SECCIÓN GENERAL

 

Universidad y seguridad. Hechos, situaciones, comunidades*

 

University and Security. Events, Situations, and Communities

 

 

William Fredy Pérez Toro (Colombia)1; Laura Cartagena Benítez (Colombia)2; Deiman Cuartas Celis (Colombia)3; Diana Paola Rojas Bermeo (Colombia)4

 

1 Abogado. Magíster en Criminología. Grupo Hegemonía, guerras y conflictos, Instituto de Estudios Políticos, Universidad de Antioquia UdeA. Calle 70 No. 52–21, Medellín, Colombia. Correo electrónico: william.perez@udea.edu.co

2 Socióloga. Grupo Estudios Políticos, Instituto de Estudios Políticos, Universidad de Antioquia UdeA. Calle 70 No. 52–21, Medellín, Colombia. Correo electrónico: leidy.cartagena@udea.edu.co

3 Economista y Filósofo. Magíster en Ciencia Política. Doctorando en Ciencias Sociales con Especialización en Estudios Políticos. Grupo Hegemonía, guerras y conflictos, Instituto de Estudios Políticos, Universidad de Antioquia UdeA. Calle 70 No. 52–21, Medellín, Colombia. Correo electrónico: damiana99@gmail.com

4 Politóloga. Maestría en curso en Gobierno y Políticas Públicas. Grupo Hegemonía, guerras y conflictos, Instituto de Estudios Políticos, Universidad de Antioquia UdeA. Calle 70 No. 52–21, Medellín, Colombia. Correo electrónico: dpaola11@gmail.com

 

Fecha de recepción: marzo de 2015

Fecha de aprobación: abril de 2015

 

Cómo citar este artículo: Pérez Toro, William Fredy; Cartagena Benítez, Laura; Cuartas Celis, Deiman y Rojas Bermeo, Diana Paola. (2016). Universidad y seguridad. Hechos, situaciones, comunidades. Estudios Políticos, 48, Instituto de Estudios Políticos, Universidad de Antioquia, pp. 243–266. DOI: 10.17533/udea.espo.n48a13

 


RESUMEN

El artículo expone el sentido de la seguridad en la comunidad universitaria de la Universidad de Antioquia. Se describen los rasgos de la investigación de la cual hace parte y la manera como el tema de investigación y el lugar en el cual se llevó a cabo propiciaron la ampliación de los objetivos y marcaron una ruta teórica y metodológica. A partir del enfoque de ''securitización'' y de una formulación básica según la cual la (in)seguridad es una construcción colectiva, se exploran diversos factores que intervienen en la definición de la situación en el campus universitario. El artículo concluye que por más discordante que siga siendo el significado atribuido a la ''inseguridad'', hay hechos con respecto a los cuales la definición es convergente y que, además, en los últimos años la interpretación pertenece cada vez más a los propios universitarios y no a la voluntad de agentes externos.

Palabras clave: Seguridad; Securitización; Conflicto; Violencia; Universidad de Antioquia; Medellín.


Abstract

This article discusses the sense of security in the University of Antioquia's community. In the first place, it describes how the characteristics of the research, its subject, and the place in which it was carried out leaded to broadening its objectives, and helped to establish the theoretical and methodological framework of the investigation. Secondly, the research identifies the actors involved in establishing the sense of security on campus using the securitization theory approach, and based on the hypothesis that the sense of (in)security is a collective construction. The article also explores different factors, such as values, interpretations, events, situations, actors, and contexts, involved in the construction of meaning. The main conclusion is that in spite of the diversity and contradictory meanings attributed to the so–called ''cases of insecurity,'' there is some kind of agreement on the meaning of some important cases. Moreover, the analysis shows that the community of the university is the principal actor that decides how to establish the sense of security and the cases of insecurity, instead of external actors.

Keywords: Security; Securitization; Conflict; Violence; University of Antioquia.


 

 

Introducción. Algunos datos sobre la investigación

La investigación de la cual surge este artículo se propuso inicialmente explorar el conflicto desatado por la aplicación de unas medidas de seguridad en el campus central de la Universidad de Antioquia (UdeA) a finales de la década de 2000.

La ausencia de debate público sobre la situación y la ininteligibilidad de las razones por las cuales se tomaron, defendieron o rechazaron esas medidas es incongruente con el carácter que los propios universitarios otorgan al lugar: un escenario de polémica, de preguntas y respuestas fundadas, de crítica. Valía la pena averiguar por el problema. ¿La fuerza reguladora de esta idea sobre la universidad era tan limitada?, ¿argumentar y contrastar sí eran prácticas predominantes allí, excepto en el caso de la seguridad?, ¿no había debate porque no se podía, no se quería o no se requería saber en qué consistía exactamente la (in)seguridad en el lugar?

La indagación es pertinente, además porque el conflicto tuvo alcances prácticos y entró en una especie de trampa securitaria: la recurrente suspensión de actividades por razones de seguridad fue motivada por las acciones de rechazo a las medidas de seguridad. La expresión extrema de la perturbación fue el ''el cierre'' del campus entre el 15 de septiembre y el 11 de octubre de 2010, tras la toma violenta de la fuerza pública, en medio de la disputa por un dispositivo de control de ingreso —Tarjeta Integrada Personal (TIP)—. A este episodio se sumó la instalación de torniquetes en las porterías del campus y las acciones violentas contra algunos de ellos, la destrucción de videocámaras y la frecuencia con la cual la fuerza pública irrumpió en el campus durante los años siguientes.

