SECCIÓN GENERAL

 

El surgimiento de la concepción política anticorporativa del Frente para la Victoria en Argentina*

 

The Arise of the Anti–Corporate Political Conception of the Frente para la Victoria in Argentina

 

 

Pamela Sosa (Argentina)1

 

1 Licenciada en Sociología. Doctora en Ciencias Sociales. Becaria posdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, Argentina. Correo electrónico: pamesosa@hotmail.com

 

Fecha de recepción: marzo de 2016

Fecha de aprobación: mayo de 2016

 

Cómo citar este artículo: Sosa, Pamela. (2016). El surgimiento de la concepción política anticorporativa del Frente para la Victoria en Argentina. Estudios Políticos, 49, pp. 55–72. DOI: 10.17533/udea.espo.n49a03

 


RESUMEN

Este artículo indaga sobre la relación entre la trayectoria social y política de los principales miembros del Frente para la Victoria (FPV), fuerza política que gobernó en Argentina entre 2003 y 2015, y un tipo de concepción política que atravesó sus sucesivos gobiernos, la lucha anticorporativa. El artículo muestra sus antecedentes y orígenes en la provincia de Santa Cruz, territorio donde surgió esta organización —originalmente Frente para la Victoria Santacruceña (FVS)— hacia fines de la década de 1980 y durante la década de 1990. Se analizaron datos de entrevistas semiestructuradas, diarios y revistas provinciales, documentos parlamentarios, archivos partidarios, decretos de necesidad y urgencia, leyes y bases de trayectorias sociales y políticas. Como se expone, el carácter marginal de la elite del FVS dio forma a una fuerza política que definió su identidad posicionándose y actuando ''por fuera'' de relaciones de intercambio con los grupos políticos y sociales representativos de la sociedad.

Palabras clave: Anticorporativismo; Elite Marginal; Frente para la Victoria; Kirchnerismo; Santa Cruz, Argentina.


Abstract

This article explores the relationship between the social and political trajectory of the main members of the Front for Victory (El Frente para la Victoria), the political party that governed Argentina from 2003 until 2015, and the political thinking that this political party established through its time in office: ''the anti–corporate activism.'' This article analyses the background and origins of the FVA in the province of Santa Cruz, the territory in which this organization (originally called Frente para la Victoria Santacruceña) originated in the late 80's and during the 90's. To this aim, we analyzed data from semi–structured interviews, newspapers, local magazines, parliamentary records, party archives, necessary and urgent decrees, laws, and social and political biographies. The investigation shows that the marginalization of the FVS elite in the political landscape defined the identity of the political party. Thus, positioning the party ''outside'' the relations of political exchange among political and social groups that represented the society.

Keywords: Anti–Corporatism; Marginal Elite; The Front for Victory (Frente para la Victoria); Kirchnerism; Santa Cruz, Argentina.


 

 

Introducción

Uno de los atributos principales del Frente para la Victoria (FPV), la fuerza política que gobernó Argentina entre 2003 y 2015, es lo que se puede denominar como una concepción política anticorporativa. Desde su llegada al poder en 2003, pero con mayor intensidad a partir de 2008, cuando el gobierno argentino transitó un extenso conflicto con las denominadas corporaciones agropecuarias, el FPV recurrió a una retórica, a un conjunto de gestos políticos y, en muchos casos, a acciones de gobierno que implicaron —según su propia retórica— un enfrentamiento, una ''lucha'' o una distancia respecto de los intereses corporativos. Dentro de ''las corporaciones'' se clasificaron distintos grupos de representación y de gobierno: los partidos políticos, las burocracias de Estado —como las Fuerzas Armadas y la Justicia—, los medios de comunicación, los gremios de trabajadores y empresarios, la clase política, los técnicos, las instituciones internacionales, entre otros. La frase de Néstor Kirchner en su discurso de asunción en 2003, repetida durante todos los años de gobierno del FPV y símbolo de esta concepción política, sostenía que él no abandonaría sus convicciones políticas en la puerta de la casa Rosada (La Nación, 2003, mayo 25), señalando que nunca dejaría de representar a la ''gente'', aún frente a la presión de los intereses políticos y económicos —léase corporativos—.

Esta concepción de la lucha política del FPV y sus impactos en la construcción del carisma de Néstor Kirchner no pasó desapercibida para los estudios políticos. En los inicios del siglo XXI, frente al surgimiento de líderes que defendían la causa latinoamericana y la soberanía de la región, los estudios sobre el populismo comenzaron a florecer tanto en Argentina como en Latinoamérica (Laclau, 2006; Paramio, 2006; Biglieri y Perelló, 2007; Vázquez, 2009; Arenas, 2010; Freidenberg, 2011; De la Torre, 2013), generando nuevas interpretaciones sobre el origen de la legitimidad y la capacidad de movilización de estos nuevos referentes.

