politizacion


Politización identitaria de los clubes de fútbol: Casos Real Madrid y Fútbol Club Barcelona, un acercamiento

Santiago Carmona Cardona1 

1 Estudiante de Ciencia Política de la Universidad de Antioquia. Líneas de investigación: identidades políticas, subjetivación, violencia, ciudadanía, fútbol y política. Artículo derivado de la ponencia presentada en el “VI Congreso Nacional de Ciencias Sociales. Las ciencias sociales y la agenda nacional” organizado por el Consejo Mexicano de Ciencias Sociales, A.C, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y El Colegio de San Luis, A.C. Centro Cultural Universitario Bicentenario, San Luis Potosí, SLP. Correo electrónico: scarmona231@gmail.com

Citación de este artículo: Carmona Cardona, S. (2018). Politización identitaria de los clubes de fútbol: Casos Real Madrid y Fútbol Club Barcelona, un acercamiento. Diálogos de Derecho y Política, (21), pp. 74-90. Recuperado de http://aprendeenlinea.udea.edu.co/revistas/index.php/derypol/article/view/336600/20791964

Resumen

Este trabajo presenta un acercamiento a los procesos de politización -ideologización- identitaria en los clubes de fútbol, particularmente en los casos Real Madrid Club de Fútbol y Fútbol Club Barcelona. Desde un enfoque no esencialista de las identidades se analiza en cada club tres variables: élites, gobiernos de turno y aficionados, éste último divido en comunes y ultras. Se esboza entonces cómo se ha generado el proceso de politización y en qué medida los actores mencionados han influido.

Palabras clave: Identidad; ideología; fútbol; politización; Real Madrid; Fútbol Club Barcelona; élites; gobiernos de turno; aficionados; ultras. 

Introducción

“¿Por qué, entonces, tiene cada hombre una conciencia? Pienso que primero debemos ser hombres, y súbditos después.” Henry D. Thoreau2


La política y el fútbol en España han sido dos elementos que han forjado una relación prácticamente directa, pues en la medida que se han observado a los clubes de fútbol como instituciones atractivas para las masas y con gran poder de movilización, paralelamente se han observado como entidades moldeables que pueden detentar poder para inferir en la vida de las personas por medio del factor “identidad”. Se hace posible entonces considerar que los clubes de fútbol se configuran como instrumentos que no solo cuentan con responsabilidades meramente deportivas, sino también sociopolíticas.

Para dar muestra de ello, aquí se toman como referentes los dos equipos más representativos de España: Real Madrid Club de Fútbol y Fútbol Club Barcelona. Teniendo como punto de partida a estos dos equipos, se hace un análisis del proceso de politización identitaria de dichos clubes y su relación con las ideologías. De esta forma, este escrito se estructura en tres momentos: en el primero se presenta un abordaje teórico enfocado en las categorías de identidad e ideología y, continuamente, la relación de correspondencia que se presenta entre las dos; en el segundo apartado se expone el estudio de caso en relación con la teoría; y por último se presentan las conclusiones.

Cabe señalar que para el segundo momento, los equipos anteriormente mencionados se abordarán históricamente desde diversos puntos de análisis, como lo son: aficionados, élites y gobiernos de turno. En consonancia, se señalan de forma general las tres variables a trabajar:

En primera instancia se trabajan las élites, variable que señala la influencia de las mismas en la configuración propia de los clubes, desde su época fundacional y, en el transcurso de los años, con adhesiones momentáneas y/o permanentes con los clubes.

La segunda variable son los gobiernos de turno, aquí se señalan los diversos acontecimientos que permiten inferir de forma crítica cuál ha sido el papel de los diferentes gobiernos de turno en España en la politización de los clubes de fútbol anteriormente mencionados por medio de su impregnación ideológica.

Por último, la tercera variable se relaciona con los aficionados, esta se rastrea de dos formas: aficionados comunes y ultras. Mostrando la diferenciación entre los dos tipos, se aborda de manera más específica a los ultras como grupo organizado que detenta internamente una postura política.