La indagación también adquirió relevancia porque en los archivos de la universidad no se hallaron estudios que soportaran las medidas de seguridad; además, porque el rastreo bibliográfico arrojó resultados sumamente pobres en lo que respecta a la relación más general entre universidad y seguridad.1 La investigación podía tener entonces un valor académico adicional: ¿es diferenciable la cuestión de la seguridad cuando se trata de campus universitarios?, ¿es importante ese tema o esa relación?

Esas y otras preguntas redimensionaron el problema originalmente planteado, obligando a precisar dónde ocurrían los hechos de inseguridad. Localizar el lugar es importante por muchas razones: el peso y las diferencias del entorno urbano y social, la relevancia del contexto histórico y político, los imaginarios del lugar y sobre el lugar, entre otros. Sin saber dónde ocurren los hechos sería inexplicable, por ejemplo, la diferencia que muchos universitarios establecen entre un grupo de encapuchados transitando por su barrio y un grupo de encapuchados transitando por la plazoleta central del campus, entre una videocámara en la entrada de la Universidad y una videocámara en la entrada de un supermercado, entre un policía apostado en su cuadrante y un policía merodeando las aulas de clase.

Pero también se hizo necesario saber qué ocurría en el lugar, pues algunos indicadores de inseguridad consultados no solo eran incongruentes en sí mismos, sino que contradecían las afirmaciones que se hacían públicamente sobre el campus. Los dichos sobre un lugar extraordinariamente inseguro, sobre la Universidad como un embarcadero internacional de sustancias ilícitas, donde prolifera el terrorismo, el crimen, el robo, el asesinato; donde profesores y estudiantes se embriagan y drogan (Valencia, 2013; Semana, 2010, mayo 2; 2012, junio 23; Gaviria, 2010, agosto 10; 2012; Castaño, 2010, mayo 24; Pérez, 2010, agosto 24; Villalba, 2010, noviembre; Barrientos, 2012, noviembre 8; Estudiante de periodismo, 2008, junio 7) o dónde ''la promoción, compra y venta de sexo es una realidad insoslayable'' (Robles, 2014, octubre 2), eran y siguen siendo tan categóricos como carentes de evidencia. Lo propio ocurre en relación con las afirmaciones sobre el ''vigilantismo'' y el ''control total'' que se habrían tomado el campus. Surgieron entonces nuevos interrogantes: ¿los hechos se correspondían con lo que decían articulistas y medios de comunicación?, ¿qué precisiones demanda la calificación de un lugar como (in)inseguro?

La investigación permitió avanzar en la precisión de hechos, pero también en la interpretación de las formas de construcción de la (in)seguridad en la Universidad. El artículo contiene algunas hipótesis y conjeturas sobre este último aspecto. Pero antes de entrar en materia, se presentan algunos apuntes teóricos y metodológicos.

Es cierto que sin teoría la investigación se pierde, pero también es cierto que el atiborramiento teórico puede hacerla insoportable —a la investigación tanto como a su difusión—. Menos mal que los pocos trabajos referidos a la relación entre universidad y seguridad no tienen todavía esa repleción teórica, tal vez porque la acumulación de conocimiento es correlativa a la escasa investigación del problema. Los estudios sobre seguridad no se han ocupado del mundo universitario y los estudios sobre universidad se ocupan de problemas mucho más apremiantes (Martínez y Vargas, 2002, p. 37), pese a que en ellos se pueden encontrar algunas pistas metodológicas importantes: ''La vida cotidiana como escenario de estudio en las universidades ha sido poco explorada en Colombia'' (Murcia, 2009, p. 240). Pero también puede ser que casualmente en esos trabajos y en algunas reflexiones locales relevantes (Claustro, 2010; Cortés, 2013; Ríos, 2013) sus autores olvidaron participar de tantas discordias conceptuales como fuera posible; o incluso, es posible que aquel atiborramiento se considere fatuo y que la teoría se conciba mejor como ''un instrumental para ir poco a poco'' (González, 2010), como una ''caja de herramientas'' que no tiene por qué —y no puede— ser exhibida toda en todo momento.

Sobre el tema general de la seguridad, sin embargo, sí existe una vasta producción teórica surgida del estudio de las Relaciones Internacionales, o en el campo de la seguridad ciudadana y de la prevención del crimen: debates que van de una ''vieja'' y unidimensional seguridad centrada en el Estado a las concepciones de la seguridad centrada en las personas; de la inseguridad restringida a la inseguridad definida por las vulnerabilidades humanas; del estructuralismo al posestructuralismo, de la modernidad a la posmodernidad; y de las antiguas formas de disuasión a la prevención situacional.