En el caso argentino, la vieja matriz sobre formas de construcción política en contextos de heterogeneidad social fue extremadamente fructífera para comprender cierta paradoja de la construcción política del FPV. ¿Cómo se explicaban los altos niveles de consenso y de legitimidad de un actor político con credenciales asociadas a los denostados y fragmentados partidos, que había llegado al poder con el 22% de los votos y asumía su gobierno luego de lo que pasó a la historia —en parte por la misma construcción realizada por este actor— como la peor crisis de la Argentina? La explicación ensayada por los estudios sobre el populismo en aquel país sostuvo que los sucesivos gobiernos nacionales del FPV podían ser interpretados como efecto de una construcción hegemónica. Desde esta perspectiva, las identidades políticas —uno de los componentes centrales de la hegemonía— son construidas permanentemente, de manera contingente y siempre en un contexto de inestabilidad, a través del establecimiento de una frontera que demarca quien está por fuera y por dentro de ellas. Así, esta línea sostuvo que el FPV definió heterogéneos y contingentes ''enemigos'', englobados bajo la denominación de ''corporaciones'' (Aboy, 2005; Rinesi y Vommaro, 2007; Rinesi, 2007; Yabkowski, 2012).

Este artículo indaga sobre los orígenes de esta concepción y forma de construcción política del FPV en las experiencias de esta organización en la provincia de Santa Cruz,1 territorio provincial en el que esta fuerza política surgió hacia fines de la década de 1980 bajo la denominación de Frente para la Victoria Santacruceña (FVS). A partir del análisis del perfil de la elite originaria del FPV y de un conjunto de acciones políticas y de gobierno, se brindan elementos para comprender lo que aquí se denomina política anticorporativa. Es en esta experiencia sub nacional de gobierno donde se pone en evidencia este perfil del grupo político, aunque con mucha menor intensidad que la expresada en los conflictos políticos en el ámbito nacional. El FPV, en su etapa provincial, se delimitó desde su génesis a ser una fuerza política ''por fuera'' de los grupos políticos y sociales, independientemente de la densidad y la amenaza ''real'' que estos significaron para sus gobiernos.

Para la investigación que sustenta el presente artículo se realizaron 35 entrevistas semiestructuradas realizadas en marzo y noviembre de 2009 a dirigentes de los distintos partidos políticos y sindicatos de la provincia de Santa Cruz. A través de las entrevistas se indagó sobre las formas de organización interna del FVS —ideología, división del trabajo, jerarquías, formas organizativas— y la particularidad de las trayectorias políticas y sociales de sus miembros, especificidad que se estableció a través del contraste con el resto de las organizaciones. También se utilizaron quince entrevistas a políticos y sindicalistas realizadas entre 1995 y 1996 por una radio local de la provincia para el mismo fin. Se analizaron diarios nacionales —La Nación y Página 12— y provinciales —La Opinión Austral—, revistas provinciales, documentos parlamentarios, archivos partidarios, decretos de necesidad y urgencia, y un conjunto de leyes vinculadas a los procesos de ajuste económico y reforma del Estado. Estas fuentes permitieron reconstruir el estado del campo político hacia principios y finales de la década de 1990, y las principales medidas —y sus fundamentos— tomadas en ese periodo. También se utilizó una base de datos construida por la autora sobre la trayectoria migratoria, educativa, socioeconómica y partidaria de las elites políticas de Santa Cruz entre 1973 y 1999, que permitió caracterizar el perfil de las elites políticas en ese territorio (Sosa, 2014).2

A lo largo del trabajo se visualizan dos interrogantes principales que se desprenden de la pretensión de explicar el origen de esta concepción política. En primer lugar, el artículo analiza las trayectorias de los principales miembros de la elite del FPV y busca comprender la relación entre el perfil de este grupo dirigente —de carácter marginal— y las acciones típicas de sus miembros, es decir, explora cómo construye políticamente un grupo que tuvo como característica principal situarse por fuera de los grupos predominantes de la política y la sociedad santacruceña. En segundo lugar, aborda la relación entre esta forma de construcción ''por fuera de los grupos predominantes'' con el perfil anticorporativo del FPV.

Para comprender en profundidad el surgimiento de este tipo de concepción política es necesario definir brevemente qué se entiende por mediaciones, concepto que se utiliza a lo largo del texto para denominar los lazos sociales o nexos que conectan a los individuos con el universo de las relaciones políticas, dimensión que permite acercarse al análisis de las estructuras. Puede comprenderse como la expresión de las distintas formas de cristalización de un colectivo político que trasciende a los individuos, que tiende a reproducirse en el tiempo y que posee un alto nivel de objetivación, así como también el conjunto de nexos o lazos que unen a los individuos a los grupos y los integran a la sociedad política (Balandier, 1971; Lacroix, 1984). Teniendo en cuenta esta definición, se observa cómo el FPV buscó permanentemente ''sortear'' los vínculos establecidos por las estructuras políticas plasmadas en los principales colectivos de representación política: las elites, los partidos políticos y las organizaciones sindicales.

