De animales a dioses

Carmenza Uribe Bedoya*

Resumen


*Química, M. Sc. Profesora jubilada de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.



De animales a dioses es un libro original, revelador y provocador, que combina los hallazgos de varias disciplinas para producir un relato comentado y sorprendente sobre la historia de nuestra especie.

Un animal sin importancia, habitante de algún rincón de África, evolucionó hasta convertirse en lo que es hoy: la especie que controla el planeta. En De animales a dioses, Yuval Noah Harari cuenta prácticamente toda nuestra historia, la del homo sapiens, y para ello se plantea preguntas: ¿Cómo llegamos aquí, partiendo desde allá? ¿Cuál fue el secreto de los sapiens? ¿Cómo conseguimos establecernos tan rápidamente en tantos hábitats ecológicamente tan diferentes? ¿Qué hicimos para empujar a las demás especies humanas al olvido? ¿Qué futuro le espera al homo sapiens? En una amena narración, el autor propone respuestas fundamentadas en la historia, la evolución, la antropología, la geografía, la sicología, la religión y las ideologías.

Yuval Noah Harari es israelí, historiador, doctor en historia, y profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén. En sus primeras publicaciones abordó la historia militar medieval, pero recientemente se ha especializado en procesos macro-históricos y en historia del mundo, gracias a lo cual publicó en 2013 el best-seller Sapiens: a brief history of humankind, cuyo título en español es De animales a dioses, un interesante ensayo de tipo divulgativo sobre los hechos más relevantes de la historia del ser humano como especie. Con un lenguaje claro y directo, no exento de cierta ironía y de toques de buen humor, Harari expone sus argumentos ordenando los hechos en tres revoluciones: la cognitiva, que creó el lenguaje como forma de comunicación; la agrícola, que nos estableció en lugares fijos y permitió el aumento de la población debido a la mayor disponibilidad de alimentos; y finalmente, la revolución científica, que le da a nuestra existencia el aspecto y la singularidad que tiene hoy en día.

Algunas de nuestras creencias y convicciones más arraigadas son examinadas en detalle por Harari en los primeros capítulos del libro. Por ejemplo, parecemos tener clara nuestra diferencia (¿superioridad?) con los animales, pero no tenemos en cuenta que tal diferencia no ocurre en el nivel individual sino en el colectivo, puesto que como individuos, somos “vergonzosamente parecidos a un chimpancé”. La verdadera diferencia que tenemos con los animales radica en dos hechos: la cooperación y la flexibilidad. El colectivo humano sabe en la actualidad muchísimas más cosas de las que sabían los sapiens prehistóricos, pero a nivel individual, los antiguos cazadores recolectores eran las gentes más bien informadas y diestras de la historia, puesto que tenían menos probabilidades de morir de hambre o de desnutrición y eran más altos y más sanos que sus descendientes agricultores.

Es cierto que los animales cooperan, pero lo hacen de una forma rígida. Algunos animales cooperan de modo un poco más flexible, pero necesitan identificarse unos a otros y solo lo hacen en pequeñas cantidades. Los únicos animales que pueden combinar las dos habilidades, cooperar con flexibilidad y aún hacerlo en grandes cantidades somos nosotros, los sapiens. Todos los grandes logros de la humanidad a lo largo de la historia no se han basado en las habilidades individuales, sino en esa capacidad humana de cooperar de manera flexible en grandes cantidades.

La pregunta es: ¿cómo lo hemos hecho? La respuesta es contundente y expone el tercer elemento clave en el desarrollo de los sapiens: la imaginación. Cooperamos de manera flexible y en grandes cantidades porque nos hemos inventado realidades no naturales que nos permiten poseer un orden imaginado, en el que todo el mundo obedece y sigue las mismas reglas. Incluso lo que la gente cree que son sus deseos más personales, suelen estar programados por el orden imaginado, como por ejemplo el deseo popular de tomarse unas vacaciones en el extranjero. Mientras los animales viven en un universo de realidades naturales como un río, una montaña o un árbol, los seres humanos vivimos en medio de esas mismas realidades naturales, pero son indispensables para nosotros las ficciones que hemos creado: las naciones, las empresas, los imperios, los dioses, los derechos humanos y muy especialmente nuestra invención más exitosa: el dinero, el dios supremo, la única de las ficciones en la que, sin excepción, todos creemos.

