Francisco Molina: Su elemento es el agua

Carmenza Uribe Bedoya*

Resumen


*Química, M.Sc. Profesora Jubilada de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Antioquia



Nadar y practicar el buceo a pulmón libre son dos de los pasatiempos de Francisco Molina Pérez, quien ha convertido el agua en parte de su existencia. Este profesor e investigador de la Universidad de Antioquia ha pasado casi toda su vida aprendiendo, analizando, descifrando, explorando, cuidando, investigando y por supuesto, disfrutando del agua. Escuchar su historia sorprende por la variedad de realidades que ha enfrentado. Ama la novedad y los grandes retos. Es Ingeniero Sanitario de la Universidad de Antioquia, Especialista, Magister y Doctor, y aunque pareciera que se ha pasado la vida estudiando, su experiencia laboral es extensa y trasciende los muros universitarios. Su historia es un ejemplo de tesón, disciplina, paciencia y logros.

En febrero de 1955 desembarcaron en Cartagena, provenientes de España, Francisco Molina Carulla y María Rosa Pérez Vega, los padres del profesor Francisco Molina. Se establecieron en el húmedo y lluvioso Quibdó, para ejercer como misioneros seglares. Allí en Quibdó, nació Francisco y también tres de sus cuatro hermanos. En 1961 la familia se trasladó en Medellín donde los padres se desempeñaron como profesores en dos instituciones tradicionales de la ciudad: el papá en el Liceo Marco Fidel Suárez y la mamá en el CEFA. De su padre heredó el amor por las matemáticas y de su madre recibió apoyo permanente en sus años escolares; ellos fueron sus primeros maestros.

De la familia recuerda con cariño los viajes anuales a la costa: un regalo familiar antecedido de un año de grandes expectativas, paseos que le generaron un sinfín de preguntas y curiosidades sobre la naturaleza; este fue su primer contacto con lo que posteriormente se convertiría en su pasión: el cuidado del medio ambiente. La disciplina, el buen ejemplo y el compromiso fueron la impronta familiar que aún hoy marcan su vida.

Francisco Molina es bachiller del Colegio San Ignacio de Loyola de Medellín, institución en la que aprendió a ver el mundo con ojos críticos. De sus épocas de bachillerato recuerda las grandes discusiones y reflexiones sobre asuntos fundamentales de la existencia y de la sociedad. Inició el programa de Ingeniería Química en la Universidad de Antioquia pero muy pronto, en el tercer semestre, se cambió a Ingeniería Sanitaria, un programa mucho más cercano a las necesidades de la sociedad. En el nuevo programa descubrió que le llamaban poderosamente la atención el enfoque centrado en agua potable, el cuidado del ambiente y la salud pública.

Cuando se graduó de Ingeniero Sanitario se vinculó a la División de Planeación Metropolitana, una incipiente unidad administrativa de la alcaldía de Medellín. Tal como él mismo afirma, la ingeniería se hace en campo, enfrentando la realidad, y la verdad fue que en Planeación le esperaban grandes retos: prácticamente le tocó inventarse el cargo. Asesorábamos al Área Metropolitana dando el visto bueno sobre si una actividad industrial se podía ubicar en una zona, pero no había reglamentación. Se hizo un gran esfuerzo por salir de la casuística, hacer una clasificación y definir criterios para esta clase de solicitudes. En esta metodología fuimos pioneros. Fue un trabajo muy bonito de organización, estructuración y sistematización y fue interesante trabajar con arquitectos, geólogos, ingenieros forestales y civiles. Nos tocó atender emergencias como la de Villa Tina y la de la urbanización Altos de Calasanz en el sector Calasanz Ferrini.

Pero quería seguir estudiando. En 1985 viajó a Sao Paulo, Brasil, a hacer la especialización en Ingeniería Ambiental. Una ciudad tan grande como Sao Paulo fue toda una escuela de aprendizaje sobre problemas y soluciones ambientales: el tratamiento de aguas residuales, los rellenos sanitarios, los procesos de compostaje y el manejo de la calidad del aire fueron el día a día en la Especialización. Al año siguiente de su regreso a Medellín, en 1987, le esperaba otro desafío: se vinculó a la Unidad de Saneamiento Hídrico de Empresas Públicas, para participar en el proyecto de saneamiento del Río Medellín. Allí aprendió a ver la ciudad con otros ojos y a resolver problemas de verdad.

En 1988 se ganó una convocatoria docente de la Universidad de Antioquia. Dejar Empresas Públicas y vincularse la Universidad fue una decisión difícil, pero la asumió. En la Universidad se ha desempeñado en investigación, docencia, extensión y administración. Uno de los proyectos más significativos de los inicios fue el que buscaba evaluar la calidad del agua del Río Negro y sus afluentes; interesante porque se trataba de modelar futuros para la calidad de agua de la cuenca del Río Negro. En 1995 asumió la dirección del Centro de Investigaciones Ambientales de la Facultad de Ingeniería, su primer cargo administrativo en la Universidad y a la vez su primer contacto con otra realidad universitaria, la administrativa: otras actividades, otras problemáticas.

