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Niños en huelga. El caso de la Fábrica Nacional de Vidrios. Chile, 1925

Jorge Rojas Flores

Introducción

Se ha escrito bastante sobre los niños que trabajaron en la etapa temprana del capitalismo europeo, norteamericano y latinoamericano. En general, estos textos se han centrado en los abusos patronales, la funcionalidad económica que tenía la contratación de muchachos con salarios más bajos y el largo camino que condujo a la regulación de esta situación.1

En este artículo nos enfocaremos en una dimensión distinta: la forma en la que los propios niños reaccionaron frente a las condiciones específicas que debieron enfrentar. Varios historiadores interesados en los trabajadores detectaron la presencia infantil en distintos sectores económicos, a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Sin embargo, solo algunos han puesto atención en los conflictos laborales, donde los niños obreros tuvieron una importante intervención como sujetos activos y no simplemente en cuanto víctimas. Algunos investigadores han ofrecido estadísticas que muestran la frecuencia en que esto se produjo. Sin embargo, los valores tienden a ser poco precisos, debido al difuso empleo del término niño y “menor de edad”. Aún así, los resultados son muy ilustrativos de la importancia que tuvieron en esas acciones reivindicativas, casi en su totalidad lideradas por adultos.2

Por las dificultades que conlleva una problemática de estas características, nos limitamos a estudiar un grupo particular de niños, aquellos que laboraban en las fábricas de vidrio, y específicamente en la coyuntura de una huelga desarrollada en 1925. Para ello, seguiremos el conflicto a través de la prensa, complementándola con la documentación oficial de la Dirección General del Trabajo. En el caso de los periódicos, pudimos revisar diarios de circulación comercial (El Mercurio, La Nación, Las Últimas Noticias, La Segunda, La Opinión y El Diario Ilustrado) y también de origen sindical comunista (La Federación Obrera, Justicia y El Despertar de los Trabajadores), todos los cuales hicieron referencia a los hechos.

Nos interesa comprender, mediante un estudio de caso, la capacidad que tuvieron los propios niños (en forma individual y colectiva) para enfrentar su situación laboral, a veces resistiendo formas de abuso, aprovechando elementos del entorno a su favor o movilizando recursos para conseguir sus objetivos.

Si bien los resultados de este estudio no se pueden extrapolar a todos los niños trabajadores de la época, esperamos hacer comprensibles los factores que pudieron ayudar a que el conflicto tuviera como centro las demandas infantiles. Por ello, nos interesa analizar los factores que participaron en el estallido de la huelga y la forma en que éstos afectaron a los muchachos.

1. El trabajo infantil y la cuestión social

La presencia de niños en la actividad laboral no surgió con la modernización capitalista. Hay vestigios de ella en comunidades prehispánicas, así como en los distintos espacios de la sociedad colonial e inicios del período republicano.3 Con la aparición del capitalismo en Chile, a mediados del siglo XIX, se ampliaron las posibilidades para el trabajo asalariado y las nuevas formas de organización del trabajo agregaron novedades, como la concentración de niños en algunas actividades fabriles.4

A partir de entonces, fue posible distinguir entre trabajo infantil tradicional y moderno. Este último acaparó más la atención pública por los altos volúmenes de personal que se concentraban en las instalaciones industriales, la avanzada tecnología que ocupaban y la intensidad en el trabajo. Teniendo como modelo las pujantes economías de Europa y Estados Unidos, la versión local del capitalismo parecía ofrecer evidencia de las posibilidades que se abrían en un futuro cercano, así como los efectos sociales que arrastraba.

A comienzos del siglo XX, la situación chilena era bastante heterogénea. Niños y niñas estaban presentes en las más variadas actividades: en labores agrícolas y de pastoreo, en el servicio doméstico y en oficios callejeros.5 La explotación minera también atrajo la participación de niños, en el carbón y en las salitreras.6

En la actividad manufacturera, hubo alta proporción de niños en pequeños talleres, con escasa tecnología, dedicados a la elaboración de cajas, sobres, jabones, velas, galletas y fideos. En algunos, el porcentaje de muchachos —mujeres y varones— era bastante elevado. En las de fideos, por ejemplo, podía fluctuar entre 20 y 40% del total de trabajadores. Sin embargo, en las fábricas más grandes esta proporción tendía a descender. Algo similar ocurrió en la producción de galletas. Sin embargo, la proporción era baja en las panaderías, aunque se trataba de pequeños talleres, quizás por las características de la actividad (que requería poco personal y muy especializado) y la fuerza de sus sindicatos. En la fabricación de cajas, sobres y serpentinas, la proporción de niños llegó a ser muy alta, sobre 80%. En las imprentas, en cambio, había menos niños. En las herrerías se ocupaban muchos, pero esta actividad comenzó rápidamente a declinar. Las fundiciones, en cambio, no contrataban una gran cantidad, en tanto las fábricas de fósforos si lo hacían, fluctuando entre 14 y 25% en Talca.7 El aumento en el tamaño promedio de las industrias, en los años veinte, produjo un repliegue del trabajo infantil en algunas actividades, aunque esto no llegó a afectar a las fábricas de vidrio, que en su totalidad eran empresas grandes y modernas.

La producción de vidrio generó varios oficios específicamente infantiles. La documentación menciona a niños “archeros”, “destacadores”, “cañeros”, “molderos”, “de corte y grabado”, “levantadores”, “paleros”, “suplentes”, “de reserva” y “aguadores”.8 Al parecer, las formas de producción eran muy similares a las que existían en Europa y Estados Unidos, integrando la dimensión artesanal (en particular, ligadas a la técnica del soplado) y la industrial (tareas asociadas a la producción semiautomática en serie).9

La fabricación de envases de vidrio comenzó a ensayarse en Chile a fines del siglo XIX, como producto de la elevada demanda de la industria cervecera y vinícola, el consumo hogareño (vasos, copas), y en hospitales y laboratorios (ampollas y recipientes). Recién en 1902 se logró instalar en Santiago la Fábrica Nacional de Vidrios en calle San Diego.10

Otras fábricas, como Los Aliados, El Crisol y Yungay, se sumaron a comienzos de siglo a la producción de envases de vidrio en Santiago, aunque, al parecer, tuvieron menos capacidad productiva y conservaron sistemas más tradicionales. Pese a que el número de trabajadores en el sector del vidrio fluctuaba de acuerdo a la demanda y los ciclos económicos, la proporción de niños siempre fue alta. Una fábrica localizada en la ciudad de Rancagua contrataba 100 niños en 1911 (un 44% del total de operarios).11 Según información de 1921, en la Fábrica Nacional de Vidrios había 1.261 operarios, de los cuales 383 eran niños, es decir un 30%.12 El rango se mantuvo entre 25 y 35%, a lo largo de las tres primeras décadas del siglo XX.13