Por lo que respecta a este trabajo, solo se toman unas hipótesis teóricas básicas de la perspectiva que se conoce como de securitización, entre las corrientes críticas de la seguridad. En este enfoque teórico–metodológico, la seguridad cobra importancia en cuanto construcción social (Waever, 1995), es decir, la seguridad por sí misma no explica nada, sino que hay que explicarla (Sanahuja y Schunemann, 2013). Por eso se entiende que la aproximación al problema —el método— implica la búsqueda de sentidos, lugares y actores presentes en la definición de lo seguro y lo inseguro, en la gradación de amenazas, en la ponderación de bienes protegidos (Buzan, Waever y de Wilde, 1998; Balzacq, 2005) y en el diseño de estrategias de intervención sobre lo que quiera que haya sido definido —o que se defina en la propia estrategia— como (in)seguro. También son relevantes, en lo que respecta a la cuestión criminal —o ''dimensión personal'' de la seguridad—, las perspectivas interaccionistas de la desviación (Becker, 2009), sintetizadas en una vieja expresión según la cual: ''las situaciones que los hombres definen como reales, tienen consecuencias reales'' (Thomas y Thomas, 1928, p. 572). Cuándo, dónde y quiénes, son preguntas centrales también en este último caso.

Por supuesto que no en cualquier ámbito ''la seguridad'' es un concepto que demande precisiones. En los discursos políticos y mediáticos, por ejemplo, los discursos sobre la (in)seguridad no suelen transgredir los límites naturales del concepto, es decir, la generalidad y la vaguedad. Si lo hicieran, habría personas, procesos, conflictos y situaciones inatrapables en un titular o en una cifra global; y lo peor, no habría libretos dictados o copiados para la intervención de ''la inseguridad'', sino alternativas para la atención de problemas, amenazas y daños concretos, en lugares distintos y comunidades diversas. La generalidad y vaguedad permiten, en cambio, la sumatoria genérica o indiferenciada de eventos, la alusión a hechos cuya frecuencia apenas se insinúa, el relato de un suceso dramático cuya propagación y ligazón con otros solo se sugiere: ''Si una cantidad suficiente de personas dicen que algo es una cuestión de seguridad, se convierte en una cuestión de seguridad. Una vez que algo fue designado como cuestión de seguridad, nos hemos dado la libertad de tratarlo con medios extraordinarios'' (Buzan, Waever y de Wilde, 1998, p. 43).

Si la universidad es el objeto y la seguridad el problema de investigación, hay dificultades irónicas: primera, las fuentes primarias son tan diversas y abundantes que la información puede hacerse fácilmente incontrolable;2 segunda, la reflexión sobre la propia universidad es abundante, pero no es habitual la sistematización de lo que allí se dice; tercera, en materia de seguridad las fuentes institucionales están repletas de afirmaciones y propuestas de académicos —gente que puede tener evidencia de lo que afirma—, pero es prácticamente imposible encontrar una contrastación de lo que se afirma o una explicación de lo que se propone; y cuarta, tratándose de un concepto tan ''vacío'' como el de seguridad y de un problema tan poco documentado, cualquier dato sólido sobre la universidad es tentador, todo cabe.3 De hecho, sin suficientes precauciones, la investigación podría haber confundido esas fuentes con un estado del arte sobre seguridad y universidad.

La recolección de información en las investigaciones cualitativas requiere mucho tiempo y el procesamiento de datos mucho más (Fernández, 2006), por eso la investigación inicial debió hacerse de instrumentos versátiles: matriz de problemas, fichas de registro selectivo —con definiciones e instrucciones explícitas—; fichas de síntesis —con preguntas cada vez más específicas— y algunos ''atajos técnicos''.

En relación con las fuentes personales, la investigación previó esta ''dificultad'': no hay manera de mantener una estructuración previa del contacto con los universitarios. Antes de responder, ellos pueden exponer —¡y exponen!— un marco teórico, histórico, político; un análisis social, filosófico o técnico. Nadie contesta simplemente en la universidad. Esto es deseable en un trabajo exploratorio que presta especial atención al relato, pero obliga al diseño de ''guiones indicativos'' y a una constante adaptación a los ritmos y tiempos de los entrevistados.

 

1. Hechos, situaciones y comunidades en el lugar

En 1968 se dio apertura al nuevo campus de la entonces sesquicentenaria UdeA, ícono del mayor proyecto educativo, científico y cultural de los antioqueños, pero también territorialidad por excelencia de los universitarios de la universidad pública en la región. Con el paso de los años, la limitada capacidad de matrícula de la institución4 y el paulatino estrechamiento y cerramiento físico del campus,5 llegó a simbolizar, además, el mundo restringido de la educación superior en Colombia. En ese campus, diversas personas y colectivos han tomado parte en disputas estrictamente universitarias, han acompañado causas sociales locales y regionales, se han inmiscuido en la discusión de problemas políticos nacionales e incluso han asumido como propios conflictos internacionales. Como en otras universidades públicas, la protesta ha sido una constante, y con mayor o menor frecuencia e intensidad se han presentado disturbios, escaramuzas o ''tropeles''.6

En este campus en el cual se concentran una veintena de edificios, diversos espacios y escenarios abiertos, cientos de vehículos, varios miles de personas y bienes —soft targets—, se han presentado transgresiones ordinarias, pequeños líos de convivencia, ''incivilidades'' y hurtos sin violencia. Han ocurrido también asaltos con violencia a establecimientos de comercio u oficinas —uno en promedio por año durante la última década— y personas —tres ''atracos'' en diez años—.