Cabe denotar que el orden de las variables obedece a la aparición de cada una en forma cronológica.

El fútbol bajo un panorama politológico puede observarse como un hecho político bajo tres ópticas amplias: en la medida en que se observa como estrategia política de gobernabilidad, es decir, el fútbol en tanto se entiende como estrategia, permite a los gobiernos respaldar procesos políticos, controlar masas y encubrir situaciones que puedan alterar el orden público. En segundo término, el tinte político en el fútbol se denota en la construcción de acción colectiva y organizaciones sociales (grupos organizados) con carácter o fines de reivindicación social o nacional. En última instancia, el fútbol es un fenómeno político en la medida en que se pueden concebir a dichas instituciones (clubes y barras) deportivas como entidades que pueden detentar y ejercer poder, el cual puede ser revestido por ideologías políticas de toda índole; de esta forma, las masas que son captadas por los clubes de fútbol, pueden llegar a ser reflejo de la adopción y/o reproducción de una ideología.

Es este último momento en el que se enfoca este escrito y, en consecuencia, se parte del presupuesto de creer que el simple hecho de que un club deportivo de fútbol se vea relacionado con una ideología política u de otra índole, no quiere decir que interiormente, desde la parte institucional u organizacional, dicha ideología se promueva o haga parte de los estatutos internos del club. De tal forma se vislumbra la importancia de determinar en qué medida los diferentes actores mencionados anteriormente han influidos en la politización identidaria de estos clubes.
Identidad

Este trabajo parte del presupuesto de entender que la identidad no es un atributo sino una construcción, es decir, de la concepción antiesencialista de Ernesto Laclau que concibe al sujeto como falta o “carencia de ser”, lo cual impulsa al individuo a enmarcarse en procesos de identificación con representaciones sociales, con algo “otro” que permita complementar su identidad. Allí radica la imposibilidad de la cosificación identitaria, pues la identidad como objetivo buscado es siempre diferido y ello impide que se logre coincidir a plenitud con una representación “la rapidez del cambio en la sociedad contemporánea redefine las identidades continuamente, y con ello pone al descubierto la lógica de la identificación. En otras palabras, revela la dinámica de la identidad como identificación” (Arditi, 2009). De esta forma, comprender que la identidad no es algo objetivo sino más bien algo inestable, conduce a inferir que los contextos afectan las representaciones y continuamente, las identidades.

Así, bajo un ambiente tan movedizo donde la identidad no es algo objetivo, donde los contextos cambiantes afectan los procesos de identificación e imposibilitan una cosificación o saturación plena de una identidad ¿se puede en efecto identificar y caracterizar una identidad?

El profesor Hassan Rachick (2006) sostiene que las identidades colectivas implican estructuras sociales y sistemas ideológicos; en esa medida, el peso de una identidad colectiva tanto en el plano sociológico como ideológico puede tornarse dura y pesada de llevar o, puede ser blanda y ligera, todo esto en definitiva, lo determina el grado de estructuración de los grupos sociales puestos en cuestión.

En una ciudad, por ejemplo, las personas pueden identificarse en función a sus grupos de origen, efectuar esto, que cada persona invoqué sus orígenes por separado lo que vislumbra es que si bien viven en la ciudad, su identidad colectiva se reduce a un inventario de rasgos culturales, a estereotipos (Rachick, 2006). Se identifica que la ciudadanía para estas personas se constituye más como una categoría social que como un grupo social determinado, esto porque la ciudadanía también se configura como algo laxo, al ser un concepto que no presenta un contorno claro sobre los derechos, deberes y obligaciones que contrae, la ciudadanía para las personas se desdibuja, se hace abstracta e imprecisa en tanto identidad.

