cómo los hechos violentos influyen en el colectivo y se convierte en un factor persuasivo poderoso que afecta la participación (Fernández, 2003; Toca, 2008). También, haciendo uso de datos agregados, se lanza la hipótesis de que la violencia sistemática ejercida sobre la población civil en el departamento de Santander influyó sobre la tasa de participación electoral en las elecciones locales desde 1988 hasta 2000 (Fernández y Aguilera, 2002). Asimismo, se suma a la variable de violencia los indicadores de pobreza en el país, para resolver la interrogante sobre la relación entre niveles de participación electoral y estas variables, presuponiendo que la permanente situación de pobreza es un mayor inhibidor de la participación política electoral (Horbath, 2004).

En esta misma línea, los artículos que analizan las elecciones presidenciales convergen en señalar que la violencia política —o terrorismo como lo llaman algunos— ejercida por la guerrilla de las FARC y el fracaso de los diálogos de paz durante el periodo presidencial de Andrés Pastrana, dieron un gran impulso al ex presidente Álvaro Uribe Vélez en las elecciones de 2002 (Losada, Giraldo y Muñoz, 2003).

De esta forma, las hipótesis se concentran en analizar la influencia de los debates y la capacidad de los medios de comunicación de posicionar la violencia como principal tema de interés nacional, haciendo que los electores se sintieran identificados en mayor medida con Uribe (Cante, 2011). Asimismo, la identificación del ciudadano con los temas de campaña y a la incidencia que tienen los mensajes de los candidatos sobre su actitud, para explicar por qué los electores votaron por las diferentes opciones en aquella contienda (Losada et al., 2003).

Un estudio que deja de lado este análisis coyuntural se centra en descifrar el comportamiento de los electores universitarios en Medellín en las elecciones presidenciales de 2010. Plantea una gama de hipótesis que señala que el comportamiento de este grupo poblacional está fuertemente influenciado por las actitudes frente al proceso electoral, la percepción sobre la utilidad del voto individual, la socialización política entre universitarios y la forma en cómo los medios de comunicación crean un contexto favorable al voto (Valencia et al., 2010).

 

2. Los estudios electorales en México, Argentina, Chile y Colombia: una clasificación de las hipótesis

El análisis de los eventos electorales que hacen los artículos hasta aquí citados dan evidencian una creciente preocupación por ampliar el espectro de explicaciones de la conducta electoral; sin embargo, el camino por recorrer es largo. De la muestra de los 47 estudios empíricos encontrados, solo 37 dan cuenta de forma explícita de una hipótesis construida a través de los mecanismos causales propuestos, a partir de una base contextual precisa y particular del objeto estudiado, mientras que los restantes solo se encargan de comprobar o refutar los hallazgos de sus marcos teóricos o de otros investigadores, con hipótesis que solo correlacionan variables, dejando de lado los procesos particulares que direccionan el comportamiento del elector.

De esta forma y usando la clasificación propuesta por Samuel Eldersveld (1951), se encuentra que 34 artículos pueden clasificarse como exploratorios para la prueba de hipótesis, pues aunque muchos de ellos usan sofisticadas técnicas de comprobación matemática y econométrica, solo relacionan las variables que se incluyen dentro de su hipótesis —o marcos teóricos— y no logran mayor avance en términos explicativos. Es muy común entre ellos que analicen el impacto de las variables independientes sobre la dependiente o se releguen al análisis descriptivo de los datos.

Otra clasificación es la que se puede denominar como de grandes tabulaciones. Aquí los estudios se destacan por el gran esfuerzo en la construcción de bases de datos electorales de largo plazo, en un área geográfica específica, pero a diferencia de lo propuesto por Eldersveld (1951), van más allá del simple análisis tendencial de los resultados, ya que también se levanta información sobre las características de grandes agregados sociales. Esto da un tinte especial a los dos estudios que están dentro de esta categoría, pues les permitió crear y comprobar la estabilidad de sus hipótesis en el largo plazo, incluso superando los problemas de falacia ecológica que pudieran presentarse.

Otra categoría resultante es el estudio de tendencia con una sola hipótesis. Los autores intentan comprobar de forma comparada la estabilidad de una hipótesis entre dos elecciones en una misma área geográfica —ya sean del mismo o de diferente nivel de gobierno—, controlando las variables explicativas por las particularidades del contexto de cada evento. Asimismo, se destaca que para la comprobación no existe una tendencia en el uso de herramientas específicas, pues se debaten entre los modelos econométricos y la simple descripción de datos.