Ahora bien, la relación entre esta construcción ''por fuera'' de los colectivos políticos y el perfil anticorporativo es más difícil de visualizar en el caso provincial. En primer lugar, porque este perfil se ha acentuado en la experiencia nacional del FPV, especialmente al calor de los conflictos con los grupos colectivos de representación. Efectivamente, según señalan los estudios que dan cuenta del carácter anticorporativo de esta fuerza política en el ámbito nacional, este rasgo identitario se acentuó y desplegó con mayor fuerza a partir de los conflictos establecidos con las corporaciones agropecuarias en 2008 y el multimedios Clarín, enfrentamiento que inauguró un fenómeno de polarización social y política que en Argentina se conoce como ''la grieta'' (Sosa y Obradovich, 2016). Como afirman tanto los estudios que señalan el perfil populista del FPV (Rinesi y Vommaro, 2007; Vommaro, 2010; Rinesi, 2010; Yabkowski, 2010) como aquellos que denuncian negativamente la falta de reconocimiento de las ''corporaciones'' como actores de representación (Gargarella, 2010; Nardacchione y Taraborelli, 2010; Sidicaro, 2011; Zelaznik, 2011; Novaro, 2011), el carácter adversativo que subyace a la construcción política a partir de la lógica amigo–enemigo se potenció a partir de este periodo de conflicto.

El carácter anticorporativo de la fuerza política —en el sentido recién mencionado— no es tan acentuado en el caso de Santa Cruz, producto de la debilidad de las resistencias ofrecidas por los actores de representación en ese territorio. Lo que se observa en el caso provincial es una ausencia de resistencias y confrontación con estos actores. Contrariamente, lo que predomina es la debilidad de los mismos, razón que explica las ''condiciones de posibilidad'' de construir una fuerza política ''por fuera'' de las estructuras. En consecuencia, lo que se observa es la falta de resistencias que los actores de representación o las ''corporaciones'' ejercieron sobre el gobierno de la fuerza en el ámbito provincial, característica que introduce diferencias fundamentales en el universo de las relaciones políticas que tuvo el FPV en las dos escalas de análisis, la provincial y la nacional.

 

1. La irrupción de la elite política del Frente para la Victoria en la política de Santa Cruz

La irrupción del FPV en la vida política de Santa Cruz implicó una inversión en los patrones de reproducción de las lógicas políticas locales. Desde su constitución como provincia argentina, luego de abandonar su condición de territorio nacional, estuvo atravesada por una permanente inestabilidad política. Desde 1958 hasta 1991, año en el que el FVS asumió la gobernación, solo un gobernador, Arturo Puriccelli (1983–1987), finalizó su mandato de gobierno. Los cuatro gobiernos provinciales electos democráticamente que se sucedieron entre 1958 y 1987 en este territorio solo duraron uno, dos o tres años. Esta vida política convulsionada fue acompañada, por otro lado, por un recambio permanente de los individuos que ocuparon las posiciones de elite provincial. Entre 1958 y 1987 los individuos que ocuparon las principales posiciones de la elite local —salvo excepciones—fueron cambiando de periodo en periodo, dando cuenta de un recambio permanente de los ocupantes de los principales resortes de decisión de la política en Santa Cruz (Sosa, 2014; 2015; 2016b).

La entrada del FVS en 1991 implicó un ingreso de la política local en una dinámica de estabilidad, contraria al pasado político local, y por otro lado, el ingreso de un grupo dirigente que se mantuvo ocupando los mismos cargos, los más importantes en materia de toma de decisiones en sucesivos periodos de gobierno. Fundada en 1988 y denominada originariamente Frente para la Victoria Santacruceña, desde su génesis esta fuerza política manifestó una historia de —como lo señala su propio nombre— victorias. Llegó a la gobernación en 1991 con menos de un tercio de los votos del electorado; asumió en un contexto de inestabilidad social, política y económica equivalente a la crisis de 2001 y su crisis financiera y de legitimidad política; sin embargo, pese a este panorama adverso, gobernó la provincia durante tres mandatos consecutivos (1991–1995; 1995–1999; 1999–2003).

Su irrupción en la política no solo supuso al advenimiento de la estabilidad política sino también la permanencia de un mismo grupo dirigente en la cúspide de las decisiones de poder político, que luego, a partir del 2003, protagonizó la política nacional. Néstor Kirchner, presidente (2003–2007); Cristina Fernández de Kirchner, presidenta (2007–2015); Carlos Zannini, secretario legal y técnico (2003–2015); Julio De Vido, ministro de Planificación (2003–2015); Alicia Kirchner, ministra de Desarrollo Social (2003–2015); y Ricardo Jaime, secretario de Transporte (2003–2009) —entre los principales—, ocuparon cargos en los ministerios neurálgicos del gabinete provincial, la gobernación y los cargos de diputados nacionales y provinciales durante los tres periodos consecutivos señalados, antes de comenzar su trayectoria política nacional en 2003 como organización.