En consecuencia, los criterios que determinan o clasifican las identidades son diversos: la política, la religión, la etnia, la lengua, la nacionalidad, etc. No obstante, estos criterios no son excluyentes o unívocos, pues varias personas pueden ser del mismo lugar de procedencia y profesar diferentes religiones. El problema que se presenta en este punto surge al momento de establecerse una clasificación jerárquica entre las identidades que componen al sujeto, ya que puede llegar a presentarse una asimetría entre las mismas, en el caso de un hincha ¿éste tiene mayor grado de pertenecía hacia su equipo, grupo organizado o hacia su nacionalidad?, pero si las identidades parten de una elección del individuo –supongamos que la nacionalidad lo es-, acaso éste no asume el mismo compromiso con todas, si es así se habla entonces de una identidad plural (Rachick, 2006) donde las diferentes identidades colectivas se sitúan en un mismo nivel.

Aun así, aunque sean elecciones del individuo, los contenidos de las identidades son diferentes, las exigencias, los deberes y compromisos que demandan de los sujetos no son iguales en todos los casos, hay identidades más abruptas y otras más laxas.

La identidad dura se puede reconocer por el tipo de clasificación que genera, es simple, binaria sobre las otras personas y grupos, adopta un criterio único para definir el grupo, impone una definición fija excluyendo la relatividad o jerarquización de las identidades colectivas, parte de que se debe asumir una identidad independientemente del contexto.

Por consiguiente, la identidad dura atiende a la exclusión de cualquier conflicto de lealtad. El conflicto de lealtad aparece cuando los miembros de un grupo social se encuentran ante una elección difícil entre las identidades que reivindican (…) No existe conflicto cuando la lealtad se debe exclusivamente o bien a la tribu, a la religión o a la nación. La ausencia de conflicto es sobre todo consecuencia de la clasificación unívoca que imponen (Rachick, 2006).


Se denota que la identidad dura tiene pretensiones de objetividad, de constituirse partiendo de rasgos culturales comunes; pese a ello, la identidad colectiva no puede constituirse solo en base a un tipo de rasgos, lo objetivo es insuficiente para determinar una identidad, la creencia y aceptación subjetiva es parte fundamental para la constitución de la misma, es necesario que las personas consideren como criterio de clasificación distintivo lo que de forma per se presenta la identidad objetivamente. De esta forma la identidad sigue presentándose como una construcción y no como una determinación.

Rachick (2006) citando a Barth (1969) sostiene que:

Lo que se tiene en cuenta en la definición de una identidad colectiva no son los rasgos que el observador identifica objetivamente, sino los rasgos que los actores consideran como marcadores distintivos y emblemas diferenciadores. Según esta concepción, las personas que se suman a una identidad colectiva no comparten obligatoriamente una cultura común, ni una psicología común. Lo que comparten es únicamente emblemas, ideas, símbolos que sirven para marcar una diferencia cultural (Pág., 14).


La identidad colectiva estaría basada entonces en la creencia subjetiva de determinados elementos considerados como distintivos, pero ¿qué pasa cuando se pertenece a una identidad sin saberlo y contra la voluntad de uno, es decir, cuando una identidad se hereda? Es precisamente aquí, donde toma sentido la identidad dura.

Ideología

Fernando Estenssoro comprende a la ideología como:

Luego, lo distintivo de la ideología, es que se refiere a aquel cuerpo de ideas que, como fin último, procura una acción concertada a fin de imponer y/o sostener determinadas creencias respecto del funcionamiento político deseable de la sociedad (incluye todas las variables posibles, como la económica, social, cultural, ambiental, etc.), por parte de un grupo humano o colectivo determinado (2006, Pág. 110).


Esta definición tiene un carácter sistemático, por lo cual, Fernando Estenssoro en primera instancia señala que dicho concepto (ideología) se ramifica y cumple con dos funciones, una negativa y otra positiva.