La prensa prestó amplia atención a las condiciones en que se desarrollaba al trabajo infantil en algunas industrias. Los informes de los inspectores del Trabajo también jugaron una función importante. En uno fechado en 1921 la autoridad demostraba preocupación por los peligros que enfrentaban los niños en la Fábrica Nacional de Vidrios, expuestos a altas temperaturas y al fino polvo.14 Además, se describía el trato violento que aplicaban los capataces, con descuentos salariales, despidos y golpes. En muchas ocasiones agredían a los pequeños “con barras de vidrio caliente, dejándolos marcados”.15

Como el interés de la prensa y de los inspectores era denunciar los riesgos que debían enfrentar los pequeños obreros, algunos aspectos de la vida social de los trabajadores fueron omitidos. Por ejemplo, la fuerte disciplina interna se debía, en parte, al ambiente de juego y travesuras durante las horas de trabajo que no lograban ser contenidas, lo que generaba cierto nivel de descuido en las labores y situaciones de riesgo, algo que también se registraba en fábricas similares de otros países.16 También hay referencia a la rudeza que predominaba entre los mismos trabajadores, que contagiaba a los propios niños. Un relato menciona un ritual de iniciación para hombres: un obrero adulto, amarrado de un pie y una mano, se enfrentaba a los muchachos que desafiaran su fuerza.17 La dinámica social, por tanto, no estaba limitada al control y la sumisión. La interacción entre los distintos sujetos que convivían al interior de la fábrica era compleja, todos ejercían algún grado de poder sobre el resto de acuerdo a las circunstancias.

El Estado también se hacía presente a través de algunas regulaciones que ya se habían incorporado en la legislación, como en materia de higiene industrial y de arbitraje en caso de conflicto.18 En cuanto a la escolaridad, en 1920 se estableció la asistencia obligatoria a la educación primaria. Tanto en zonas rurales como fábricas, la ley respectiva contempló la instalación de escuelas en los centros de trabajo. Siguiendo esta normativa, la Fábrica Nacional de Vidrios abrió una poco después. Las clases duraban una hora y media y los horarios variaban, para adecuarse a los tres turnos.19

A pesar de estos cambios, todavía había muchos vacíos. Como no había una legislación que prohibiera o regulara el trabajo nocturno en este tipo de establecimientos, la Oficina del Trabajo solo podía hacer sugerencias. Una de ellas era lograr que los niños se trasladaran a otras fábricas, incluidas “pequeñas industrias agrícolas”, consideradas más saludables. La comisión visitante de 1921 constató que se cumplían las medidas prescritas en la ley de accidentes laborales, aunque faltaban ventiladores y mejoras en la higiene.20 Para entonces, la situación laboral dependía de algunas regulaciones, pero también del criterio del patrón y de la capacidad de presión de los trabajadores.

En los años veinte, la sensibilidad hacia estos temas ya estaba bastante consolidada, lo que incluía a segmentos importantes de la dirigencia sindical. Sin embargo, la principal atención seguía volcaba hacia el tema salarial. El trabajo de los niños solo surgía como una preocupación real cuando podía afectar la situación laboral de los adultos.

Comunistas y anarcosindicalistas incorporaron a los niños tanto en sus referencias discursivas como en sus prácticas. En sus declaraciones, por ejemplo, los niños trabajadores eran considerados una muestra indesmentible de la voraz explotación capitalista. Con frecuencia se les calificaba de “compañeritos”, en alusión a su condición de clase. Tal como ocurría con las obreras, se enfatizaba su vulnerabilidad y fácil exposición al abuso, lo que se traducía en una actitud sobreprotectora, que no dejaba mucho espacio a su intervención dentro de la vida sindical.21 En todo caso, la propia experiencia fue generando cambios o cierta apertura a la participación de los niños en determinadas circunstancias.

La década de 1920 se caracterizó por una intensa y oscilante agitación socio-política, que derivó finalmente en cambios institucionales. En la coyuntura específica de 1924 y 1925 el ciclo iba en ascenso, aumentando significativamente el número de conflictos laborales, los que en su mayoría fueron bastante favorables para los trabajadores. La agitación social tuvo un alto costo, debido a que el clima de confrontación resultó a veces extraordinariamente tenso, reflejado en dramáticos momentos de protesta social que a veces desembocaron en incidentes.22

Este contexto acompañó la presencia de niños en el trabajo. No solo fueron mencionados con insistencia por la prensa para ejemplificar el abandono institucional, las formas de abuso patronal y la necesidad de intervenir en su favor para protegerlos y salvarlos de las brutales amenazas que asechaban. También pasaron a ser considerados en las propuestas generadas por parte de algunas organizaciones sindicales, de regular las condiciones de trabajo en materias de escolaridad, restricciones para el trabajo nocturno, etc. Otros gremios fueron más radicales, llegando a plantear la prohibición de contratar a menores de 18 años. Los panificadores estuvieron en esa posición.23

La experiencia misma de movilización social fue un elemento importante que seguramente afectó a los propios niños, trabajadores o no, acostumbrados a observar y en algunos casos a participar en las numerosas marchas, “mitines” (meetings), asambleas y otras acciones callejeras, en locales sindicales y teatros. En algunos casos se llegó a incluir a niños como oradores.24

Los años 20 fueron particularmente sensibles al tema de la infancia. Se hizo común por entonces el paseo anual de los huerfanitos, organizado por el gremio de conductores de taxi; la colecta a favor de los niños pobres, organizada por el Patronato de la Infancia; el reparto de juguetes después de Navidad; la distribución de leche y ropa; las campañas a favor de la maternidad, la higiene bucal e incluso algunos concursos de belleza y arte infantil, además de los primeros pasos de la Semana del Niño y la inauguración de un museo dedicado a los cuidados sanitarios.25

En la década de 1920 también se produjeron los primeros intentos adultos por organizarlos, en respuesta al clima de agitación e inestabilidad. Algunos esfuerzos alcanzaron gran masividad, preocupándose por moldear una moral respetuosa de la nación, el cuidado del cuerpo, la recuperación de algunos valores amenazados, estimulando la acción social a favor de los pobres y la vida sana. Fue la época de expansión de los boy scouts, las girl guides, la Cruz Roja Juvenil, los niños cruzados, las colonias de verano y múltiples formas de ritualidad cívica. Los comunistas también generaron sus propios canales de socialización infantil, para contrarrestar el influjo de la “cultura burguesa”, como fueron las escuelas racionalistas y la Avanzada Infantil Comunista, entre otras iniciativas.26

2. Los niños en los conflictos laborales

Si seguimos la presencia infantil en las actividades laborales en las cuales tenían mayor participación, no siempre es posible detectar la forma en que se relacionaban con su entorno en los momentos de mayor conflictividad. Cuando la documentación solo confirma que estaban ahí, podríamos suponer que su papel era más bien secundario, subordinado, sin mayor protagonismo.