Pero, además, esos hechos se presentan en un campus que ha sido impactado por conflictos que en Colombia se han librado históricamente al uso de las armas. Allí ha hecho presencia la guerra, han estado presentes sus protagonistas, se han usado a veces medios propios de ese tipo de confrontación y se han producido daños como los que suele causar un conflicto armado.

Un signo de la dimensión que cada tanto adquirieron los hechos desde finales de los años sesenta es el cierre de la Universidad, es decir, la decisión extrema de suspender un derecho que se dice defender (Zambrano, 2011). Desde la inauguración del campus no hay una década en la cual el campus no haya presentado esa situación de excepción por lo menos una vez.

1.1 Tiempos y nebulosas

Los años más difíciles en la historia de la Universidad son retomados constantemente en los relatos y documentos que se ocupan de ''la inseguridad'' reciente del campus. Aunque no se sabe exactamente qué dimensión tiene la (in)seguridad de la última década, y aunque el largo plazo de la violencia en la universidad o sobre los universitarios se encuentra todavía minada de secretos, el tiempo sigue siendo uno solo en la percepción de los hechos. La nebulosa a la que da lugar el cruce de tantos conflictos —y el secreto— no impide sino que facilita la construcción de la situación de (in)seguridad. Lo ''que todo el mundo sabe'' de la Universidad de antes, se recrea y funciona como una especie de depósito en el cual se acumula y adquiere sentido cualquier incidente de hoy. ''Lo que se dice'' de los últimos sucesos se incorpora también en ese amasijo en el que cada quien construye relatos coherentes con sus propias ideas de universidad y con su propia visión de lo que hace del campus un lugar seguro o inseguro. La violencia política de la cual han sido víctimas estudiantes y profesores dentro y fuera del campus desde los años setenta, el incendio de instalaciones y vehículos, la toma de la Universidad por el Ejército, los regímenes de excepción, la presencia activa de organizaciones insurgentes, las incursiones de grupos paraestatales, las explosiones, el secuestro, las amenazas, son eventos que siguen dotando de sentido a lo que ocurre en los años recientes.

No es extraño que la última década sea vista por algunas personas como una seguidilla de violencias terribles o, inclusive, como una situación todavía más degradada, dados ''los comentarios de atracos, de violaciones, de drogas, de suicidios'' (comunicación personal, ExAF2, agosto 23, 2012). Sobre esos tres tipos de hechos, por ejemplo, puede decirse lo siguiente:

a) Violaciones. La investigación no encontró casos de este tipo en el campus. Solo existe una anotación en los registros: ''18 de junio de 2009 bl.6, hurto de efectivo y posible violación'' (Departamento de Vigilancia UdeA, 2012). El hecho no pudo ser confirmado. Se tuvo certeza, eso sí, de una ''agresión sexual'' (10 de abril de 2011) imputada a un guardia de la compañía que prestaba servicios de vigilancia y prevención en el campus. Con todo, es razonable suponer que en este tipo de violencias lo que genera el hecho es lo mismo que lo ampara: ''el silencio, la no denuncia y el desconocimiento de la situación''. Pero esa investigación corroboró también en una encuesta que ''la violación sexual no es reportada por ninguna de las personas sondeadas'' (Fernández, Hernández, Paniagua y Guerra, 2005, p. 195).7

b) Suicidios. Durante la década examinada se produjo un suicidio en el campus de la UdeA (julio de 2012). Una revisión de solo tres años de prensa sobre la situación en otros campus mostró que se presentaron suicidios en las universidades de los Andes (2012 y 2013), de La Salle (2013) y Minuto de Dios (2013).

c) Homicidios. Entre 2002 y 2012, se produjo el homicidio de un exestudiante en el campus de la UdeA (marzo de 2009). En otras universidades colombianas, durante el periodo, fueron asesinados estudiantes —uno en cada caso— en las universidades Nacional de Colombia sede Bogotá (2006), Industrial de Santander (2002), Pedagógica y Tecnológica de Colombia (2012); también un estudiante y un agente de policía en la Universidad del Valle (2012 y 2005), y un decano en la Universidad Santiago de Cali (2010). En otras universidades del mundo se produjeron homicidios, por ejemplo: un estudiante en la Universidad Autónoma de Honduras (2010); un estudiante en la Universidad de Carabobo, Venezuela (2009); un agente de policía en la Universidad Juan Agustín Maza, Argentina (2008); un vigilante en la Universidad Nacional Agraria La Molina, Perú (2010); un estudiante en la Universidad de La Frontera, Chile (2010). En Estados Unidos se presentaron durante el periodo tiroteos con múltiples víctimas mortales en campus como: Appalachian School of Law (2002), University of Arizona (2002), Shepherd University (2006), Virginia Tech (2007), Louisiana Tech(2008) y Northern Illinois University (2008).

1.2 Valores e interpretaciones

Que muchos conflictos en la UdeA se hayan exhibido apenas en los límites del hecho que los escenifica, que no se conozcan móviles o que nadie discuta los motivos de sus acciones en el campus, que no se sepa cuántos y qué tipo de eventos ocurren o en qué consiste la inseguridad que se pretende contrarrestar y el mecanismo que lograría hacerlo, son condiciones que facilitan enormemente la definición de la situación.