1.1 Una elite sin capital social

El ascenso del FVS fue acompañado de un cambio general en la composición de las elites políticas en Santa Cruz que favorece la comprensión del perfil de buena parte de los principales dirigentes de aquella fuerza. A partir de 1991, año en que el FVS llegó a la Gobernación, la elite política de la provincia pasó a tener mayor cantidad de dirigentes originarios de otros territorios. De una muestra de cuarenta casos de las elites locales en diferentes periodos del siglo XX en Santa Cruz (Sosa, 2014), se desprende que mientras en 1983 diecisiete dirigentes habían nacido en Santa Cruz y once en otras provincias, en 1991 la relación se invirtió: veintiuno habían nacido en otras provincias y solo diez en la Patagonia (Sosa, 2014; 2015). El predominio del grupo de nacidos en otros territorios se expresó en los principales dirigentes del FVS con mucha intensidad. Néstor Kirchner y Alicia Kirchner fueron los únicos considerados miembros del FVS que ocuparon posiciones superiores en la política local, considerando la composición del Gabinete Ministerial, la Gobernación y la Vicegobernación (Sosa, 2014).

La condición de ''recién llegados a la provincia'' —categoría nativa con la que se denomina a quienes se radican en el lugar— de buena parte del grupo dirigente del FVS, no es la única evidencia de las escasas pertenencias sociales en el ámbito local, la época en que migraron a la provincia también es indicativo de este rasgo. La mayoría de los principales dirigentes que ascendieron en 1991 migraron hacia finales de 1970 y mediados de la década de 1980; efectivamente, de los diez dirigentes de la cohorte de 1983 que migraron a la provincia sobre los que tenemos datos, ocho lo hicieron entre las décadas de 1960 y 1970, y la misma frecuencia se observa en la cohorte de 1987. En contraste, más de la mitad de la cohorte de 1991 se asentaron en la provincia entre finales de 1970 y mediados de 1980 (Sosa, 2014, 2015).

La trayectoria y el perfil social de aquellos que migraron entre las décadas de 1960 y 1970 no era la misma que aquellos que lo hicieron posteriormente. La primera se nutrió, en parte, de camadas migratorias con mayores condiciones para la integración social, vinculada con el proceso de industrialización y la intervención del Estado (Sosa, 2014; 2015); la segunda, al contrario, fue una migración más individual y no se produjo en el marco de la política de radicación de habitantes en el territorio. A diferencia de los migrantes que formaron parte de las elites de la provincia con anterioridad —aunque fueran minoría—, poseían pertenencias sociales asociadas a los modos de integración anteriores al proceso de desestructuración. Los que ascendieron en 1991 ingresaron al territorio por fuera de esas inserciones que, aunque de manera relativa, integraban los individuos a los grupos (Sosa, 2014).

El grupo dirigente que ascendió con el FVS fue la expresión de este fenómeno social. Si se comparan las fórmulas de gobernador y vicegobernador de la provincia en 1991 con las anteriores, lo que se puede denominar la pérdida de inserción social de la elite en ciertos grupos se hace evidente. Néstor Kirchner fue el primer gobernador nacido en Santa Cruz que no era ganadero y Eduardo fue el primer vicegobernador santacruceño—siempre habían ocupado ese lugar dirigentes nacidos en otras provincias— y el primero de un gobierno peronista sin credenciales asociadas al sector petrolero (Entrevistas realizadas por la autora, 2009). Para entonces, Kirchner tenía un estudio de abogados fuertemente asociado al negocio inmobiliario y Arnold fue originalmente empleado del estado provincial (Sosa, 2014). Las formulas ya no reflejaban como antaño la pretensión de representación del Partido Justicialista ''de los de ahí'' y ''de los venidos'', de los del campo y de los de la industria.

Un paneo por la conformación de los elencos políticos durante el siglo XX en Santa Cruz permite observar el carácter novedoso de los atributos del FVS. En la historia de la provincia convergen, por lo menos en tres de las formulas políticas a gobernador, una combinación de ''tres clivajes'' de representación. La primera fórmula de gobernador —Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), 1958–1962— fue conformada por un abogado de Entre Ríos radicado en la localidad de Río Gallegos, Mario Paradelo, y un vicegobernador hijo de viejos pobladores y ganadero de la zona norte de la provincia, Miguel Madroñal; cuando se produjo el juicio político que lo destituyó asumió como gobernador otro integrante de la UCRI, trabajador de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), nacido en Chubut y con muchos años de residencia en Santiago del Estero (Ossés, 1991; Lafuente, 2007). La segunda fórmula de gobernador —Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), 1963–1966— fue conformada por un médico y un comerciante, ambos nacidos en Santa Cruz, uno del sur y otro del norte. La tercera y cuarta fórmula —PJ, 1973–1976 y 1983–1987— estuvo conformada por iguales perfiles: dos gobernadores ganaderos y nacidos en Santa Cruz, uno de zona sur y otro de zona norte, dos vicegobernadores radicados en la zona norte de la provincia, ambos nacidos en Santiago del Estero, empleados de la estatal YPF y con trayectoria gremial en el sindicato de los empleados estatales del petróleo (Ossés, 1991; Lafuente, 2007). Al interpretar la pertenencia social de los dirigentes, expresada en estas fórmulas como un indicador de pretensión de representación de sectores sociales, se puede reconstruir lo que aquí se denomina como tres clivajes: a) campo–industria estatal; b) nacidos y radicados; y c) norte–sur.