En las últimas tres categorías de clasificación se tiene, en primer lugar, aquellos que se pueden denominar como de análisis factorial de prueba de hipótesis, que se caracterizan —además de la multivariabilidad de sus hipótesis— por incluir los efectos territoriales que pueden intervenir en el comportamiento del elector. En segundo lugar, se encuentra un solo artículo que puede clasificarse como un estudio de comunidad dinámica, pues se evidencia un esfuerzo significativo en la construcción de información de largo plazo sobre eventos electorales y características sociodemográficas de los electores, en distintas unidades geográficas para comprobar hipótesis de gran alcance que permitan encontrar regularidades del comportamiento y brindar mejores explicaciones en comparación con otro tipo de estudios. Y en tercer lugar, se pueden agregar aquellos dedicados a realizar modelaciones teóricas, aunque sin fundamentación empírica sobre el comportamiento del elector (véase tabla 1).

 

 

 

3. La base conceptual e influencias

¿El camino que se está recorriendo es el correcto?, es decir, ¿realmente estos esfuerzos están conllevando a un proceso de acumulación de conocimiento que permita crear teorías explicativas que muestren un avance significativo en el conocimiento y entendimiento del objeto de estudio?

Para responder estas preguntas es necesario sumarse a la voz que alude a la necesidad de encontrar herramientas estables que permitan una verdadera acumulación de datos y la comprobación de las teorías. Es necesario lograr una base conceptual sólida que sostenga el desarrollo del estudio de la política como ciencia (Sartori, 2004). De esta forma, se hizo uso de los conceptos —como proxy— construidos o usados por cada uno de los estudios para dar una luz sobre ese avance (Bedoya, 2014), y aunque es deseable detenerse en cada uno de ellos para analizar sus implicaciones teóricas y empíricas, solo se hará mención de algunas recurrencias.

Lo más importante para destacar es el amplio vocabulario conceptual encontrado en estos estudios y los diversos fenómenos a los que apuntan. Precisamente, hay un claro énfasis en tipificar los aspectos sicológicos del votante que influyen en sus decisiones electorales, así como en clasificar los diversos resultados o comportamientos que se derivan de ellos. Posteriormente, impulsado por la escuela de la elección racional, se evidencia el interés por integrar nuevos conceptos que ayuden a ajustar la teoría a las observaciones empíricas, por ejemplo, la inclusión de las asimetrías en la información y la incertidumbre.

En detalle, entre los aspectos que hacen relación al votante, se encuentran aquellos estudios sociodemográficos que dan cuenta de la posición social del individuo, típicos de los estudios primigenios de la escuela sociológica, seguido de los conceptos que hacen referencia a los aspectos cognitivos y emocionales del elector, se destaca una amplia diferenciación de los elementos incluidos en las teorías, sin embargo, cuando se llega a las orientaciones y evaluaciones de los objetos y símbolos, se encuentra un problema conceptual grave. Por ejemplo, cuando se quiere analizar las preferencias de un ciudadano por un partido político, la literatura ha usado una gran cantidad de términos sin precisar las diferentes denotaciones y connotaciones que pueden tener —para hacer referencia a la identificación partidista se han usado diferentes términos: apego partidista, preferencias partidistas, filiación partidista e incluso se ha confundido con la orientación del voto—.

Por el lado de las diferentes evaluaciones que hace el elector, estas han terminado por confundirse, en muchos casos, con las percepciones que tiene el ciudadano de los objetos políticos que confluyen en las contiendas, así como con las actitudes que estos generan. La gravedad de este planteamiento es que no hay una mayor distancia entre conceptos que tienen diferentes grados emocionales, objetivos y subjetivos, algo de gran importancia para la escuela psicológica; por ejemplo, en muchas ocasiones se confunden conceptos como evaluación, opinión, percepción, que denotan cargas emotivas diferentes entre los electores, de acuerdo con el grado de información que este posee y a una estructura de valores.