No es que en la Universidad nadie hable sobre lo que allí ocurre. Como se ha dicho, se habla de la situación pero en términos extraordinariamente genéricos; además, la mayoría de los discursos sobre seguridad o inseguridad giran en torno a valores. La cuestión prioritaria no es por qué ocurre algo, sino por qué no debe ocurrir; o lo que es lo mismo, la búsqueda de relaciones probables en el mundo de los hechos se ha subordinado a la búsqueda de relaciones lógicas en el mundo de las normas.

Por eso no es extraño encontrar con tanta frecuencia, en una misma imagen, el lugar enaltecido, celebrado, adorable, y el lugar abatido, lamentado y temible; una universidad con ''los atributos más virtuosos'' y, a la vez, con ''todos los vicios''.

 

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Pero esos ''bloques'' de situaciones ideales y repudiables no son tampoco internamente consistentes. Los consensos construidos en el largo plazo sobre el deber ser de la Universidad enfrentan sus propias interpretaciones normativas. Por ejemplo, universidad pública y abierta es un principio extraordinariamente compartido por los universitarios según las declaraciones de muchas personas, diversos grupos y estamentos, incluso de sectores externos; sin embargo, esas mismas fuentes revelan un compromiso específico fundado en excepciones que, en los extremos, pueden ser agrupadas como se indica en la tabla 2.

 

 

1.3 Esquemas y disensos

Hay ejercicios que tratan de ordenar más teóricamente lo que ocurre en la Universidad, lo cual puede significar un primer paso hacia la comprensión de los hechos. Dos esquemas recientes son representativos:

Primero, un esquema de comprensión según el cual pueden existir ''al menos dos universidades'' en una sola (Consejo Académico UdeA, 2010, septiembre 27). Una universidad ''pública e identificada'', que es ''vitalidad crítica'', ''efervescencia cultural'', ''amabilidad arquitectónica y paisajística'', ''centro de ciencia y cultura de Antioquia'', ''podio para el ascenso personal y esperanza de emancipación intelectual y económica de los jóvenes''; un lugar en el que miles de personas conviven ''sin mayores problemas y sin más vigilancia que las reglas implícitas de la convivencia civilizada''. Pero esta universidad coexiste con otra, diferenciable y paralela, ''espuria, privada, anónima, sin identificación''; de ''territorios conquistados a la fuerza'' —pupitres, corredores y zonas comunes—, ''chazas para ventorrillos'' y espacios ''para el narcotráfico''. Estas universidades configuran un orden universitario dual cuyos rasgos son también interpretables históricamente, pero otra vez conforme a valores. La protesta política, por ejemplo, característica de esa segunda universidad, sería ''protagonizada por avanzadillas de pequeños grupos cuyas actuaciones deslegitiman los ideales por los que protestan''; en la primera universidad, en cambio, las protestas coinciden con aquellas que en el pasado ''eran masivas, y tenían un alto grado de legitimidad y de apoyo, entre otras cosas, por la pulcritud de su moral revolucionaria'' (Consejo Académico UdeA, 2010, septiembre 27).

Un segundo esquema de comprensión de la situación defiende la existencia de una universidad ceñida, eso sí, ''a su significado literal más cercano: unidad de lo diverso''. Una universidad de múltiples lógicas académicas, políticas, sociales, culturales y económicas, legales, ilegales, formales e informales: ''No unas al lado de las otras, sino unas y otras en interacción permanente, en flujos y reflujos continuos'' (Nieto, 2010). Esta perspectiva advierte la necesidad de entender cómo se relacionan esas lógicas que se cruzan en la Universidad: por qué y cómo la universidad formal ha producido la universidad informal, ilegal, violenta; por qué y cómo aquella ha terminado por engendrar ''cuerpos y prácticas extraños que la desdibujan; por qué y cómo, hoy, tenemos la universidad que tenemos'' (Nieto, 2010).

En general, esa confrontación reciente de perspectivas deja pendiente una gran cantidad de explicaciones, pero por lo menos indica que la definición de situaciones es hoy posible entre universitarios, públicamente y con palabras.

 

2. Seguridad y comunidades

En los primeros momentos de la indagación que da origen a este artículo, había un supuesto simple: unos hechos en el campus generaban una situación de inseguridad. Con el avance de la exploración, y conforme las personas enunciaban y calificaban hechos —del presente y del pasado—, el supuesto se hizo irreconocible.

 

Tabla 3

 

Apareció entonces la Universidad, una comunidad que se despedaza y rearma de distintas maneras, o que se recompone en fragmentos, no solo por la manera de captar los hechos sino por la forma como se define la (in)seguridad.9 Así, algunos universitarios asumieron como seguro solo un ambiente donde es posible la convivencia en la diversidad, la vida civil y la individualidad anónima o indiferente, y donde la definición de amenazas y bienes protegibles no se encuentre disponible o solo sea negociable en instancias preconstituidas. La condición ideal de la comunidad es la de una ciudad moderna.

En otros casos, ''seguro'' es el lugar y la situación que permiten refugiarse de las imposiciones, la injusticia, la persecución, los ataques o el vértigo de afuera. En este caso se trata de una comunidad local, hecha de memorias de resistencia, de la evocación de lo resistido y, eventualmente, de una especie de ''identidades de atrincheramiento'' (Castells, 1998, p. 88).