La fórmula que consagró al FVS en el gobierno provincial estableció un marcado contraste con el perfil de estas fórmulas políticas provinciales, presentando un esquema de representación que, en principio, solo contempló un recorte grupal establecido por la posición geográfica de los individuos: el norte y el sur. La fórmula del FVS abandonó la pretensión de representar los grupos que antaño había representado el PJ en Santa Cruz, poniendo en evidencia el cambio en las pertenencias sociales de la elite y su escasa inserción social en los grupos sociales predominantes de la provincia.

1.2 Una elite de políticos y políticas marginales

Esta descripción general de la elite permite comprender con mayor exactitud qué característica tuvo la trayectoria política de los principales dirigentes del FVS. Tanto el proceso de desestructuración como el cambio en la composición de la elite pusieron en evidencia nuevas condiciones sociales que afectaban a la clase dirigente local; los individuos que formaban parte de la misma poseían menos pertenencias colectivas, tanto políticas como sociales.

Como reflejan las entrevistas realizadas a dirigentes de segunda línea de la organización y como puede observase en las trayectorias de los dirigentes que ocuparon los principales puestos de gestión gubernamental (Sosa, 2014; 2016a), los miembros del FVS tuvieron como particularidad un escaso capital político. El perfil del personal político incorporado al FVS como resultado de su estrategia transversal de reclutamiento, ya que se conformó con dirigentes provenientes de todas las fuerzas políticas provinciales, fueron aquellos ubicados en las escalas inferiores de las organizaciones. Sumarse al FVS brindaba beneficios, ascensos y éxitos políticos más inmediatos a los que poseían menor capital político en otras organizaciones. Así, esta organización fue socavando las organizaciones políticas por abajo y luego hasta arriba, y su consolidación expresó cierto efecto de inversión de jerarquías.

Ciertamente, los principales miembros del FVS carecían de trayectorias políticas partidarias locales y la génesis de la organización les valió un ascenso político vertiginoso. Julio de Vido, Cristina Fernández de Kirchner, Carlos Zannini, Néstor Kirchner y Ricardo Jaime, casi toda la primera línea de la organización, no habían ocupado cargos partidarios de relevancia o no tenían trayectorias políticas consolidadas como funcionarios cuando esta organización comenzó a gestarse durante la década de 1980. En todos los casos, salvo el de los hermanos Kirchner, habían arribado a la provincia recientemente (Sosa, 2014).

Los primeros pasos en la política local de Néstor Kirchner fueron en 1983 en el Ateneo Juan Domingo Perón, una línea interna del PJ de Santa Cruz. Por aquellos años, el líder de la organización intentó iniciar una carrera política al interior de ese partido con la pretensión de postularse para gobernador, pero fracasó. En 1987 intentó nuevamente acceder a ese cargo, pero no contó —una vez más— con el aval de los miembros más encumbrados del partido (Gatti, 2003; Amato y Boyanovsky, 2008; Entrevistas realizadas por la autora, 2009). En esa coyuntura decidió establecer una estrategia más personal y alejada del partido, comenzando por competir por el cargo de intendente de Río Gallegos, capital de la provincia de Santa Cruz. Desde 1987 hasta 1991 ocupó este último cargo, acompañado por los principales miembros del FVS que se instalaron en los principales puestos de la política provincial cuando la organización arribó al gobierno provincial (Gatti, 2003; Amato y Boyanovsky, 2008; Entrevistas realizadas por la autora, 2009). Justamente, los miembros del FVS no poseían trayectorias partidarias, ni como funcionarios, con la excepción de Alicia Kirchner y Julio de Vido. Su capital político se erigió al calor del surgimiento y la construcción del FVS, desde el Ateneo Juan Domingo Perón hasta su fundación en 1988, en un armado político que siempre buscó situarse por fuera de los canales partidarios (Sosa, 2014).

El contraste de este ascenso exorbitante de dirigentes sin trayectoria fue el posterior posicionamiento de dirigentes que habían ocupado lugares superiores en otras organizaciones en cargos subalternos en el FVS, aunque no necesariamente. Así, en consonancia con los débiles vínculos que poseían con los grupos predominantes en el ámbito local, aquellos que históricamente había representado el peronismo, el grupo en ascenso no poseía prácticamente trayectoria en los partidos, en ese sentido es que pueden ser definidos como una elite de políticos marginales.