Se hace referencia a los conceptos clasificados dentro de las conductas, específicamente en tipo de votantes y voto. Aunque hay que destacar los esfuerzos por tipificarlos de acuerdo con las diferentes motivaciones de votantes y abstencionistas, cabe resaltar que la falta de consenso entre los autores está aumentando el vocabulario de forma innecesaria, ejemplo de esto son los conceptos abstencionistas indiferentes–apáticos, abstencionismo electoral político–consciente–voluntario, voto decisivo–pivotal, voto castigo– retrospectivo–protesta —estos últimos han sido usados indistintamente—, partidistas duros–fieles y voto duro–electores fieles.

Por último, se pueden nombrar otros conceptos que al parecer tampoco están bien definidos, por ejemplo, para referirse a los cambios temporales de alguna variable como la económica o social, se ha usado indistintamente las palabras contexto–desempeño, que aun siendo correcto dejaría inútil al concepto ''contexto histórico''; otro caso es el de clase–ocupación, usados para referirse a la posición de los individuos en la estructura productiva; finalmente, el uso de los conceptos opinión pública–escenario público–espacio público para referirse al lugar abstracto donde convergen e interactúan las ideas y opiniones privadas que se vuelven de dominio público, elemento que ha cobrado relevancia en los estudios electorales.

Otro indicador que puede ayudar a responder la pregunta planteada es la revisión de las fuentes bibliográficas usadas para la construcción de los marcos teóricos. Aquí se parte del supuesto de que si los logros científicos están guiados por un proceso acumulativo, es de esperar que las fuentes de referencia estén conectadas con estudios previos realizados en el mismo país y por la misma comunidad académica. Con base en esto se retomaron las fuentes consultadas para la construcción de los marcos teóricos de los 57 artículos de la muestra —362 fuentes en total— cuyo análisis se resume en Bedoya (2014).

El primer hallazgo, es que los trabajos —libros o artículos— y autores más referenciados muestran la fuerte influencia de los autores clásicos del conductismo (Campbell, Converse, Miller y Stokes, 1960; Downs, 1957; Lazarsfeld, Berelson y Gaudet, 1960) y de sus precursores más prominentes, sobre todo de la escuela de elección racional y la sicología (Fiorina, 1981; Enelow y Hinich, 1981; Popkin, 1994; Black, 1958); el segundo, es la casi nula referencia a autores latinoamericanos; y el tercero, la poca presencia de autores de la escuela sociológica —Paul Lazarsfeld—.

Se puede inferir que el desarrollo de este sub campo de la Ciencia Política es prominentemente influenciado por la escuela norteamericana, pues aunque el investigador mexicano Alejandro Moreno sea uno de los más referenciados y su libro de 2003, El votante mexicano, esté entre los más citados, no es insustancial señalar que puede deberse a efectos producidos por el gran número de artículos que se incluyeron de ese país; por lo tanto, se evidencia que el estudio del elector se está realizando casi bajo los mismos cánones de la escuela conductista. Cabe señalar que la menor citación que se realiza de Lazarsfeld et al. (1960) en comparación con Campbell et al. (1960) y Downs (1957), revela una casi nula discusión a partir de la escuela sociológica y tal vez su mención es obligada.

 

Reflexiones finales

El análisis de los textos en cuestión, hipótesis, contextos, marcos y referentes teóricos, y conceptos, permiten concluir que, si bien hay un incremento cuantitativo de la investigación y tendencias hacia la especialización, aun no se han dado las condiciones necesarias para considerarlo como un sub campo sólido de estudio, por lo menos en estos países. Muchos factores pueden influir sobre esto: a) externos, el contexto social y político; y b) internos, la dificultad de acceder a información de forma sistemática —hay que reconocer que los costos de levantar información son elevados, por lo que es preferible hacer uso de datos agregados de fuentes oficiales o tratar de problematizar datos de terceros, como las encuestas de opinión que realizan las empresas privadas y los medios de comunicación— y la poca recurrencia a la producción local —lo que imposibilita realizar una acumulación de conocimiento que ayude a solidificar el lenguaje—.

En este sentido, se presencia un desarrollo dispar en la investigación, una adopción exitosa de las herramientas para el tratamiento de datos que apenas comienzan a acumularse, pero dejando de lado —aun con la adopción de las teorías específicas del comportamiento del elector— una construcción conceptual sólida que ayude a interpretar los hallazgos y la construcción de teorías útiles que hablen más allá de lo que pueden afirmar las usadas por otros autores en sus marcos teóricos; esto se evidencia en los diferentes usos que se da a un mismo concepto o los diferentes conceptos que se crean para referirse a los mismos objetos.