También hay trazos de una idea de seguridad que consiste en la radical preservación del grupo. La comunidad es natural y debe —''legítima y naturalmente''— excluir a quien amenace con disolver la unidad. Finalmente, otros universitarios conciben ''lo seguro'' solo como la tranquilidad necesaria para el desempeño temporal de magistrorum et scholarium. La comunidad está constituida por muy precisos trozos de la vida de personas que, mientras permanezcan en el lugar, desempeñan el rol que corresponde.

Aquella diversidad no es extraña, por supuesto, pues en ese territorio hay una federación de estamentos integrados por personas que, además de su participación en otras comunidades —otras universitas—, forman parte de algún cuerpo profesional, de algún colectivo interno o de varios simultáneamente: profesores, estudiantes, directivos, jubilados, empleados, sindicalistas, egresados; personas que desempeñan roles distintos en la universidad y que portan, afinan o definen identidades diversas.

Dado el contexto histórico y político de la ciudad y el país, tampoco sorprende que sobrepuestos a todas esas ideas sobre la seguridad y a todas esas comunidades, aparezcan con frecuencia unos ''intérpretes de la situación'' que parecen tener la capacidad de contemplar el mundo universitario desde la distancia y de insertarlo estratégicamente en su universo de intereses. Para ellos, la seguridad se corresponde con lo demandado o justificable en cada momento: la convivencia —que debe existir pero no existe—, la tranquilidad —que no tienen pero deben tener los académicos—, el refugio —sagrado y vulnerado— o la unidad —de la familia amenazada—. Se compartan o no las decisiones —de hecho o de derecho— de estos intérpretes, alegan que la seguridad ha de ser alcanzada ''a como dé lugar''.

En el tiempo de observación de ese caleidoscopio hay momentos en los que parece emerger —sólida— una comunidad universitaria. Cada tanto se produce una extraordinaria juntura de personas, estamentos o corporaciones, y toman una fuerza inusitada la exposición y el intercambio de anécdotas, preguntas y opiniones sobre lo que debe hacerse con respecto a la inseguridad. Surgen iniciativas multiestamentarias o interinstitucionales y se cruzan invitaciones de diálogo, incluso entre actores con relaciones habitualmente rotas (Asamblea General de Estudiantes de la Universidad de Antioquia, 2011 agosto 3). Tienen lugar unas sociabilidades de la seguridad que hacen la comunidad, pero temporal y básicamente formada ''en función del apaciguamiento de la perturbación o el disturbio causados por la inseguridad'' (García y Villa, 2002, p. 209).

 

3. Hechos y situaciones

Los universitarios portan naturalmente historias, visiones e intereses diversos y, por lo tanto, experimentan diferencialmente muchos de los eventos que se presentan en el campus. Eso hace que la ordenación de las percepciones contenidas en las fuentes consultadas sea una tarea prácticamente inacabable; sin embargo, esa inconmensurabilidad —que se suele ''domesticar'' con encuestas y estudios de opinión no aplicados en este caso— resultó ser ventajosa para comprender que es insostenible la calificación que se hace genérica y externamente de un lugar como seguro o inseguro.

La tabla 4 contiene ejemplos típicos de definición de situaciones, captadas en entrevistas y fuentes documentales. En esas definiciones tienen importancia no solo las ''filiaciones'', el rol o el lugar que se ocupa en la Universidad, sino también unas ''variaciones'' ambientales (Becker, 2009). El tentativo modelo de análisis que se presenta considera: a) factores estacionales, que desaparecen pero retornan, usualmente al ritmo de rumores, reacciones, campañas o políticas internas o externas; b) factores espaciales, relacionados con el lugar de impacto del evento; c) factores mediáticos, los públicos se perciben más o menos identificados, receptivos o refractarios con respecto al despliegue que hacen los medios de comunicación sobre determinados eventos; d) factores distintivos —o de identificación—, hacen depender la definición de la situación de la posibilidad de reconocer al protagonista del evento —lo que representa y cómo se comporta—.

 

 

Si el ejercicio de síntesis de las fuentes consultadas es acertado, algunos ejemplos significativos de la valoración de hechos y la definición de situaciones pueden ser presentados en el siguiente fragmento de un esquema más amplio de análisis.

Cada evento puede ser examinado con todos los factores indicados o pueden establecerse relaciones entre los factores.10 Por su parte, los ''públicos'' en el recuadro no se corresponden con un sector, estamento o gremio. Un público solo es clasificado —como 1, 2, 3 o 4— conforme a la percepción o definición que se detecta convergente. El análisis no pretende cuantificar ''tendencias'' en poblaciones previamente rotuladas. Los hechos que aparecen en el recuadro son apenas ejemplos utilizados para la ilustración de cómo puede proceder, según la interpretación de las fuentes, la definición de situaciones, pero no indican intensidad ni frecuencia objetivas.

Lo más destacable del ejercicio es que hay eventos en los que la relatividad de los juicios se agota. El caso paradigmático es la muerte violenta o las lesiones no autoinfligidas. Estos hechos son percibidos como de alta gravedad y la situación es definida como de inseguridad o crisis, independientemente del lugar, el momento, el ambiente mediático o la identificación del protagonista del evento. Lo mismo ocurre con respecto al atraco con uso de capucha, los hurtos con violencia sobre las personas y la presencia de armas de fuego en el campus. La diversa ponderación de los hechos se reduce dramáticamente —pero no desaparece— en los casos de ingreso de la fuerza pública al campus, enfrentamientos y uso de cámaras ocultas. Un dato llamativo: independientemente de cualquier variación, todo daño deliberadamente causado a la Biblioteca Central de la UdeA reúne estimaciones de ''alta gravedad'' y la situación es definida consistentemente como crítica e insegura.