La función negativa es importante en la medida en que representa el pensamiento Marxista clásico, corriente a partir de la cual cobra importancia el estudio de este concepto en las ciencias sociales. Fernando Estenssoro señala que Marx reconoce la función negativa del término:

(…) al entenderla como una falsa conciencia que no permite ver las cosas tal como son en la realidad o que desvirtúa la realidad (…) Al respecto se entiende que la ideología ocultaría la verdad propia de una sociedad de clases, permitiendo así legitimar el poder de una clase dominante por sobre una clase dominada (2006, Pág. 99).


En la visión negativa propuesta por Marx, la ideología cumple con un papel meramente instrumental, es un imaginario que permite y/o posibilita la legitimación y consolidación del poder de un grupo o clase social sobre otra.

La visión positiva del concepto ideología se desarrolla a partir de Louis Althusser, por ello, es importante tener claridad sobre lo que este autor entiende por ideología antes de avanzar. Fernando Estenssoro (2006) citando a Althusser (1974) manifiesta que para éste la ideología es “una representación de la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones reales de existencia”.

Así, la visión positiva se desarrolla a partir del presupuesto de creer que el término ideología tiene una existencia material, existencia que según Althusser, se materializa en los Aparatos del Estado, los cuales tienen como función “prescribir prácticas materiales reguladas por un ritual material, prácticas que se dan en los actos materiales de un sujeto que actúa en plena conciencia según su creencia” (Estenssoro, 2006, pág. 103).

De esta forma son dos sub-aparatos los que configuran aquel aparato estatal en general: el Aparato Represivo del Estado (ARE), de carácter coercitivo y violento en su accionar y el Aparato Ideológico del Estado (AIE). La sociedad civil tiene una relación implícita con los AIE, principalmente cuando “define a los AIE como aquellos espacios sociales donde se produce el ejercicio de la hegemonía ideológica, así como la confrontación ideológica por parte de las clases antagónicas” (Estenssoro, 2006, pág. 104).

Son subcategorías que se complementan, pues según el autor “la sola acción coercitiva que se ejerce por parte del Aparato Represivo del Estado no asegura el dominio de la clase dominante por sobre la clase dominada. Para esto es necesario establecer la hegemonía ideológica de la clase dominante” (Estenssoro, 2006, pág. 105).

Sin embargo, plantea que “las ideologías no nacen en lo Aparatos Ideológicos del Estado, sino de las clases sociales empeñadas en la lucha de las clases: de sus condiciones de existencia, de sus prácticas, de sus experiencias de lucha, etc.” (Estenssoro, 2006, págs. 105-106).

Lo dicho permite comprender a las organizaciones y a las acciones colectivas que se generan alrededor de los clubes de Fútbol (grupo de ultras en este caso), su adopción o adscripción a una ideología política particular.

Correspondencia entre ideología e identidad

Desde un enfoque no esencialista, retomando los apuntes de Laclau, Rafael Gállegos (s.f.) enfatiza en señalar que las identidades no son productos aislados, ello se debe a que los individuos por si mismos no constituyen identidades. Son las interpelaciones que realiza el sujeto frente a sus condiciones de existencia lo que le permite determinar qué ideología es consecuente frente a su perspectiva y condición. Así, es pertinente tener claridad en que “la ideología no solamente es un sistema de ideas, sin orden ni lógica, todo lo contrario, es lo que le está proporcionando una identidad al individuo en tanto sujeto, pero además, también una forma de comportamiento” (Gállegos, s.f); en consecuencia, menciona Laclau y Althusser, la ideología tiene como función la formación del individuo en sujeto a través de la interpelación.

La identidad entonces no se manifiesta en lo ideológico, sino que más bien se construye a nivel ideológico (Gállegos, s.f). En consecuencia, las ideas en tanto producto mental solo se concretizan y pueden manifestarse a través del discurso, pero el discurso no solo entendido como el acto de habla, sino que comprende todas las actividades contextuales que rodean al sujeto; la noción de discurso entonces subraya el hecho de que toda configuración social es una configuración significativa (Laclau & Mouffe, 2000), es decir, el discurso posibilita manifestar nuestra posición política, de clase, religiosa, y es en efecto a través de esas posiciones que se nos va a identificar, pero intrínsecamente estas posiciones identitarias están definidas por lo ideológico (Gállegos, s.f).