En ciertos casos, su presencia fue mucho más activa y protagónica. Ocurrió en rubros como la venta de diarios, unos pocos oficios en la pampa y algunas actividades fabriles. En varios casos, esto coincide con lo vivido en Estados Unidos y Europa, según las pocas investigaciones que relatan la presencia de niños en algunas huelgas.27

Entre los suplementeros, los niños se hicieron visibles desde fines del siglo XIX, cuando surgió el oficio con la expansión de la industria editorial. En Estados Unidos esto ya había ocurrido y la presencia masiva de niños en la venta callejera pronto generó conflictos con las editoriales, que desembocaron en la gran huelga de 1899.28 En Chile, varios relatos de época asociaban a los muchachos “suplementeros” o “canillitas” con los bajos fondos: siempre mal vestidos, sucios, descalzos, desafiantes y viciosos. Reunidos en verdaderas pandillas callejeras, se tomaban el centro de Santiago a la hora en que salía la prensa, compitiendo por la venta. El conflicto con las imprentas no tardó en aparecer. En 1902, fueron estos niños quienes se opusieron al alza de precios que determinó El Diario Ilustrado. Al comienzo, la empresa defendió su posición e intentó mantener la distribución con ayuda del equipo de periodistas. Sin embargo, esta estrategia no pudo mantenerse en el tiempo y, finalmente, debió ceder y retomar el valor original.29

Entre los lustrabotas, por el carácter independiente de la actividad, no es posible identificar huelgas. Tampoco hay evidencias de que hayan actuado de una forma autónoma para organizarse en razón de las restricciones para trabajar o las condiciones que las autoridades locales les exigían. Al contrario, los diversos intentos por obligar el uso de uniforme y por escolarizarlos estuvieron dirigidos por sacerdotes, profesores y policías. La mayor parte de estos niños llegaron al oficio a partir de autorizaciones municipales, que permitieron ejercer el oficio para resolver una situación de vagancia previa.30

En las minas de carbón logramos encontrar algunos vestigios de la participación de niños en huelgas. Sabemos de ello por la documentación oficial, más que por la prensa. Tampoco hay evidencias de demandas exclusivas de los niños. Más bien, la tendencia era que éstas se integraran a los movimientos encabezados por los adultos. Por ejemplo, una huelga que duró dos semanas, en julio de 1916, en Curanilahue, incluyó a un centenar de niños, que se sumaron a los más de 900 obreros adultos; en otra mina de la misma zona, hubo 250 niños y 1.250 hombres adultos comprometidos en otro conflicto, también en julio. En diciembre de ese mismo año estalló una tercera huelga en las minas de Schwager (en Coronel), en la cual participaron 300 niños sobre un total de casi 2,200 operarios. Como se puede observar, la presencia infantil en las huelgas fluctuaba entre 10 y 16%.31 Aunque había labores típicas de niños, estas no se encontraban concentradas en una sección en particular. Los porteros trabajaban más bien solos y el resto de las tareas infantiles se llevaban a cabo al lado de un minero de mayor edad. Quizás esto ayudó a que no surgieran demandas comunes. Además, hasta donde sabemos, en su mayoría eran hijos de mineros que también laboraban en la mina, lo que posiblemente generó cierto control sobre su comportamiento para evitar accidentes o acciones irresponsables. La mina de carbón parece haber sido poco favorable para desarrollar una sociabilidad cotidiana entre los niños en la actividad misma. Esto era posible fuera de la mina, pero difícilmente dentro de ella.32

En la extracción de salitre hubo semejanzas y diferencias. Algunas labores eran ocasionales y se concentraban en la época de embarque. Era el caso de los “matasapos”, en las canchas de acopio, donde predominaban niños encargados de triturar los bolones más pequeños del salitre cristalizado. Varios oficios como los de “destazador”, “latero”, “oficial de polvorero”, “chavetero” o “cabero” se realizaban al lado de un adulto, preocupado por mantener el ritmo de la actividad.33 El cuidado de las mulas parece haber sido algo más permanente y mayor la cantidad de niños. De hecho, es posible detectar un conflicto protagonizado por niños muleros en 1924, en demanda por mejores salarios.34

La situación fue menos homogénea en el caso de los niños que trabajaban en las fábricas. Al parecer, el tipo de actividad, la ubicación geográfica, el tamaño de la empresa y otras condicionantes afectaron de modo diferenciado la experiencia. Por ello, es complejo generalizar en torno a este vasto sector, lo que tampoco sucedió en la época.

Aunque hay evidencia de niños en las fábricas de azúcar, no encontramos registros de su participación en huelgas. Los establecimientos de este tipo eran pocos y concentraban una gran cantidad de operarios, entre ellos muchos niños, aunque su número fue en declinación con los años. La Compañía Refinería de Azúcar de Viña del Mar, la más grande todas, tuvo la peculiaridad de que su propietario, Julio Bernstein, aplicó tempranamente una política de bienestar (materializada en viviendas para algunos trabajadores) que seguramente moderó la acción sindical. Aunque esto no significaba la inexistencia de conflictos laborales, al parecer los trabajadores beneficiados por esta política paternalista desalentaron la protesta social al interior del establecimiento.

En algunas fábricas la presencia de niños fue objeto de atención para recalcar su función de rompehuelgas. Así ocurrió en la larga huelga de fideeros, a mediados de 1924, en la que participaron una docena de pequeñas fábricas. Un diario obrero lamentaba esta situación, resaltando la inocencia de los niños, obligados a trabajar bajo duras condiciones que muchas veces les provocaban accidentes.35 En 1926 se volvió a denunciar un hecho similar, esta vez contra Leopoldo Luchetti, quien había despedido a todos sus operarios y los había reemplazado por una “infinidad de niños menores de edad”.36

En las fábricas de vidrio la prensa llegó a mencionar la presencia de niños en algunos conflictos, sumados activamente a ellos. En 1924, hubo una huelga que se prolongó por cerca de un mes en la Fábrica de Vidrios Yungay. El diario La Federación Obrera, órgano de la Federación Obrera de Chile (FOCH), mencionaba que el conflicto había surgido por la designación de un jefe “déspota” y “atrevido”, de origen alemán. A raíz de eso, los trabajadores de varias secciones paralizaron. Poco después se generó una reacción violenta de un contador, quien las emprendió de forma matonesca contra un niño. En solidaridad paralizaron sus labores los demás “compañeritos” y el día 11 toda la fábrica se había sumado al movimiento, incluidos los “compañeros alemanes”, al parecer los más especializados. Hubo incidentes y despidos. La policía no permitió que las jóvenes trabajadoras se reunieran a la salida. En respuesta se organizaron asambleas y se redactó un pliego de peticiones. En toda esta situación, el diario resaltó el entusiasmo de los niños.37 La carta enviada por la FOCH detallaba los abusos patronales, enfatizando el “delito contra la infantibilidad” que se cometía allí contra más de 70 niños, de 10 a 14 años. En todo caso, el petitorio incluía aumentos salariales para todos los oficios, incluidos los desempeñados por niños, higienización de los servicios sanitarios, pago doble en horas extra y días festivos, además de la reincorporación “del jefe con su personal”, un obrero y “los tres niños despedidos”.38

Los niños también participaban en algunas actividades artísticas organizadas por sindicatos y partidos políticos de izquierda. Por ejemplo, conocemos el programa de una matiné del sindicato de suplementeros, realizada en el Coliseo Tranviario, un domingo, a fines de 1924. Además de la conferencia central de un dirigente, hubo una obertura para piano, un cuadro artístico a cargo de un grupo de teatro, zapateo americano y un campeonato de box. Al cierre, declamó la brigada infantil de los suplementeros.39