 

4. Contexto e incertidumbre

En la definición de la situación desempeña un papel relevante el nexo de los hechos con unos específicos contextos que pueden ser regulares —''ha sido tradicional''—, en tránsito —''eso se ha ido instalando''— u ocasionales —''conflictos que van apareciendo''—. Hay una especie de presentimiento que hace relativamente predecibles —o presumibles— los hechos:11

 

Tabla 5

 

Algunos de aquellos vínculos y la correlativa reducción de incertidumbre hacen que muchas personas no definan la situación como ''insegura''. Pero en las fuentes consultadas es notorio que la intensidad de los hechos, su coexistencia con otros —uso de armas de fuego, hurtos con violencia— o el desencadenamiento de una situación ''crítica'' —enfrentamiento con la fuerza pública en el campus—, han matizado cada vez más la percepción sobre los contextos ''predecibles''. Algunos episodios ocurridos entre 2010 y 2012, por ejemplo, parecen haber generado una ansiedad ''atípica'': muchas personas tienen como cierto que algo ocurrirá en un determinado contexto, pero ''últimamente no se sabe cómo va a terminar la cosa'' (comunicación personal, PE2, noviembre 7, 2013). Esta inseguridad con respecto a la intensidad hace explicable, entre otros comportamientos, que en esos años se hiciera más habitual y creciente el acatamiento inmediato de ''la orden de evacuación''.

Pese a todo, todavía muchas personas permanecen voluntariamente en el campus en medio de los disturbios. Un comunicado de 2012 define unos hechos ocurridos en el campus como ''toma armada'', ''un acto a todas luces bélico'', ''sin motivo manifiesto alguno'' y que había generado ''en nuestra comunidad sensación de estar siendo víctima de un secuestro masivo''; pero a renglón seguido, lamenta que miembros de la comunidad, ''con un morbo irresponsable hacen de estos hechos unos espectáculos en los que se vocifera, se aplaude'' (Consejo de Facultad A, 2012, abril 19). Es comprensible que los mismos autores del comunicado expresaran ''sorpresa e incomprensión''. A cualquier lector externo a la Universidad también le puede parecer incomprensible que un acto de guerra descrito de aquella manera o un ''secuestro masivo'' fuera aplaudido por quienes los padecían. Como se ha dicho, la precisión sobre lo que ocurre tanto como el significado unánime de lo que se define no pueden darse por descontados. Es una de las propiedades de esa cosa cierta pero extraña y maleable que es la (in)seguridad.

 

Notas finales

Las opiniones de los universitarios sobre la (in)seguridad se apuntalan frecuentemente en la evocación de épocas, episodios y actores del pasado que otorgan ''sentido'' a los hechos y a los reproches del presente.

Aunque las personas entrevistadas no dejan de citar hechos violentos de procedencia y signos diversos, la gran mayoría —excepto en dos casos— valoran el campus como un lugar seguro. Algunos lo consideran ''más seguro'' que el entorno de la ciudad —un entrevistado lo considera ''igual que afuera''—.

En la historia de la Universidad se han presentado coyunturas avasallantes y decisiones de intervención incontrolables; momentos en los cuales ni siquiera era posible la proliferación y transacción de significados. En las avanzadas militares de actores del conflicto armado sobre los universitarios hubo una pérdida total de autonomía universitaria y las específicas defensas del mundo universitario fueron inútiles. La definición de la situación dependió completamente de otros.

Buena parte de los eventos calificados como ''casos de inseguridad'' en la última década —hurtos, drogas, comercio informal, protestas—, pueden haber sido problemáticos o expresar agudos conflictos, pero han sido interpretados y definidos a instancias de los propios universitarios.

El debate público sobre los problemas e intervenciones asociados a la (in)seguridad es ahora conveniente y posible. Pero si en la universidad se sigue aceptando que ''las medidas de seguridad no se deben divulgar en ninguna parte, precisamente por el mismo carácter de seguridad'' (Consejo Académico UdeA, 2005, febrero 24, p. 21), será difícil negar que de esa manera se está ''compartiendo y recreando una semántica del miedo contra la cual se intenta luchar, no solamente sin salir de su lógica sino, irónicamente, alimentándola'' (García y Villa, 2002, p. 231).

Encriptada e indescifrable, la seguridad puede propiciar que cada quien huya hacia los pequeños dominios de la facultad o el bloque, hacia ''nuestro aeropuerto'', ''nuestro'' coliseo, nuestro estamento, grupo de investigación, movimiento o congregación. Hacia ''nuestra'' universidad, es decir, la que cada uno imagina como suya:

En estos fenómenos de clausura, la atmósfera de lo cerrado se hace realmente insufrible y acaba provocando más conflictos de los que realmente resuelve. Y es que la separación en esa búsqueda de los semejantes tiene sus consecuencias: ''Cuanto más nos separamos de nuestro entorno, más dependemos de la vigilancia del mismo''. De modo que para cerrar estos nuevos espacios ya no es suficiente con una simple valla (Guerra, Pérez, Rodríguez y Tapia, 2011, p. 174).