Pero los deseos de seguir estudiando regresaron. En 1996 viajó a Cali para hacer la maestría en Ingeniería Sanitaria y Ambiental, programa que ofrecía la Universidad del Valle en convenio con el instituto holandés IHE (Institute for Water Education). En Cali tuvo la oportunidad de compartir espacios y academia con numerosos científicos extranjeros. Antes de terminar la maestría, cuando estaba haciendo la parte experimental, me llamó sorpresivamente el Vicerrector de Investigación Gustavo Valencia, y me contó que estaban avanzando con la iniciativa de creación de una dependencia que coordinara lo ambiental en la Universidad: la Corporación Ambiental. Me ofreció la posibilidad de ser el primer director de la Corporación. Un nuevo compromiso que acepté. Este fue uno de los cargos más importantes de mi vida porque me permitió conocer mejor la Universidad, sus círculos de poder.

Tuve un Consejo Directivo maravilloso, responsable, y comprometido, integrado por personas de la trayectoria y conocimientos de los profesores Jaime Palacio, Sandra Turbay y Alicia Uribe.

La Corporación inició con proyectos de investigación y muy pronto tuvo a su cargo un programa de pregrado: el de Ciencias del Mar, creado con el aporte de los profesores Jaime Palacio y Judith Betancur.
Además de las actividades propias de la Corporación, sus integrantes se vieron involucrados en programas de desarrollo y paz con lo cual Francisco tuvo la oportunidad de conocer el país desde la realidad del conflicto armado. Con el liderazgo de la Corporación se creó un programa de desarrollo y paz para el Darién y se contó con el acompañamiento y apoyo de personajes de la talla de Francisco de Roux, provincial de los jesuitas en Colombia y experto en temas de paz.

A pesar de las nuevas e interesantes experiencias propias de la Corporación Ambiental, su deseo de formarse más no había terminado. Después de dos períodos en la Corporación decidió hacer el doctorado. Esta vez su destino fue España, la tierra de sus padres. Me puse en contacto con Juan Lema quien coordinaba un grupo de bioprocesos y le dije a mi esposa: yo ya llevo seis años en la Corporación; necesito echar para adelante la idea del doctorado y así fue. Con su familia viajó a Santiago de Compostela, una ciudad pequeña y tranquila donde además de hacer el doctorado hizo grandes amigos. Desde su regreso de España en 2008, hasta hoy, ha trabajado en el grupo GAIA (Grupo de Investigación en Gestión y Modelación Ambiental) como investigador y más recientemente como su Director, cargo en el que espera fortalecer el propósito del grupo: el estudio integral de la calidad del agua en ambientes naturales como los humedales y artificiales como los embalses.

Cuando le pregunto por los maestros que lo marcaron, no duda en poner a sus padres en el primer lugar. Pero de cada institución conserva la memoria de maestros inolvidables. De la Universidad recuerda a los profesores Álvaro Salazar y Álvaro Orozco, ambos expertos en saneamiento y también al profesor Horacio Muñoz de quien heredó el curso de procesos biológicos. De Sao Paulo al profesor Fernando Guimaraes; de Cali, al profesor francés Didier Alazard; de Santiago de Compostela al profesor Juan Lema. Todos ellos fueron además de sus maestros, sus amigos.

En el grupo GAIA, el cual coordina desde el retiro del profesor Jaime Palacio, es respetado y admirado. El profesor Palacio dice: Francisco es una persona prudente, cuidadosa y pausada. Es responsable y de buen trato con la gente. Una característica que siempre le he admirado es su ecuanimidad. Se cuida bastante, le gusta nadar y caminar y no consume licor ni cigarrillo. En su finca le gusta hacer paella y compartir con la familia y los amigos. Su estudiante de doctorado John Fredy Narváez, recuerda lo que le dijo cuando le propuso ser su tutor: Aunque no he manejado mucho el tema de tu trabajo doctoral, es algo que podemos afrontar y aprender juntos. Dice además que el medio ambiente para él es tan preciado como la familia, que es cuidadoso administrando recursos y generoso en dar un voto de confianza al estudiante para que plantee sus propios aportes.

Esta es la fascinante historia de Francisco Molina. No le asustan los problemas. Enfrenta sus responsabilidades con confianza porque ha logrado todo lo que se ha propuesto. Se da el gusto de volver cada cierto tiempo a España para disfrutar de las hogueras en las noches de San Juan en pleno solsticio de verano. Su futuro familiar está asegurado con Dora, su esposa y compañera, cómplice de sus aventuras y también con sus hijos Santiago, estudiante de Arquitectura, Andrés, estudiante de Medicina y su hija Juliana, estudiante de bachillerato, a quien adora, un regalo de la vida. Su futuro como investigador consiste en generar más proyectos, seguir formando estudiantes, y claro, hacer su mejor papel como director de GAIA, significativo nombre para un grupo de investigación cuya razón de ser es el cuidado del agua ese elemento esencial de la biósfera, puesto que, tal como lo dijo Jacques Cousteau: [...] el ciclo del agua y el ciclo de la vida son uno mismo.

Fotografía Revista Experimenta





Francisco se da el gusto de volver cada cierto a España para disfrutar de las hogueras en la noche de San Juan en pleno solsticio de verano.

























De izquierda a derecha: Visita a Planta San Fernando, Profesores Escuela Ambiental, Visita Planta El Retiro, Caminata grupo GAIA, Visita Interceptor Norte, Laboratorio Estudiantes, Visita Interceptor Norte
























Desde su regreso de España en 2008, hasta hoy, ha trabajado en el grupo GAIA como investigador y luego como su Director, cargo en el que espera fortalecer el propósito del grupo.

















































El perfil del profesor Molina incluye una especialización, una maestría y un doctorado, y experiencias en entidades como la Alcaldía de Medellín y EPM.

























Fotografía cortesía profesor Francisco Molina

























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