Otra dimensión que debe destacarse, por sus efectos sobre la subjetividad de los niños, se vincula con la vida del campamento minero, que generalmente consideraba la inclusión de toda la familia en las situaciones de conflicto, así como en los momentos de la ritualidad religiosa, cívica o en las fiestas comunitarias. Los niños, posiblemente siempre varones, participaban como “hijos de mineros”, y no necesariamente en su calidad de obreros, en las asambleas e incluso en las marchas. De ello hay vestigio en varias huelgas en la zona del carbón (1920, 1923, 1926 y 1960, cuando menos). En ellas, la duración del conflicto derivó en el traslado a Santiago de grupos de niños y niñas, para evitar consecuencias sobre su salud, quienes eran recibidos por familias obreras con afinidad política con la causa.40

Como se puede apreciar, la presencia de niños en algunas formas de protesta laboral no fue permanente y se expresó solo en algunas actividades. Su visibilidad fue clara en ciertas ocasiones y el silencio igualmente elocuente, en otras. Las razones de este esporádico y a primera vista errático protagonismo no han sido estudiadas hasta ahora. Para poder ahondar en las circunstancias que podrían explicar este comportamiento, se deberían estudiar los variados espacios donde hubo presencia infantil. Avanzando en esa dirección, en este texto nos proponemos profundizar en una coyuntura en particular.

3. La huelga de niños de 1925 en la Fábrica Nacional de Vidrios

Si hacemos un recorrido por las huelgas que afectaron a esta fábrica, descubriremos diferentes tipos de conflictos. En 1907, por ejemplo, las demandas estuvieron enfocadas en las condiciones laborales de los maestros traídos de España. La huelga de 1912 tuvo su origen en la duración de la jornada, que por entonces se prolongaba por 12 horas. La paralización de 1919 se originó por un problema derivado del sistema de trabajo.41 De este último conflicto tenemos más antecedentes que nos permiten conocer algunas características del trabajo. Aunque a la gran mayoría de los trabajadores se le pagaba el jornal, una parte del personal (maquinistas y sacadores) funcionaba bajo un sistema a trato, basado en la producción obtenida. Esto generaba la necesidad de regular el funcionamiento del proceso, para así asegurar un nivel adecuado de producción. En 1919 trabajaban más de 1,200 obreros en la fábrica: 300 eran niños, 800 varones adultos y 130 mujeres adultas.42 El conflicto, que se prolongó por más de un mes, surgió cuando el maquinista Ismael Vargas fue asignado al “sacador” Custodio Rodríguez, quien protestó por la designación, debido a que el primero era reconocidamente “incompetente” en su oficio (de hecho, había tenido problemas en otra sección). Al mantener su posición, Rodríguez fue suspendido por el capataz a cargo. El Consejo Federal de Vidrieros N°5 se hizo parte del problema, apoyando al sacador y declaró un paro, presentando un petitorio donde pedía participación en varias etapas del proceso productivo y en la selección de personal, para mejorar la producción, además de exigir la salida de varios “malos” elementos para la fábrica y el sindicato.43

Juan Chacón Corona, sin precisar el año, relata su participación en una huelga en la Fábrica Nacional de Vidrios. Había ingresado a los 14 años, en 1910. Por entonces había cerca de 1.300 operarios, entre ellos unos 300 niños, de 8, 9 o 10 años.44 En 1916 quedó sin trabajo debido a una baja en la actividad. Partió a las salitreras, pero estuvo de regreso posiblemente en 1918 o 1919. Sin precisar el año, Chacón menciona un conflicto en esa etapa de fuerte efervescencia social:

También nosotros fuimos a la pelea en la fábrica de vidrios “La Nacional”. Los puntos del pliego se discutían en pequeños grupos, la voz corrió por dentro de la industria. Una mañana amanecimos los mil trescientos obreros en huelga, sin fallar uno. Nuestro movimiento conmovió al barrio y después conmovió a Santiago entero. Peleamos en la calle. Desfilábamos todos los días y gritábamos hasta quedar roncos. Pedíamos ayuda a los comerciantes y a los trabajadores de otras industrias. Todas las tardes hacíamos mitines. En discursos ardorosos denunciábamos los abusos, las malas condiciones de trabajo y de vida. Los chiquillos que trabajaban en la fábrica eran los que más bochinche metían. Conmovía el espectáculo de esos obreros-niños, pálidos, vestidos con trajes de los padres, demasiado grandes, arreglados a medias para ellos, tirillentos y muchos a pata pelá [descalzos], desfilando combativamente, pidiendo mejores salarios. Parece que había entonces un poco más de prensa independiente. No faltaban artículos en los que se denunciaban estos crímenes del capitalismo.45

Posiblemente en varios conflictos similares los niños de la fábrica fueron muy activos, aunque sus demandas salariales tendían a sumarse a las que planteaban los obreros adultos. El testimonio de Chacón parece dar cuenta de una huelga con demandas transversales.

La huelga de 1925 tuvo rasgos algo distintos. El conflicto se inició en los primeros días de febrero y, en su primera fase, la prensa no consignó demandas específicas de los niños. Parecía ser uno de los tantos movimientos de protesta en esos convulsionados años.

La Nación informó que el día 8 una comisión de obreros se había acercado a la gerencia para solicitar un aumento de jornales. La respuesta fue negativa y ello los llevó a reunirse en un local cercano del Consejo de Manufacturas de la FOCH, para resolver los pasos a seguir.46 Al día siguiente, la asamblea acordó la huelga, nombrándose un comité para “tramitar todo lo necesario a fin de arreglar la situación del personal”.47 El diario no consignó más detalles del desenlace de este movimiento, pero sí lo hicieron Justicia y El Mercurio, con algunas diferencias. Según el primero, los más de 500 operarios declararon la huelga debido a sus salarios “irrisorios” (fluctuaban entre 2,40 y 4 pesos diarios), lo que quedó reflejado en el petitorio.48 En cambio, El Mercurio atribuyó inicialmente el origen del conflicto a “ciertas desavenencias” entre capataces y obreros, aunque al día siguiente señaló que el pliego incluía peticiones de aumento de jornales “y otras garantías”.49 El compromiso patronal fue responder dentro del plazo de ocho días, sin aplicar represalias.50

Una semana después, el conflicto derivó en algo distinto, lo que fue reportado en detalle por La Nación y Justicia.51 Este último tituló: “200 niños se rebelan contra la tiránica opresión capitalista y se cruzan de brazos”. Reunidos en gran número, decía el diario, los niños de la recién creada Sección Infantil de Vidrieros de la FOCH declararon la huelga: “En esta hermosa reunión formada por niñitas mujeres, niños hombres y algunas compañeras grandes, era imponente ver una asamblea de esta naturaleza formada por el elemento más débil de nuestra clase, como son este núcleo de futuros revolucionarios que todavía debieran estar en la escuela”.52