Finalmente, el carácter periférico del grupo no solo se observa en la trayectoria política y migratoria sino también, aunque de manera relativa, en sus pertenencias de género. En esta suerte de cúpula política las mujeres asumieron cargos por primera vez, en contraposición a las elites de gobierno anteriores al FVS en la provincia de Santa Cruz. De toda la vida política del siglo XX de la provincia de Santa Cruz, Cristina Fernández de Kirchner fue la primera y única senadora (1995–1997) en ocupar los principales cargos de la política provincial después de Néstor Kirchner y Alicia Kirchner fue la primera y única mujer que asumió un cargo ministerial (1991–1995; 1995– 1999; 1999–2003), ocupando un lugar central en los tres gobiernos de esta fuerza política (Sosa, 2014). Por lo tanto, el carácter marginal y periférico del FVS se expresó en su trayectoria migratoria, laboral y política, así como también —por lo menos de manera relativa— entre los principales miembros del grupo dirigente.

 

2. La relación de los miembros de la elite del Frente para la Victoria Santacruceña

En las diversas fuentes utilizadas para realizar la investigación que produjo los resultados presentados en este artículo, la elite del FVS apareció representada como un grupo homogéneo y compacto, al que solía referirse como el ''nucleo duro'' o la ''mesa chica''. Sin embargo, esta elite política ha carecido de lo que usualmente se denomina como cohesión interna.

En un contexto en que las fronteras y las estructuras partidarias perdían solidez el FVS no surgía como una nueva estructura. Al contrario, todo parece apuntar a que esta fuerza política se articuló bajo un formato que supuso la existencia de una organización carente de relaciones horizontales —que suponen la existencia de espacios de interacción colectivos—, que favoreció la construcción de un tipo de liderazgo que concentró las decisiones en la elite. En efecto, los dirigentes más importantes no poseían frecuentes relaciones de intercambio en espacios comunes que fortalecieran lazos de carácter horizontal, no mediados por el líder de la organización (Entrevistas realizadas por la autora, 2009).

El FVS abandonó los tradicionales cantos, ritos, reuniones y símbolos partidarios, espacios, prácticas y tiempos que formaban parte de la reproducción de las estructuras políticas. Los dirigentes que habían convergido en el FVS, como parte de la estrategia transversal de reclutamiento, tenían pertenencias y trayectorias partidarias diferentes, no compartían ideologías comunes y provenían de tradiciones políticas y sociales diferentes, lo que los hacía poco proclives a relaciones de intercambio y confianza. El trabajo de gobierno tampoco funcionaba como posible espacio de integración entre los principales dirigentes. De la misma manera que en el ámbito nacional, desde que esta organización llegó al gobierno no realizó ninguna reunión de gabinete, espacio de interacción altamente formalizado en el ejercicio de relaciones de gobierno (Sosa, 2014).

Como se refleja en el corpus de entrevistas pero también en el tratamiento periodístico de los rasgos de la organización, la relación entre los diferentes miembros y las diferentes categorías no solo era personalizada, sino también intermitente. Estos datos permiten sostener que incluso el usualmente denominado núcleo duro del FVS carecía de cohesión interna y de pertenencias comunes a espacios que fomenten las relaciones de intercambio e interacción, rasgo que se infiere adquirió mayor intensidad en la medida que entraron en crisis los partidos políticos. Así, la elite adquirió un carácter atomizado, no solo por la ausencia de lazos de confianza en su interior, sino también por el carácter compartimentado de la información frente a la ausencia de espacios de publicitación y convergencia del grupo en la toma de decisiones, estrategia principal de construcción de autonomía del principal dirigente de la elite, Néstor Kirchner.

2.1 La relación del Frente para la Victoria Santacruceña con el Partido Justicialista

Un eje central de la construcción de la autonomía política, como condición para la toma de decisiones, es el manejo de recursos económicos, indicador trascendental de la forma de construcción política. Una de las principales estrategias del FVS, en este sentido, fue construir un nuevo mecanismo de financiamiento, autónomo de las redes de intercambio vinculadas al Partido Justicialista de Santa Cruz. Para poder disponer de los recursos y de las decisiones que estos habilitaban tuvo que sustraerlos de la ''mirada'' y el ''control'' que las reglas partidarias más o menos formales tenían sobre los mismos. Para esto produjo un nuevo mecanismo de financiamiento, los denominados ''aportes para el Frente para la Victoria''. Las características y las formas en las que se implementó este mecanismo muestran la búsqueda de autonomía en el manejo económico y cómo su establecimiento estuvo relacionado con el debilitamiento de los espacios de interacción e intercambio en el colectivo peronista.

En las elecciones internas del justicialismo provincial de 1992 el FVS afrontó su primera disputa por la presidencia del partido y lo hacía mientras poseía el manejo de la estructura gubernamental. En el marco de esta interna, el FVS implementó una nueva modalidad de aportes para la organización. A partir de ese momento los cargos ''políticos'' que habían asumido con el FVS aportarían al FVS y no al PJ, e implicó una ruptura en la forma de gestionar los aportes que tenía el histórico partido. Para entonces existía una cláusula de la carta orgánica del partido que también formaba parte de la tradición, tanto nacional como provincial, de que los dirigentes que asumían tareas de funcionarios en cargos considerados ''políticos'' aportaran, de manera voluntaria, un porcentaje de sus ingresos como funcionarios al partido.3 Era una práctica nacional extendida, y no solo dentro del peronismo, que los dirigentes que accedían a cargos garantizados o ''ganados'' en nombre del partido, mediante el voto popular, debían realizar un aporte voluntario a la organización para sostener la estructura política.