Es aquí donde se retoma los postulados de la ideología en término positivo, pues las ideologías no surgen de forma espontánea, de la nada, emergen de lo concreto, a partir de la reflexión sobre las condiciones materiales de existencia, proceso de reflexión que se hace basándonos en una ideología de la cual ya se es portador, lo que significa que la interpretación que el sujeto va a hacer de la realidad, la realizará a partir de su concepción ideológica y; en consecuencia, el sujeto actuará –tratando de cambiar o mantener- de acuerdo a la forma como perciba sus condiciones materiales de existencia, pues se actúa sobre la realidad de acuerdo a cómo se piensa (Gállegos, s.f).

Así, se puede sustentar que la conformación de las identidades está en función de tres aspectos: la reflexión, la ideología y las condiciones materiales (Gállegos, s.f); la ideología entendida como el aspecto mediante el cual se reflexiona sobre las condiciones materiales y, puesto como las condiciones materiales están en constante cambio, las identidades nunca van a ser plenas, la reflexión del sujeto posibilita que su identidad siempre pueda estar cambiando.

Planteados estos referentes teóricos, se puede incursionar a analizar el estudio de caso señalado al inicio: Real Madrid Club de Fútbol y Club de Fútbol Barcelona.

Relación con estudio de caso

1.    Élites

La importancia de esta primera variable reside en que estas impulsaron el surgimiento de la estructura de los clubes señalados, es decir, son las élites las que propiciaron la fundación de éstos equipos; en el caso del Real Madrid, Eduardo González Calleja (2010) menciona que el origen del club fue esencialmente mesocrático, ello quiere decir que entre los primeros socios se encontraban comerciantes, pequeños industriales, funcionarios civiles y militares. Aunque la diversidad de grupos pueda considerarse como una muestra de pluralidad en la estructura fundacional del Club, se puede recalcar la importancia a nivel histórico de los últimos dos gremios, ya que han sido los que han conformado la estructura de las juntas directivas en el transcurso de la historia del Real Madrid.

En consecuencia, la élite de los funcionarios civiles fue la que empezó a relacionarse con la monarquía de Alfonso XIII; después, con la intromisión militar la relación se tornó más directa con este último gremio, pero nunca se abandonó la simpatía y las relaciones con la Monarquía (González, 2014).

Por su parte, el Fútbol Club Barcelona se ha caracterizado por tener una relación con las élites catalanas mucho más marcada y, para ello, se debe señalar el contexto histórico del surgimiento del club. Francisco Alcaide (2009) señala que afínales del siglo XIX Barcelona era una región industrial con una importante actividad mercantil al contar con una de las mejores producciones textiles del mundo; sin embargo, a pesar de ostentar ese protagonismo económico, el poder político se concentraba en Madrid, lo que por consecuencia generaba que los intereses del gobierno central chocasen por completo con los intereses de los capitalistas Catalanes. Justamente, bajo un contexto de choques entre las élites madridistas y catalanas el empresario suizo Joan Gamper funda en 1899 al Barcelona Football Club:

(…) pronto el equipo y la autonomía catalana estarían fuertemente asociados. El primer escudo −reemplazado en 1910− que adoptó el club fue el de la ciudad, lo que era un claro ejemplo de la voluntad del Barça desde el primer día de identificarse con el pueblo catalán (Alcaide, 2009, pág. 56).