El reto que se plantea aquí es bastante grande y es puesto en escena por aquellos autores que han intentado analizar el comportamiento del elector más allá de eventos electorales puntuales. Sus descubrimientos sobre la ruptura de las regularidades en el comportamiento del votante dan cuenta de la necesidad de poseer conceptos que además de ser comparables y que permitan acumular información, puedan medir los cambios y contingencias de los diferentes comicios. Conceptos construidos de esta forma, aumentarían considerablemente nuestro entendimiento.

La segunda falencia da cuenta de los escasos avances teóricos logrados en estos artículos. La primicia, como un espacio canónico, es referenciar los textos clásicos del conductismo para dar a conocer la ubicación de su propuesta —racional, psicológica, sociológica o una mirada eclética—, enumerando gran cantidad de relaciones entre variables que dan cuenta de la pregunta a responder. Así, hay mayor preocupación por dar a entender al lector por qué gana o no un candidato que por desentrañar los elementos constitutivos del comportamiento mismo del electorado. De esta forma, la traducción contextual de las teorías primigenias ha terminado por llevar a resultados poco afortunados: comprobaciones o falsaciones de las relaciones entre las variables teóricas del comportamiento del voto, sin mayor comprensión de los procesos a los que se supone están conectados.

Frente a esto, surge la necesidad de comenzar a realizar un acumulado de conocimiento en este subcampo, a través de un análisis más minucioso de lo escrito referente a este tema, que no solo permita comparar resultados sino abstraer aquellos hallazgos que den cuenta de los procesos en las relaciones causales y de su recurrencia contextual y temporal. Esto hace necesario salirse de este espacio canónico, pues aun con la baja producción el desarrollo se está dando de una forma dispar.

Hay que rescatar que la literatura hasta ahora está dando pistas que demarcan el camino hacia la comprensión del comportamiento del elector. Las convergencias señalan que el contexto —político, económico y social, así como el tipo de elección al que se enfrenta el ciudadano— es protagonista al momento en que uno u otro factor, de los aquí identificados, se activa para que el elector tome su decisión. Sin pretender explicar cada uno de ellos, las coincidencias de los autores señalan que es necesario centrarse en la forma en que los electores reaccionan a los cambios en el discurso de los actores políticos y a la información que circula en la competencia, pues allí se pone a disposición del elector las herramientas necesarias para la toma de decisiones, esto incluye conocer los caminos heurísticos, los sentimientos que se generan, las motivaciones y la forma en que se interpreta el mundo político.

 

Notas

* Artículo derivado de la tesis de maestría en Ciencia Política El lugar del comportamiento del elector en los estudios electorales de américa latina: una revisión crítica de los estudios conductistas en México, Chile, Argentina y Colombia, 2000–2010, Instituto de Estudios Políticos (IEP), Universidad de Antioquia (UdeA.), 2014.

1 La búsqueda se realizó a través de las bases de datos compilatorias —también de acceso abierto— disponibles: entre estas se encuentran Publindex para el caso colombiano, y Redalyc, Latindex y SciELO para el conjunto de Latinoamérica; además, se hizo uso de las páginas web de algunas universidades para detectar aquellas que no estuviesen indexadas en estas bases de datos. Por otra parte, los criterios usados para su selección permitieron privilegiar: 1) revistas de Ciencia Política dedicadas a la publicación de artículos de investigación empírica y descartar las enfocadas en la filosofía política; 2) revistas de otras áreas que aceptaran artículos relacionados con los estudios políticos empíricos, incluyendo revistas multidisciplinarias, de derecho, sociología, entre otras áreas; 3) revistas que someten sus artículos a revisión por pares anónimos para garantizar la calidad de sus publicaciones; y finalmente, 4) revistas con continuidad temporal de más de 5 años.

2 Se revisaron 70 revistas —21 de México, 19 de Chile, 17 de Argentina y 13 de Colombia—, con 12 308 artículos, pero solo 280 de ellos hacen referencia al comportamiento electoral. Para ver una descripción detallada de la muestra, las revistas y de los subtemas que se ocupan los 280 artículos encontrados véase John Fredy Bedoya (2014).

 

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