Mostrando la debilidad que el PJ venía evidenciando como grupo político, las reacciones de sus dirigentes, especialmente aquellos que ocupaban cargos de autoridad no fueron significativas ni taxativas ante un mecanismo que vaciaba el partido de recursos. Ni los argumentos ni las acciones de las autoridades partidarias estuvieron orientadas a sancionar la acción del FVS, ni a los afiliados que dejaron de hacer los aportes al partido y comenzaron a aportar a la nueva organización (La Opinión Austral, 1992, diciembre 11; Sosa, 2014). Esto supuso que el FVS avanzara cómodamente sobre los recursos colectivos frente a la ausencia de resistencias sólidas. Efectivamente, establecer cursos de acción por fuera de las normas partidarias fue posible porque no hubo ni garantes ni resistencias que aplicaran sanciones jurídicas ni morales para aquellos que no velaran por los intereses del grupo PJ. Así, el FVS logró salirse de las instancias de control que históricamente habían pesado sobre los dirigentes miembros del partido peronista, aumentando el poder de decisión política garantizado por dichos recursos.

2.2 La relación del Frente para la Victoria Santacruceña con la dirigencia sindical

La dinámica de construir autonomía extrayendo las decisiones de la mirada, el control y la participación de terceros también se reflejó en la relación de la elite con la dirigencia sindical. Las principales medidas aplicadas por el FVS en la provincia de Santa Cruz en la década de 1990 se realizaron, como señalaba el propio Néstor Kirchner, en ''absoluta soledad''.4 En diciembre de 1991, dos días después de asumir el FVS, declaró el estado de emergencia económica, acompañado de un Decreto de necesidad y urgencia que llevó a la inmediata suspensión de los convenios colectivos de trabajo, de subsidios, subvenciones y regímenes de promoción y de todos los regímenes legales de determinación de remuneraciones del personal dependiente de cualquiera de los tres poderes del estado provincial. Mediante este decreto, que nunca pasó por la legislatura provincial, se delegó en el Ejecutivo el establecimiento de las remuneraciones correspondientes a todo el personal que formara parte del estado provincial (Sosa, 2014).

Frente a la evidencia de que pese a la declaración de la emergencia provincial el gobierno no estaba en condiciones de afrontar la crisis, un mes después el FVS aplicó la segunda política de reordenamiento interno. En enero de 1992, a través de un nuevo decreto, declaró la suspensión de los pagos de los sueldos atrasados por parte del gobierno provincial. Declaró el no pago del mes de diciembre y el no pago de la segunda cuota del aguinaldo, mientras que simultáneamente se produjo un descuento del 10% para los empleados que cobraran menos de 500 pesos y de 15% para los que cobren más de esa cifra (La Opinión Austral, 1992, enero 7). La Cámara de Diputados se encontraba en receso, el poder judicial en vísperas de la feria judicial y buena parte de la población, especialmente en una provincia con un fuerte componente de migrantes internos, estaba de vacaciones (La Opinión Austral, 1992, febrero 10). En julio del mismo año, el FVS aplicó la última medida orientada a resolver lo que para la época se denominaba el ausentismo y, paralelamente, la cuestión gremial. La política de presentismo fue un aumento salarial que tenía como contraprestación la asistencia perfecta orientada a terminar con el ausentismo y neutralizar el conflicto salarial, ejecutándola en ausencia física de los afectados y sus representantes a fines de julio de 1991, cuando la mayoría de los docentes estaban fuera de la provincia por el receso invernal (Sosa, 2014).5

Estas medidas, como las que continuaron posteriormente bajo su gobierno, rompieron con las concepciones políticas y formas de acción del gobierno peronista que el FPV sucedió. Bajo su gobierno, la Ley de emergencia económica se orientaba ya no a prestar garantías legales a los derechos que, producto de los atrasos económicos en las transferencias de la nación, imposibilitaban el sostenimiento de los mismos, sino a congelar las luchas por el poder adquisitivo de los salarios y así apaciguar el conflicto interno. A partir de su irrupción en la política provincial, la responsabilidad y la resolución de la crisis ya no implicaba a la nación y sus deudas sociales, como había sido interpretada por los gobernadores del mismo partido que lo precedieron, sino que debía ser resuelta y asumida por los santacruceños. En comparación con el gobierno de Ricardo del Val —el gobernador a quien sucedió Néstor Kirchner en 1991, en el marco de una situación de crisis que desembocó en un juicio político que lo destituyó—, esta organización eligió, como puede observarse, un curso de acción particular y diferente.

 

Conclusiones

En este artículo se analizó la relación entre la trayectoria social y política de los principales miembros del FPV y su perfil político anticorporativo en la provincia de Santa Cruz, territorio en el que surgió el Frente para la Victoria —originalmente Frente para la Victoria Santacruceña—, hacia finales de la década de 1980 y durante la década de 1990.