Los obreros adultos de la Sección Vidrios de la FOCH, hombres y mujeres, no presentaron demandas propias, según aclaró Justicia. Sin embargo, les afectaba su situación porque sin ellos no podían trabajar y apoyaban sus peticiones.53 Dos días antes se había anunciado la reorganización de esa sección, que hasta entonces estaba disuelta. Con más de 280 votos, entre hombres, mujeres y niños, la sección se integró al Consejo Industrial de Manufacturas de la FOCH, eligiendo su directiva y sus delegados.54

La Nación ofreció más detalles de los hechos del día 18. En la tarde los “operarios infantiles” de la fábrica organizaron “un gran comicio” en Avenida Matta, distante unas diez cuadras. La razón de la actividad era el rechazo patronal a las peticiones de los obreros, que incluían demandas salariales y denuncias de abusos, en particular “la falta de garantías que tenía el personal infantil, el que, según la comisión, es maltratado por los capataces y jefes de secciones, quienes no tienen miramientos para los niños y niñas que laboran en la fábrica”. Usaron la palabra varios oradores, al parecer todos adultos. Tras finalizar, se dirigieron “en correcta formación” al centro de la ciudad, distante otras diez cuadras. Al pasar frente a La Nación, una comisión se acercó para explicar las razones del movimiento. El grupo hizo hincapié al diario diciendo que la huelga “la sostienen únicamente los niños de la Fábrica, siendo ajena a ella el personal de maestros y demás de mayor edad, pero en atención al papel que desempeñan los huelguistas, no se puede laborar, razón por la cual han hecho presente su situación a la gerencia, para los efectos del caso”.55

El periodista relató que los manifestantes eran más de 300, quienes ganaban en el turno nocturno 2,5 pesos. Su propuesta era un aumento general de un treinta por ciento. Tras retirarse de la imprenta de La Nación, el grupo se dirigió al local de la FOCH. Antes de que esto ocurriera, los niños presentes fueron fotografiados. La imagen la conocemos porque fue publicada al día siguiente (Figura 1).

Los hechos de ese día también fueron registrados por el diario comunista Justicia, con algunos complementos. Se señalaba, por ejemplo, que la marcha, conformada por más de 300 niños y niñas (en esto coincidía el relato de La Nación), también había pasado por el diario El Mercurio y finalmente se había detenido frente a Justicia. Al lugar llegaron a las 8 de la noche “llenos de alegría y entusiasmo, entonando canciones revolucionarias y dando sonoros y estruendosos vivas a la Federación Obrera de Chile”.56 La sorpresa de los asistentes fue evidente cuando fueron alentados por varios oradores, en representación del diario y de los trabajadores: “Frente a nuestra imprenta, imponente era el espectáculo que se ofrecía a nuestra vista”.57

Las Últimas Noticias publicó una imagen de los niños en huelga. Además, incluyó un artículo de opinión firmado por un dirigente de los empleados, impactado por el “espectáculo conmovedor” que anunciaba la prensa, algo inédito en un país que parecía modelo de estabilidad. La escena, marcada por la voz indignada de los niños, convertidos en “todos unos agitadores”, le parecía más llamativa y preocupante que los hechos que acaparaban la atención pública por entonces: la renuncia del presidente Arturo Alessandri, la caída del general Altamirano y la censura de un diario conservador, ya que no era más que un signo de los “tiempos de tormenta” que se avecinaban.58

Al día siguiente, una comisión de niños y adultos se acercó a la Intendencia para conversar con la autoridad provincial. El secretario se entrevistó con ellos y recibió el pliego de peticiones. En la conversación, se comprometió a que el Intendente los citaría a una reunión con el gerente de la fábrica. El diario La Nación dio el nombre detallado de los seis niños participantes, recalcando que todos eran menores de 11 años, y dos tenían apenas 8 años: Celia Marambio, Ernestina Díaz, Guillermo Jara, Juan Rocha, Luis Páez y Humberto Fuentes. Entre los acompañantes se encontraban dirigentes de renombre, como Carlos Alberto Sepúlveda. El diario incluyó una foto de la comisión, donde se puede distinguir a cuatro niñas, ocho niños y siete adultos, todos hombres (Figura 2).

El diario Justicia también dedicó espacio a esta reunión, aunque agregando algunos datos nuevos, como la marcha que precedió a la visita, y la admiración que demostró la autoridad ante la edad de los niños. También dio muestras de la preocupación de los dirigentes de la FOCH y del Partido Comunista por las posibles repercusiones políticas de la prolongación del conflicto. Luis Víctor Cruz y Carlos A. Sepúlveda, altos dirigentes de la FOCH, comprometieron reunirse con el ministro José Santos Salas para terminar con el conflicto, que parecía ser una maquinación política de los empresarios para perjudicar al gobierno.59 El momento era especialmente sensible, con un gobierno militar que demostraba una mayor sensibilidad social, despertando sospechas en la derecha más conservadora. El sábado 21 la reunión se llevó a cabo entre el intendente, el gerente y la comisión. El nuevo petitorio entregado (el anterior se daba por anulado) solicitaba varias mejoras salariales, dándose un plazo de ocho días para la respuesta.60

El Mercurio fue más escueto en su información y se limitó a describir los últimos hechos recién el día 21, resumiendo las acciones desde el 19 y detallando el petitorio presentado por el “personal femenino e infantil” de la fábrica. Siguiendo las denuncias que se habían hecho ante el intendente, el diario planteó que se violaba la ley de Instrucción Primaria Obligatoria y que el trabajo era muy “mortificante y pesado”, con turnos de noche y salarios muy bajos.61 Al día siguiente, el diario reprodujo una carta de la gerencia de la empresa, donde esta daba por solucionado el incidente y respondía algunas de las críticas: no era responsable de la contratación de niños menores de 12 años, porque no era posible exigir certificados de nacimiento y los padres mentían en las edades. Además, negaba que los niños no pudieran estudiar, porque la empresa mantenía una escuela en su interior.62

Al parecer, el regreso al trabajo relajó el ambiente por unos días, pero la falta de respuesta, cumplido el plazo, nuevamente erizó los ánimos. La Nación informó que una comisión de personal infantil iba a pasar el día 3 de marzo a conversar con el intendente Alberto Mackenna para resolver la situación. Antes ya se habían hecho consultas al respecto, que no habían prosperado, porque la empresa dilataba la respuesta.63 Los resultados no fueron los esperados y el día 4 el personal infantil volvió a paralizar las labores. Una comisión se entrevistó con el subprefecto de la Policía, para explicarle los acontecimientos. A raíz de ello, la autoridad policial se comprometió a que el encargado del sector se entrevistaría con ellos, posiblemente para evitar incidentes. Tras ese encuentro estaba planificado que la comisión se trasladaría a la Intendencia, para seguir buscando una solución. También se tenía previsto organizar una olla común, con el apoyo de otras organizaciones.64