Sí se analiza, este primer actor permite identificar una serie de acercamientos que empiezan a inferir en la configuración identitaria de los clubes, o en palabras más precisas, en las estructuras fundacionales de cada club. Esto cobra mayor importancia en cuanto se es consciente de que la ideologización de las identidades colectivas requiere de referentes –intelectuales, ideólogos- que seleccionan los emblemas, los símbolos, los acontecimientos históricos y demás elementos a partir de los cuales se puede formar un sistema de sentido, una definición del grupo en cuestión (Rachick, 2006).

Así, por ejemplo, la pugna de la élite catalana con la élite centralista madridista ha vislumbrado de forma explícita como el Club se ha impregnado de una ideología, pues el club se ha dotado de significado para los catalanes como algo que los representa y manifiesta la pretensión de autonomía de ese “nosotros” que representa los catalanes. En lo que corresponde al Real Madrid, la fuerte relación con los gremios públicos se hizo notable y como se observará a continuación, va a seguir cobrando protagonismo.

2.    Gobiernos de turno

A continuación, cronológicamente se establecen sub-variables que atienden a los diferentes regímenes políticos que han cobijado la historia de los clubes investigados:

Monarquía de Alfonso XIII

Durante éste período el Real Madrid empezó a establecer una relación directa con la monarquía española, fue desde aquí donde su nombre comenzará a atender y a rendir tributo a un régimen político; tal nexo no ha sido momentáneo sino que se mantenido hasta la actualidad: el 29 de junio de 1929 el Madrid obtuvo el título de “Real Club”, ello implicó la adición de la corona al escudo del club; además, tuvo una implicación política, pues desde entonces se estableció una relación privilegiada con la monarquía y su familia: Alfonso XIII, fue nombrado presidente de Honor (González, 2010).

Dictadura de Miguel Primo Rivera (1923-1929)

La Cercanía a los valores patrióticos de la España oficial y la configuración del club en una potente entidad deportiva, fueron los motivos que permitieron que durante los años de la dictadura de Primo de Rivera el Real Madrid se relacionara con los círculos financieros y empresariales, es decir, con los ambientes elitistas de la sociedad Madrileña (González, 2010) los cuales patrocinaron la inauguración del primer estadio de Chamartín en 1924 (González, 2014).

Por su parte, el F.C Barcelona durante la dictadura sufrió una gran opresión, no sólo el Club como tal, sino la comunidad catalana en general. Ello se concluye en la medida en que se observa la arremetida por parte de la dictadura frente a los catalanes, actos como la eliminación de la bandera catalana y la abolición de la lengua oficial son muestra no solo de una simple opresión, sino también de un intento de homogenización y exterminio de las culturas e identidades periféricas de España:

Con los dos principales modos de expresión eliminados muchos vieron en el barcelonismo una forma de manifestar su reacción contra el régimen y un símbolo de resistencia nacionalista, por lo que se afiliaron al club culé. La bandera del Barça sustituyó a la senyera en las manifestaciones políticas de la época, lo que sirvió para reforzar más la vinculación del equipo con la autonomía catalán (Alcaide, 2009, pág. 57).


La Segunda República (1931-1939)

Con la proclamación de la Segunda República en Abril de 1931, el Madrid perdió el título de “Real”, pero de la mano de los presidentes Luis Usera y Rafael Sánchez-Guerra (Secretario general de la presidencia de la República) siguió manteniendo relaciones privilegiadas con el poder político; sin embargo, con el estallido de la guerra civil el Madrid se vio sometido a un proceso de incautación por parte de la Federación Deportiva Obrera en la cual se aceleró la descomposición del equipo madrileño en el otoño de 1936 (González, 2010).

Guerra civil (1936-1939)

Serrano (2013) señala que en el comienzo de la guerra civil, ocho de los equipos que jugaban hasta entonces en la primera división del fútbol español quedaron encuadrados en la zona republicana, incluido el Real Madrid. Era éste un club sospechoso ante las organizaciones obreras de la capital, lo identificaban más con sus élites que con el conjunto de su masa social o de sus aficionados. Tras la guerra, los clubes perdieron su capacidad de autogobierno, dejando de ser entidades privadas para convertirse en elementos sumisos al mecanismo deportivo del Estado.