En otros capítulos se muestra la revolución agrícola como el mayor fraude de la historia puesto que el agricultor medio trabajó más duro que el cazador- recolector, pero su dieta fue peor, y los culpables de tal fraude fueron un puñado de plantas como el trigo y el arroz: ellas domesticaron al sapiens y no al revés. Harari también analiza las consecuencias de la creación de la escritura, la peligrosa asociación entre ciencia e imperio, el patrón de comportamiento de la carrera armamentista, la pobreza, la enfermedad y el deseo de vencer al dolor y a la muerte. En los capítulos finales trata el fenómeno del desplome de la familia y de la comunidad local, reemplazadas por el Estado y el mercado, que se han convertido en el padre y la madre del individuo. Un capítulo especial está dedicado a la felicidad: la humanidad ha acumulado riquezas y logros durante los últimos siglos, la ciencia y la industria le han conferido poderes sobrenaturales y energía prácticamente ilimitada a los sapiens, la economía ha crecido de forma exponencial… pero ¿somos más felices? Al respecto Harari analiza las principales concepciones y creencias sobre el origen de la felicidad, un tema poco abordado por historiadores.

El epílogo esboza posibles futuros del homo sapiens y las nuevas realidades que deberá enfrentar: la ingeniería de cíborgs, una nueva tecnología que cambiará las leyes de la vida; la amortalidad implícita en el proyecto Gilgamesh; la posibilidad de existencia de seres completamente inorgánicos como los programas y los virus informáticos que pueden experimentar evolución independiente; el proyecto cerebro humano que pretende crear un cerebro completo dentro de un ordenador; formas de vida extrañas que nos superarán en capacidades y que probablemente nos reemplazarán. Al mismo tiempo expone las limitaciones a las que se enfrenta el ser humano al acelerar el deterioro climático y agredir su propio hábitat.

De animales a dioses es un libro original, revelador y provocador, que combina los hallazgos de varias disciplinas para producir un relato comentado y sorprendente sobre la historia de nuestra especie. Tiene la ventaja de no hacer afirmaciones absolutas y de plantear diversas posibilidades no solo para interpretar hechos, sino para anticipar posibles escenarios. Una vez recorridas las casi 500 páginas del libro, queda la reflexión propuesta al final por el autor:

Hace 70 mil años el homo sapiens era insignificante; su impacto sobre el mundo no era mayor que el de una luciérnaga o un pájaro carpintero. En los milenios siguientes se transformó en el amo de todo el planeta y en el terror del ecosistema. Hoy está a punto convertirse en un dios y de adquirir la eterna juventud y las capacidades divinas de la creación y la destrucción. (…) Somos más poderosos de lo que nos imaginamos y no sabemos qué hacer con ese poder. Somos más irresponsables que nunca y no tenemos que darle explicaciones a nadie. (…) En consecuencia causamos estragos a nuestros socios los animalesyal ecosistema, buscando nuestra propia comodidad, pero sin encontrar satisfacción. ¿Hay algo más peligroso que unos dioses insatisfechos e irresponsables que no saben lo que quieren?

Ilustración Lina María Moreno Restrepo




Parecemos tener clara nuestra diferencia (¿superioridad?) con los animales, pero no tenemos en cuenta que tal diferencia no ocurre en el nivel individual sino en el colectivo, puesto que como individuos, somos “vergonzosamente parecidos a un chimpancé”.





























Todos los grandes logros de la humanidad a lo largo de la historia no se han basado en las habilidades individuales, sino en esa capacidad humana de cooperar de manera flexible en grandes cantidades.





























La verdadera diferencia que tenemos con los animales radica en dos hechos: la cooperación y la flexibilidad.



























"Hace setenta mil años, nuestros antepasados humanos eran animales insignificantes, que solo se ocupaban de sus asuntos en un rincón de África con todos los demás animales. Pero ahora, pocos estarían en desacuerdo con que los humanos dominen el planeta Tierra; nos hemos extendido a todos los continentes, y nuestras acciones determinan el destino de otros animales (y posiblemente de la Tierra misma). ¿Cómo llegamos desde allí hasta aquí? El historiador Yuval Noah Harari sugiere una razón sorprendente para el surgimiento de la humanidad".




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