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Presentación

La historia de la infancia en América Latina ha experimentado en las últimas décadas un notable proceso de expansión y renovación. El campo ha cobrado, de hecho, entidad propia. Los niños se han convertido en objeto de diversas miradas y variadas indagaciones. Un efecto adicional y altamente beneficioso de esas nuevas aproximaciones ha sido abrir múltiples ventanas para entender desde ópticas diferentes procesos y acontecimientos que ya habían sido estudiados por la historiografía, como los efectos de las crisis económicas, las políticas educativas, los alcances de ciertos programas, el surgimiento de instituciones, la educación para la ciudadanía o el desarrollo de la sociedad de consumo, entre otros temas. Frente a las perspectivas más tradicionales que solían pensar a los niños como sujetos pasivos o meros receptores de iniciativas concebidas e instrumentadas por los adultos, abordajes alternativos han permitido ampliar considerablemente el abanico de interrogantes, los marcos de análisis y las líneas de exploración. De este modo, investigaciones en torno a la relación entre la cultura material y la infancia, la representación de los niños en diversas producciones culturales (como la fotografía, el cine, la pintura, la literatura o la prensa), o la educación de la infancia, demostraron que los niños generalmente ocuparon un lugar simbólico para representar tanto los problemas del presente como, sobre todo, las utopías de futuro.

En el contexto general del impulso que han cobrado los estudios sobre la historia de la infancia en América Latina y de la renovación de temas y enfoques, persisten —sin embargo— ciertos vacíos que es preciso subrayar. La historiografía todavía se concentra en investigar las formas en que los niños fueron pensados, imaginados o representados por los adultos. Así, la infancia aparece como un conjunto de ideas y nociones construidas por médicos, psicólogos, pedagogos, criminólogos, literatos, fotógrafos, pintores o periodistas, entre otros. Por ejemplo, un tema recurrente es la construcción de infancias ideales en las que el niño blanco, de mejillas sonrosadas, escolarizado, saludable y de clase media se erigía como un ideal común en muchos de los países latinoamericanos. A lo largo de los siglos XIX y XX, en mayor o menor grado, se buscó encauzar hacia este ideal a las plurales infancias de la región para cumplir con ese paradigma. Si bien las perspectivas que apuntan a historizar aquellas construcciones son enriquecedoras en muchos sentidos, la contracara es la relativa escasez de indagaciones referidas a las formas en que los niños efectivamente interactuaron, dialogaron, resistieron o se apropiaron de las ideas y proyecciones que sobre ellos se diseñaban desde el Estado, la Iglesia o desde la sociedad civil.

Hay excepciones: estudios recientes han procurado rescatar la voz y las miradas de los niños sobre el mundo en el que les tocó vivir, así como subrayar su acción social. Se han comenzado a explorar cuestiones tales como los espacios de sociabilidad y la creación de culturas infantiles, las tramas de relaciones en las que se insertaban los niños, así como las producciones que realizaban. Se trata de aproximaciones todavía parciales y fragmentarias, pero que permiten, no obstante, trazar coordenadas de exploración y de análisis a partir de las cuales será posible continuar profundizando la renovación de la historia de la infancia. Es necesario discutir, por ejemplo, las variadas experiencias y modalidades de agencia infantil, las maneras en que los niños dialogaron con las miradas y prácticas adultas, los vocabularios y preferencias que fueron desarrollando, al igual que el modo en que interactuaron con las construcciones sociales de la infancia que circulaban en torno a ellos. Los niños podían ser trabajadores, obreros, soldados, lectores, militantes, escritores, artistas. Los niños formaron parte de los flujos migratorios, tuvieron un papel activo en las emergentes sociedades de consumo, integraron (y crearon) asociaciones y clubes, elaboraron periódicos, elaboraron ideas sobre el mundo que los rodeaba y buscaron expresarlas. Como sabemos, la acción de los sujetos es en gran medida una construcción cultural que va cambiando a lo largo del tiempo y que depende de múltiples variables: la condición social, étnica, de género, y también la edad. Los trabajos que hemos reunido en este dossier reflexionan, precisamente, sobre algunas de las formas en que niños y niñas del pasado construyeron agencia y vivieron como actores sociales.

Los cuatro artículos que componen el dossier presentan el resultado de investigaciones realizadas con base en la revisión de fuentes primarias y con perspectivas analíticas que se inscriben en el marco de la historia social y cultural de la infancia, poniendo el acento en la capacidad de acción y de reflexión de los niños. El arco temporal abarca desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX, y la geografía de los textos incluye diversos escenarios: México, Argentina, Chile y Brasil. En ellos podrán encontrarse a niños y niñas trabajadores, lectores y escritores, y situaciones que demuestran sus posibilidades de erigirse como sujetos activos, capaces de elaborar estrategias para mejorar sus condiciones de trabajo, de rebelarse contra la explotación, de convertirse en autores y expresar sus ideas.

Susana Sosenski

Universidad Nacional Autónoma de México

Inés Rojkind

Universidad de Buenos Aires - CONICET

DOI: dx.doi.org/10.17533/udea.trahs.n8a01

Resumen : 893

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