Justicia también siguió los hechos e informó de la paralización del día 4 de marzo, a raíz de que la gerencia todavía no contestaba.65 La acción se prolongó hasta el sábado 7, acordándose el regreso al trabajo en forma transitoria. Según el diario, la empresa había ofrecido un aumento de 10%, cifra que el intendente consideró insuficiente (por el bajo nivel de los salarios), proponiendo duplicar la oferta. Los niños se reunieron en asamblea e insistieron en su petición de 20% de aumento, pero suspendieron el paro. Justicia consideró que la huelga había culminado con un triunfo.66

A la espera de una respuesta definitiva a las nuevas propuestas, el intendente visitó la fábrica el día 11 de marzo, para cerciorarse de las condiciones en que trabajaban los niños. El diario obrero lamentaba que la visita no hubiera incluido secciones donde estos trabajaban y que hubieran sido ocultados en las “grías de los hornos”, como era común durante las inspecciones.67 Al parecer, no hubo una oferta superior a la entregada, y el resultado se limitó al ofrecimiento de 10%. La última referencia que hizo Justicia a este conflicto en particular fue la publicación de la misma fotografía que antes había salido en La Nación, acompañada de un breve texto que ratificaba el “hermoso triunfo” que había tenido el movimiento, reforzando las expectativas futuras sobre la organización. Los pequeños habían hecho un “solemne juramento de defender la bandera federal que los cobija bajo sus pliegues como una cariñosa madre”.68

El movimiento huelguístico, más allá de sus resultados en materia salarial, generó lazos estrechos entre las industrias del ramo y del barrio. A raíz de una huelga que surgió en La Confianza, los niños de La Nacional ofrecieron su apoyo a “los infantiles” del otro establecimiento.69 En abril, el Consejo Industrial de la Manufactura de la FOCH citaba a una reunión a todas las secciones infantiles de vidrieros. Se mencionaba en particular a los trabajadores de La Confianza, La Nacional y El Crisol, algunos incluso por sus nombres, además de los miembros del ex comité de huelga que había estado al frente del movimiento.70

La prensa obrera siguió entregando noticias sobre la fábrica, una vez concluida la huelga. Los abusos y el maltrato se mantuvieron. Después de la “derrota que los muchachos le hicieron sufrir”, la empresa habría mantenido una política “provocadora” y “cobarde”, siendo los niños los más afectados. El capataz Viola era uno de los más agresivos. Los adultos que no podían ser golpeados eran lanzados a la calle. El artículo periodístico denunciaba también el funcionamiento de la escuela, donde había solo dos profesores de boxeo; el policlínico, “inmundo” y antihigiénico; y una sociedad mutual de afiliación obligatoria, que no rendía cuentas de los fondos.71

A fines de mayo de 1925 estalló un nuevo movimiento en la fábrica que afectó a 250 obreros. A consecuencia de él, un horno fue apagado, lo que produjo una “desocupación forzosa”. En junio, noventa afectados solicitaban ser reincorporados en sus puestos, una vez que entró en operaciones nuevamente el horno, o, en subsidio, acordar una indemnización. Los firmantes prometían no volver a mezclarse en una huelga.72 Como se puede apreciar en este caso en particular, en medio de una etapa de transición hacia el nuevo sistema de protección laboral, la situación seguía siendo bastante incierta, con avances y retrocesos. Los acuerdos no permitían todavía un mínimo de estabilidad laboral, como se esperaba ocurriría con la aplicación plena de los mecanismos de conciliación y arbitraje.

En las dos décadas siguientes, los niños obreros de la Fábrica Nacional de Vidrios volvieron a adquirir notoriedad al participar en nuevas huelgas. La más emblemática fue la de 1936, que incluyó una marcha al centro de Santiago, donde se desarrollaba un encuentro internacional. Nuevamente la prensa prestó atención al hecho, en gran medida porque afectó a muchachos y jóvenes obreros, quienes, por su edad, no tenían derecho a afiliarse al sindicato y menos a ser dirigentes. Su presencia sirvió para dejar en evidencia los vacíos legales y sensibilizar a la opinión pública. Para entonces, el trabajo infantil en las fábricas ya no era tan común como en los años 20, y la ampliación de la escolaridad y las fiscalizaciones en materia laboral habían disminuido su número y daban más realce al trabajo no asalariado. Sin embargo, en la industria del vidrio seguían siendo una realidad. Ya no eran niños de ocho años, como había ocurrido en 1925, pero aún así, la presencia de muchachos de 12 o 14 años trabajando en ambientes riesgosos generaba sentimientos de rechazo y protección.73

No sabemos si entre los huelguistas de 1936 se encontraban los mismos obreros que habían participado en el movimiento que había estallado once años antes. Es posible, porque algunos ingresaban muy pequeños y permanecían en el oficio por varios años. Sin embargo, para otros era un trabajo ocasional. En todo caso, más allá de esa circunstancia, es probable que la huelga todavía se mantuviera en la memoria colectiva de los trabajadores de la fábrica.

De los huelguistas de 1925, solo tenemos noticias del pequeño Juan Rocha Pardo, quien participó cuando tenía 10 años y fue miembro del Comité de Huelga. Falleció a los 31 años, a fines de 1945. 74

Conclusiones

Del caso estudiado es posible extraer algunas conclusiones que se derivan de las circunstancias particulares que acompañaron la huelga infantil de 1925, y que, al parecer, facilitaron una activa participación de niños.

El ambiente de inestabilidad social y política de 1924 y 1925 debió haber contribuido a que los niños se decidieran a plantear sus propias demandas del modo en que lo hicieron. Alejado el ambiente de crisis económica de los años anteriores, se estaba en una fase ascendente de movilización social. A esto se sumó la activa experiencia huelguística que se vio estimulada por la crisis política que estalló tras los golpes militares de septiembre de 1924 y enero de 1925.

Todo parece indicar que los niños que laboraban en las fábricas de vidrio no eran hijos de obreros que trabajaran en la misma fábrica. Esto impedía la potencial intervención de la autoridad paterna, lo que no excluía que existiera una fuerte jerarquía interna, derivada de las relaciones de género, edad y niveles de especialidad en el oficio. Sin embargo, nada de esto evitaba que los niños desarrollaran formas de socialización autónoma, posiblemente derivadas del ambiente callejero. Esto consideraba la ocupación del espacio para correr y hacer travesuras, generando no pocos conflictos con los adultos. Esta cohesión se daba exclusivamente entre los varones, sustentada en la lealtad y el liderazgo de los más “guapos”. Todo esto era favorecido por las labores que desempeñaban los muchachos, concentrados en algunas secciones, lo que evitaba la dispersión y debilitaba la acción de los mecanismos de disciplinamiento. Aunque también había niñas al interior de la fábrica, de ellas tenemos menos referencias, en parte por su menor número, y también por las restricciones que seguramente debían soportar a consecuencia de su condición de mujeres.

Los conflictos al interior de la industria del vidrio no siempre derivaban de las demandas contra los patrones por mejores salarios. Una parte importante de las acusaciones de los niños se originaban en los castigos que recibían. Algunos documentos sindicales responsabilizaban de esto a los capataces, como representantes de los patrones, aunque es posible que esta relación conflictiva se extendiera a los maestros, quienes estaban vigilantes de cumplir el ritmo de producción. No era infrecuente que los niños escaparan a su control, lo que seguramente provocaba roces y más de algún incidente.