Como se hizo visible en el texto, en primer lugar, la elite del FVS poseía desde su acceso a posiciones de poder un carácter marginal de los grupos políticos y sociales predominantes de la provincia. Este grupo político, el primero que logró consolidar posiciones estables en las jerarquías superiores de la política provincial, presentó novedosos atributos que la diferenciaban de las elites políticas anteriores. No poseía entre sus miembros dirigentes con trayectoria en los gremios de propietarios ganaderos, ni en los sindicatos vinculados al sector minero, sectores en los que antaño el peronismo había reclutado a sus dirigentes. En contraposición, el ascenso del FVS significó el aumento de la proporción de nacidos en otras provincias, mujeres, trabajadores flexibilizados y políticos con escasas trayectorias partidarias dentro del grupo dirigente, conjunto de atributos con los que aquí se define a la elite como de carácter marginal.

En segundo lugar, en el trabajo se analizó el comportamiento de este grupo político en el gobierno y en el campo político. En sus acciones se hizo visible el perfil anticorporativo de este grupo político, que se expresó principalmente en una forma de construcción política por fuera de las mediaciones que implicaran la pertenencia a grupos de carácter colectivo, instituciones u otras formas de agrupación. Esta acción típica se pudo observar, por un lado, en el análisis de los vínculos y las interacciones entre los miembros de la organización, espacio político que careció de instancias de interacción e intercambios colectivos, horizontales y verticales; por otro lado, en la construcción política en su relación con el Partido Justicialista, en la que evitó sortear cualquier mediación que supusiera límites a la construcción de autonomía. Finalmente, se analizó la relación con los gremios y sindicatos de la provincia a los que, en situaciones de crisis, evadió como interlocutores. Buena parte de las medidas que los afectaban fueron tomadas durante los recesos vacacionales, periodos en que, en una provincia habitada por migrantes internos, una parte significativa de la población estaba ausente del territorio.

En cada uno de los vínculos que estableció esta fuerza política es posible visualizar la debilidad que poseían sus interlocutores, actores de representación de intereses sociales en el territorio. Este rasgo de los actores fue una condición de posibilidad para construir una fuerza política ''por fuera'' de los grupos políticos y sociales, sentando las bases para el desarrollo del perfil anticorporativo que esta fuerza tuvo, de manera más acentuada, en el ámbito nacional, contexto en el que la densidad, las características y la capacidad de movilización de sus interlocutores fue mayor.

 

Notas

* Este artículo presenta hallazgos de la tesis de doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires en 2014, Desintegración social y poder político. Génesis y consolidación del Frente para la Victoria en la Provincia de Santa Cruz (1988–1996). El trabajo de campo fue financiado por el PIP del Conicet (2009–2011), Configuración de las elites argentinas. Las relaciones entre los cambios estructurales y corporativos del poder económico, el ascenso de la tecnocracia y la desprofesionalización del poder político entre 1976 y 2002, dirigido por Ana Castellani del Instituto de Altos Estudios Sociales; por el proyecto de la Universidad Nacional de San Martín, Transformaciones recientes en la profesión política. Un perfil de las elites políticas argentinas entre 1973 y 2001, dirigido por Paula Canelo del Idaes; y finalmente, por el PIP (2011–2014), Reconfiguración de las elites argentinas. Perfil sociológico y dinámica de interacción de la elite política, económica y tecnocrática entre 2002 y 2010, (Unsam–Idaes), dirigido por Ana Castellani.

1 Santa Cruz es una provincia de la República Argentina, situada en la región de la Patagonia. Limita al norte con la Provincia del Chubut, al este con el océano Atlántico y al sur y al oeste con la República de Chile. Con sus 243 943 km² de extensión, es la segunda provincia más extensa del país y la segunda con menor cantidad de habitantes.

2 Esta base de trayectorias construida por la autora describe los atributos sociales de las cohortes políticas de Santa Cruz de 1958; 1973–1976; 1983–1987; 1987–1991; 1991–1995. Para realizarla, se partió de una muestra de cuarenta casos por cohorte conformada por los veinticuatro miembros de la Cámara de Diputados de la provincia, el gobernador y el vicegobernador, dos diputados nacionales, dos senadores, cinco ministros y cinco intendentes. Las fuentes utilizadas para su construcción fueron extraídas de Horacio Lafuente (2007); entrevistas realizadas por la autora; suplemento sobre los veinte años de la democracia argentina editado por el periódico de la Opinión Austral y el relevamiento de los actos de asunción de los diputados provinciales y entrevistas a diputados nacionales publicados en el mismo diario.

3 Información a partir de las entrevistas realizas por la autora en 2009.

4 Discurso inaugural de Néstor Kirchner en la cámara de diputados de la provincia de Santa Cruz (Santa Cruz, 1.° de mayo de 1992), Diario de sesiones parlamentarias, archivo de la Cámara de Diputados de la provincia de Santa Cruz, p. 10.

5 Información a partir de las entrevistas realizas por la autora en 2009.

 

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