Preámbulo y bienvenida a la Academia Colombiana de Ciencias Veterinarias (ACIENVET)

Jorge Ossa Londoño

Abstract


La Medicina Veterinaria y la Zootecnia colombianas han jugado un papel definitivo en la construcción de la nacionalidad, desde las gestas libertadoras a principios del siglo XIX, hasta la fundación de la Medicina Veterinaria científica en 1885, a cargo de Claude Vericel, por encargo del Ministerio de Agricultura de entonces. Más tarde, entrada la segunda mitad del siglo XX, la Zootecnia hizo su ingreso en el panorama académico y productivo del país. Los tiempos intermedios entre estas fechas están ennoblecidos por grandes figuras que han hecho honor a estas profesiones. Muchos de estos últimos abogaron en su momento por la creación de una Academia, pero quizás los tiempos y las circunstancias no les fueron favorables para el éxito de su idea. Hoy los médicos veterinarios y los zootecnistas de Colombia, con el liderazgo de Comvezcol y personalmente de la Dra. Esperanza Másmela de Lobo, su presidenta, queremos apelar a la memoria de todos aquellos para crear la Academia de Ciencias Veterinarias.

Hoy, a principios del siglo XXI, las profesiones y el país afrontan amenazas de todo orden, en lo social-gremial, en lo académico, en lo económico. Muy particularmente las profesiones están afectadas por la carencia de liderazgos efectivos en lo filosófico, en lo académico, en lo gremial, y en lo político; justamente cuando el nuevo orden económico mundial, específicamente, la mundialización y su demanda de creación, movimiento y uso del conocimiento, nos están exigiendo una organización efectiva y eficaz para, desde nuestras propias realidades geopolíticas, y alimentados con la información universal, estemos preparados para crear las condiciones que le permitan al país su viabilidad ecológica; esto es, la producción sostenible de riqueza que asegure la salud total de sus gentes, aquí y ahora, y para las futuras generaciones.

Por su naturaleza histórica de ‘academia’, ACIENVET, tiene la misión de cubrir el campo académico pero, sin olvidar que la filosofía del gremio y el liderazgo profesional y ciudadano, también tienen que hacer parte de la reflexión, la investigación y la acción. Por tanto proponemos que la Academia tenga entre sus miembros a aquellos colegas que hayan avanzado en la comprensión de las áreas sociohumanísticas, con el encargo especial de promover la formación integral de los colegas, que permita la organización de las profesiones y la plena ciudadanía.

La Academia deberá ser un acicate para que los miembros de nuestras profesiones desplieguen su intelectualidad, es decir, su capacidad de hacer propuestas al país desde sus respectivas competencias profesionales y humanas. Muy especialmente corresponde a la Academia justificar en forma convincente y continua, ante la sociedad y ante el alto gobierno, la necesidad de incrementar la actividad investigativa sobre nuestras condiciones y recursos propios, como única alternativa a la colonización tecnológica que en nuestra profesiones ejemplifican, cada vez con mayor claridad, la avicultura y la porcicultura. O ¿dónde quedaron nuestros patólogos aviares y dónde los mejoradores criollos de la porcicultura?

Finalmente, esperamos de la Academia, que ilumine la formación de nuestros estudiantes y jóvenes profesionales. Por el impacto en las futuras generaciones de colombianos, ésta es la dimensión más importante. Sabemos que la Universidad atraviesa por dificultades y dilemas que amenazan la buena docencia: los profesores nunca hemos sido maestros; los profesores, ahora principalmente de cátedra y con compromisos en varias instituciones, no pueden hacer de la universidad un proyecto de vida, pues aquí el empleo se vuelve dominante. En estas circunstancias las posibilidades de una docencia de calidad, que tiene que ser necesariamente inquisitiva y crítica, se convierte en simples textos de la misión y la visión institucionales para adornar paredes y auditorios.

El colega Médico Veterinario y Zootecnista que además es padre/madre, compañero, vecino; tiene que ser también un ciudadano de su país y del planeta, como lo propone Morin, y para el efecto tiene que llevar en su maleta, no sólo la jeringa y el bisturí, sino principalmente, un conocimiento de sí mismo y de sus congéneres, para combinarlo con sus limitados conocimientos tecnocientíficos y hacer así lo que debe hacer, con sentido planetario.

Estamos seguros de que estos objetivos políticos, académicos y humanistas, fueron perseguidos por nuestros MIEMBROS FUNDADORES de todas las épocas; por eso, hoy, invocamos su memoria y armados de compromiso y esperanza, creamos la ACADEMIA COLOMBIANA DE CIENCIAS VETERINARIAS (ACIENVET).

Jorge Ossa Londoño, MV, MS, PhD.
Comité editorial


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