La activa participación infantil en la huelga de 1925 no fue el único ni el más recurrente patrón de conducta de los pequeños obreros en las fábricas donde estos estaban presentes. En otros casos, su lugar fue mucho más secundario, subordinado a las directrices de los adultos, llegando incluso a ser utilizados para quebrar un movimiento reivindicativo. Sin embargo, tampoco fue la única vez que un grupo de niños trabajadores se organizó para defender sus derechos.

La sorpresa que generó la huelga de 1925 y las demostraciones de simpatía que despertó en la prensa comercial y sindical, las autoridades políticas y los sindicatos, parecen ser un signo de la fuerte penetración que había alcanzado la nueva sensibilidad hacia la infancia. Claramente no se trataba de un conflicto laboral más, sino de uno que dejaba a la vista las consecuencias que provocaba la temprana inserción en el trabajo. Incluso parece razonable plantear que los propios niños hicieron uso de esta especial consideración para fortalecer su posición en el conflicto. La marcha que organizaron y los lugares visitados demuestran este interés.

Aunque la historia de la infancia ha tenido importantes avances en Chile, todavía falta que la investigación sobre los movimientos sociales incorpore a los niños como sujetos relevantes. Hasta ahora, sigue siendo mayor el interés por las políticas públicas que buscaban beneficiar a los niños. Del mismo, se ha privilegiado el acercamiento al espacio de los reformatorios, la calle, los juegos y la literatura infantil, dejándose a un lado lo que sucedió dentro de los talleres y fábricas. Un interés en esa dirección permitiría una mejor comprensión de las formas en que los niños obreros llegaron a integrarse a las luchas sociales, alcanzando, en algunos casos, altos grados de protagonismo, como hemos visto en este estudio.


Fuentes

Manuscritas

Archivo Nacional de Chile, Santiago (ANC)

Fondo Dirección General del Trabajo

Archivo del Cementerio General, Santiago (ACG).

Impresas

Varas, José Miguel. Chacón, Santiago: Imprenta Horizonte, 1968.

Periódicos y revistas

Boletín de la Dirección General del Trabajo (Santiago) 1926.

El Diario Ilustrado (Santiago) 1925.

El Despertar de los Trabajadores (Iquique) 1921-1925.

El Mercurio (Santiago) 1925.

La Federación Obrera (Santiago) 1921-1927.

La Nación (Santiago) 1925.

La Opinión (Santiago) 1919.

La Segunda (Santiago) 1925.

Las Últimas Noticias (Santiago) 1925.

Justicia (Santiago) 1921-1927.

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1. Por problemas de espacio, no podemos citar en detalle la historiografía sobre trabajo infantil. Nos limitaremos a mencionar algunos hitos: Hugh Cunningham y otros, Child Labour in Historical Perspective, 1800-1985. Case studies from Europe, Japan and Colombia (Florencia: UNICEF - Innocenti, 1996); José María Borrás y otros, El trabajo infantil en España (1700-1950) (Barcelona: Universitat de Barcelona, Icaria Editorial, 2013); Esmeralda Blanco B. de Moura, Mulheres e menores no trabalho industrial. Sexo e idade na dinâmica do capital (Petrópolis: Vozes, 1982); Juan Suriano, “Niños trabajadores. Una aproximación al trabajo infantil en la industria porteña de comienzos del siglo”, Mundo urbano y cultura popular. Estudios de historia social argentina, comp. Diego Armus (Buenos Aires: Sudamericana, 1986) 251-280; Jorge Rojas Flores, Los niños cristaleros: trabajo infantil en la industria. Chile, 1880-1950 (Santiago: DIBAM, 1996); Carlos García Londoño, Niños trabajadores y vida cotidiana en Medellín (Medellín: Editorial Universidad de Antioquia, 1999); Susana Sosenski, Niños en acción. El trabajo infantil en la ciudad de México, 1920-1934 (México: El Colegio de México, 2010).

2. Sobre la base de su propia estadística de huelgas, DeShazo determinó que en un 20.2% de ellas participaban hombres y niños (menores de 16 años) y en un 2.4% hombres, mujeres y niños. Peter DeShazo, Urban Workers and Labor Unions in Chile, 1902-1927 (Madison: The University of Wisconsin Press, 1983) 268. Para el caso francés, Michelle Perrot, Les ouvriers en grève. France 1871-1890, 2 vols. (Paris-La Haya: Mouton, 1974).

3. Igor Goicovic, “Estructura familiar y trabajo infantil en el siglo XIX. Mincha, 1854”, Revista de historia social y de las mentalidades 5 (2001): 59-78.

4. Un panorama general para Chile en Jorge Rojas Flores, “El trabajo infantil en Chile: algunas reflexiones para el debate”, Economía y Trabajo en Chile. Informe Anual 7 (1997-1998): 129-194.

5. Jorge Rojas Flores, Historia de la infancia en el Chile republicano, 1810-2010 (Santiago: JUNJI, 2010) 219-225.

6. Jorge Rojas Flores, “Trabajo infantil en la minería: apuntes históricos”, Historia 32 (1999): 367-441.

7. Rojas, Los niños cristaleros 22-29.

8. La Federación Obrera (Santiago), 14 de junio de 1924; Justicia (Santiago) 23 de febrero de 1925; El Mercurio (Santiago) 21 de febrero de 1925. Nota dirigida al Gerente de la Fábrica Nacional de Vidrio y copia del Informe de Eduardo Schmidt, jefe de la Sección Inspección e Higiene (en adelante Informe Schmidt), Chile, 30 de junio de 1921. ANC, Santiago, Fondo Dirección General del Trabajo, vol. 68, Comunicaciones enviadas (1921), 2do Cuatrimestre, Nota N°695.

9. John William Larner Jr., “The Glass House Boys. Child Labor Conditions in Pittsburgh’s Glass Factories, 1890-1917”, Western Pennsylvania Historical Magazine 48 (1965): 355-364; James L. Flannery, The Glass House Boys of Pittsburgh. Law, Technology, and Child Labor (Pittsburgh: University of Pittsburgh Press, 2009).

10. Rojas, Los niños cristaleros 19-22.

11. ANC, Santiago, Fondo Dirección General del Trabajo, vol. 17, Formularios de salarios (1911-1912), Formulario Fábrica de Vidrios de Rancagua, 1911.

12. Informe Schmidt.

13. Rojas, Los niños cristaleros 29.

14. Informe Schmidt.

15. Tribuna Juvenil (Santiago) enero de 1936. Más denuncias de maltrato y retención de salario en La Federación Obrera (Santiago) 6 de febrero de 1923.

16. Jorge Rojas Flores y otros, Cristaleros: recuerdos de un siglo. Los trabajadores de Cristalerías de Chile (Padre Hurtado: PET, Sindicato Nº 2 de Cristalerías de Chile, 1998) 32. La tendencia a jugar y los problemas que esto acarreaba también son mencionados para el caso de las fábricas ubicadas en Pittsburgh. Véase Larner 362-363.