Medidas de seguridad y reacciones violentas pobremente meditadas son condiciones necesarias para el repliegue progresivo hacia pequeñas o grandes fortalezas. Esa puede ser una clave de nuestra permanente disposición a la defensa y el repudio con respecto a ''los otros''. Y —¡cómo no!— ambas actitudes ayudan bastante al extraordinario crecimiento del mercado de la seguridad.

El campus central de la UdeA es un intenso espacio social que ''configura la acción y que es transformado por la acción'' (González, 2010, p. 31). Ojalá que las decisiones de seguridad o contra la seguridad no deriven en el absolutismo securitario que es ya característico de otros campus universitarios.

 

Notas

* Resultado de la investigación entre abril de 2012 y abril de 2013, Video vigilancia, controles de acceso y fuerza pública en la Universidad de Antioquia, 2005–2010, financiada por el Comité para el Desarrollo de la Investigación (CODI) de la Universidad de Antioquia, y el auspicio del Instituto de Estudios Políticos de la misma universidad. Agradecemos a la Asociación de Profesores (Asoprudea), a la Secretaría General y al Departamento de Vigilancia de la UdeA por haber facilitado el acceso a sus archivos. Agradecemos, sobre todo, a las personas que ofrecieron generosamente sus relatos y opiniones. Ninguna de ellas actuó con recelo ni cubrió su rostro para abordar asuntos de los cuales todavía no es ''seguro'' hablar en el país. Ojalá un día se extienda la confianza que rodeó aquellas entrevistas.

1 Recomendaciones (Garnica, 2011), encuestas (Sociedad sin Fronteras, 2011; Mateo, 2007), investigaciones jurídicas (Abdelkader, 2011); estadísticas, solo en organizaciones e instituciones estadounidenses como Atixa; Know Your ix; Safer; Clery Center for Security on Campus; Campus Safety; U. S. Department of Education; U. S. Department of Justice; y U. S. Federal Bureau of Investigation (FBI); y dos trabajos importantes que al menos advierten que, en relación con la seguridad, un campus no es cualquier lugar (Garnica, 2012; O'Neill, Fox, Depue y Englander, 2008).

2 a) documentos jurídicos, actas, circulares, informes; b) pronunciamientos, comunicados, artículos de opinión; c) prensa externa e interna; d) 59 entrevistas consultaron el universo de actores internos y, en algunos casos, la opinión de actores externos relevantes.

3 Por ejemplo: Conflictos (Cortés, 2012; Nieto, 2010; Echeverri y Gaviria, 2007; Montoya, 2013); drogas y percepciones (Henao, 2010); análisis jurídico (Londoño, 2012); Historia (Uribe, 1998); conducta agresiva (Castrillón y Vieco, 2002); movilidad (Moreno, 2008); gestión de riesgos (Previatep, 2009); análisis técnico (Departamento de Vigilancia UdeA, 2012); valores (Cátedra Pública Rectoría, 2010); gobierno y democracia (Gil, Cuartas y Rojas, 2011).

4 En 2012, 76 393 personas compitieron por 10 182 cupos (Universidad de Antioquia, 2012, p. 9). En 2013 hubo 78 974 aspirantes y solo 10 164 nuevos estudiantes en 238 programas (Universidad de Antioquia, 2013, p. 19).

5 A 2012, el campus ocupa un terreno de 23,7 ha, cercado por una malla perimetral con cinco puntos de acceso, 29 ''bloques'', una amplia zona deportiva, dos plazoletas, teatro al aire libre, áreas de aparcamiento. Allí se concentra el 62% de los 39 mil estudiantes de la Universidad y la mayoría de sus 7452 docentes y administrativos. Hay una preocupante reducción del espacio libre y construido —m2 x estudiante—, aunque algunos insisten en que ''hacinamiento no significa que la gente no quepa, sino que los espacios están bien ocupados'' (Consejo Superior Universidad de Antioquia, 2013 julio 30).

6 A días de la inauguración oficial del campus, la prensa reportó un enfrentamiento entre estudiantes y fuerza pública: ''12 horas de combate'' y ''160 lesionados'' (El Colombiano, 1969, mayo 29, p. 1).

7 Sobre la situación en campus estadounidenses, véase The White House Council on Women and Girls (2014).

8 ''Los comunicados'' son el medio informativo habitual de los estamentos universitarios y una forma de intervención en situaciones críticas. Simbolizan la acción privilegiada de los universitarios frente a la violencia, la guerra o la delincuencia.

9 La investigación se ocupó de la manera como esa definición aparecía en las diversas fuentes documentales. En las entrevistas realizadas se solicitó directamente una definición.

10 La variación temporal puede relacionarse con el factor mediático y este con el distintivo; pueden establecerse relaciones con —nuevos— factores como el ''daño causado''; y posiblemente entonces la definición de la situación dependa también del estatus de la persona victimizada o del ''valor'' reconocido al bien afectado.

11 Por los hechos y contextos usados para el análisis no se debe concebir al campus como un campo de batalla o de constante actividad delincuencial. Es falso que lo que allí ocurre sea incomparable con otras universidades del país y del mundo. En la Universidad ocurren muchas cosas y, a veces, hechos de inseguridad.

 

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