17. José Miguel Varas, Chacón (Santiago: Imprenta Horizonte, 1968) 21. Sobre el alcoholismo, la delincuencia y las constantes riñas, véase Rojas y otros 33-36.

18. Juan Carlos Yáñez, La intervención social en Chile y el nacimiento de la sociedad salarial, 1907-1932 (Santiago: RIL Editores, 2008).

19. Informe Schmidt.

20. Informe Schmidt.

21. La Federación Obrera (Santiago) 20 de agosto de 1923.

22. DeShazo ha planteado la importancia que tuvieron los ciclos de expansión y contracción en la capacidad de movilización, en general derivados de la situación económica. DeShazo 211-242.

23. La Federación Obrera (Santiago) 17 de agosto de 1923.

24. Un ejemplo de activa participación infantil en un “comicio” se produjo en 1923, en conmemoración de la “masacre” del 27 de mayo del año anterior, que tuvo como principales víctimas a esposas de cesantes con sus hijos. La Federación Obrera (Santiago) 29 de mayo de 1923.

25. Rojas, Historia de la infancia... 329-408.

26. Jorge Rojas Flores, Moral y prácticas cívicas en los niños chilenos, 1880-1950 (Santiago: Ariadna Ediciones, 2004).

27. Susan Campbell Bartoletti, Growing up in Coal Country (Boston: Houghton Mifflin Co., 1996); Susan Campbell Bartoletti, Kids on Strike! (Boston: Houghton Mifflin Co., 1999).

28. Bartoletti, Kids on Strike! 34-61.

29. Jorge Rojas Flores, Los suplementeros: los niños y la venta de diarios. Chile, 1880-1953 (Santiago: Ariadna Ediciones, 2006) 57-62. Todo esto comenzó a cambiar con la aparición de organizaciones que canalizaron las demandas de un modo más estructurado, debilitando acciones más espontáneas como las que encabezaron los niños. En la huelga de 1925, por ejemplo, el liderazgo quedó en manos de los dirigentes adultos. Al respecto, véase Rojas, Los suplementeros 101-114.

30. Rojas, Los suplementeros... 140-145.

31. ANC, Santiago, Fondo Dirección General del Trabajo, Vol. 34, Formularios huelgas (1916-1917), Formularios de Coronel (16-21 de dic. de 1916) y Curanilahue (7-22 de julio de 1916 y 14-19 de julio de 1916).

32. Jorge Rojas Flores, Los niños del carbón: del descubrimiento al olvido (inédito, 2015).

33. Rojas, “Trabajo infantil en la minería”... 388-392.

34. El Despertar de los Trabajadores (Iquique) 19 de diciembre de 1924.

35. La Federación Obrera (Santiago) 6 de junio de 1924.

36. Justicia (Santiago) 18 de mayo de 1926; 20 de mayo de 1926 y 20 de junio de 1926.

37. La Federación Obrera (Santiago) 13, 14, 15, 20, 21, 22, 25 de junio de 1924; 6 y 15 de julio de 1924.

38. ANC, Santiago, Fondo Dirección General del Trabajo, vol. 99, Varios (1924), carta del Secretario General de la Junta Ejecutiva Federal de la Federación Obrera de Chile, Roberto Salinas, a Moisés Poblete Troncoso, Director de la Oficina del Trabajo, de 12 de junio de 1924 y Pliego de peticiones, adjunto, sin fecha.

39. Justicia (Santiago) 15 de octubre de 1924.

40. Rojas, “Trabajo infantil en la minería” 432-433; Vea (Santiago) 12 de mayo de 1960; La Federación Obrera (Santiago) 6, 7 y 8 de marzo de 1922; Justicia (Santiago) 18, 19 y 27 de mayo de 1926.

41. Algunos antecedentes de estas huelgas en Rojas y otros 91-95.

42. ANC, Santiago, Fondo Dirección General del Trabajo, vol. 56, Formularios de huelgas (1919), Formulario Sociedad Fábrica Nacional de Vidrios (31 de mayo de 1919-2 de julio de 1919).

43. Las Ultimas Noticias (Santiago) 4 de junio de 1919; La Opinión (Santiago) 11 de junio de 1919; El Mercurio (Santiago) 4 y 9 de junio de 1919.

44. Varas 20-21.

45. Varas 29-30.

46. La Nación (Santiago) 9 de febrero de 1925.

47. La Nación (Santiago) 10 de febrero de 1925.

48. Justicia (Santiago) 10 de febrero de 1925.

49. El Mercurio (Santiago) 10 y 11 de febrero de 1925.

50. Justicia (Santiago) 11 de febrero de 1925; El Mercurio (Santiago) 11 de febrero de 1925.

51. Los datos oficiales no coinciden completamente con la información de prensa y además son muy escuetos. Se mencionan dos huelgas en febrero, una de 180 obreros (durante 16 días) y otra de 320 trabajadores (por 8 días). Luego se registra una huelga en mayo, de 680 obreros (por 6 días). Boletín de la Dirección General del Trabajo (Santiago) 24 (1926): s/p. El Fondo Intendencia de Santiago del Archivo Nacional entregó información muy fragmentaria, que poco aportó y por ello fue omitida.

52. Justicia (Santiago) 19 de febrero de 1925.

53. Justicia (Santiago) 19 de febrero de 1925.

54. Justicia (Santiago) 17 de febrero de 1925.

55. La Nación (Santiago) 19 de febrero de 1925.

56. Justicia (Santiago) 20 de febrero de 1925.

57. Justicia (Santiago) 20 de febrero de 1925.

58. Las Últimas Noticias (Santiago) 20 de febrero de 1925.

59. Justicia (Santiago) 20 de febrero de 1925.

60. Justicia (Santiago) 23 de febrero de 1925.

61. El Mercurio (Santiago) 21 de febrero de 1925.

62. El Mercurio (Santiago) 22 de febrero de 1925.

63. La Nación (Santiago) 3 de marzo de 1925.

64. La Nación (Santiago) 5 de marzo de 1925.

65. Justicia (Santiago) 4 de marzo de 1925.

66. Justicia (Santiago) 8 de marzo de 1925

67. Justicia (Santiago) 12 de marzo de 1925.

68. Justicia (Santiago) 15 de marzo de 1925.

69. Justicia (Santiago) 12, 13 y 15 de marzo de 1925.

70. Justicia (Santiago) 25 de abril de 1925.

71. Justicia (Santiago) 2 de abril de 1925.

72. ANC, Santiago, Fondo Dirección General del Trabajo, vol. 102, Notas enviadas, mayo-junio (1925), nota N°951, 28 de mayo de 1925; nota N°1217, 16 de junio de 1925.

73. Rojas y otros 97-103.

74. Juan Rocha falleció el 9 de diciembre de 1945 y dejó descendencia, según su sepultura en el Cementerio General (patio 72, pabellón 12, nicho 5173, 1ra corrida). ACG, Santiago, Libro de Sepultaciones, segundo semestre de 1945 (10 de diciembre). Del resto de miembros del comité no encontramos registros en este archivo.

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