Sometido en agosto de 1936 a un proceso de incautación por parte de la Federación Deportiva Obrera vinculada al Frente Popular, el Madrid trató de sobrevivir durante el conflicto infiltrando algunos de sus directivos en el Comité de Incautación para preservar su patrimonio, y solicitando su incorporación al campeonato de fútbol catalán, pero el veto interpuesto por el F.C. Barcelona frustró este último recurso de supervivencia (González, 2010. Pág. 4).


En 1936 el presidente del F.C. Barcelona, Josep Sunyol fue fusilado por parte de la coalición Nacionalista. Aquí es importante señalar que el F.C. Barcelona no siempre ha contado con dirigentes con posturas políticas de izquierda, por el contrario, también ha tenido dirigentes con política de derecha, ello, lo expresa claramente Omar Andrés Carrasquilla (2014):

(…) el F.C. Barcelona ha tenido dirigentes de matices de derecha como Jordi Pujol y Narcís de Carreras, este último militante político de la Lliga Regionalista y muy cercano a Francisco Cambó. Por otro lado, la izquierda republicana también ha nutrido de presidentes y dirigentes al F.C. Barcelona, ejemplo de ello es Josep Sunyol Garriga, destacado catalanista y barcelonista, cuyo nombre ha servido para varios grupos de aficionados al club deportivo; Sunyol murió fusilado por el Régimen franquista (Carrasquilla, 2014, pág. 25).


Aunque el F.C. Barcelona contó con directivos que respondían a diversas posturas políticas, el club como tal, su simbolismo, siempre ha estado al servicio de la comunidad catalana como símbolo e instrumento para salvaguardar y proteger su cultura e identidad. Así las cosas, Francisco Alcaide (2009) señala que durante la guerra civil:

El Barça fue el símbolo de la posición política de la burguesía nacional y de la pequeña burguesía catalana hasta la Guerra Civil; después fue la única forma de expresión elíptica de un conjunto de sentimientos. La prueba principal de esta afirmación reside en el hecho de que los inmigrantes integrados son seguidores del Barça, los no integrados, del Español (Pág. 58).

Franquismo (1939-1975)

La novedad en el fútbol Español residía en que por primera vez el deporte dejaba de ser un deporte de organización formalmente privada con conexiones intermitentes y puntuales con los poderes públicos, sino que pasó a ser una actividad que se organizaría de forma jerárquica desde el poder político (Serrano, 2013, pág. 36).

El franquismo privilegió al deporte como mecanismo de integración nacional, como herramienta de propaganda ideológica (González, 2014), el deporte se transformó en “cuestión de Estado”, el ejército y el partido Falangista podían inferir en la organización de los clubes hasta que estos tuviesen una adhesión explicita a la política del régimen.

Es pertinente señalar que al franquismo no se le puede aprehender propiamente como una ideología política, este fenómeno no cuenta con unos matices bien definidos que permitan configurarlo como un sistema de creencia “es más bien la amalgama de una cambiante correlación de fuerzas entre falangistas, tradicionalistas, monárquicos y católicos” (Serrano, 2013).

El inicio del Franquismo no fue paralelamente el mejor para el Real Madrid, no obtuvo ningún título de liga hasta la llegada de Santiago Bernabéu. El reconocimiento internacional que ostentó el club bajo la dirección administrativa de Bernabéu trascendió el marco del régimen franquista, es decir, el régimen Franquista fue el que se esforzó en explotar la fama y los éxitos deportivos del Real Madrid en beneficio del mismo, ello provocó la falsa atribución de relacionar al Real Madrid como “equipo del régimen” una acusación injusta y falsa, pues en los años en que el sistema franquista fue más autoritario (1940-1952), el Madrid no ganó ningún título liguero, ni de torneos internacionales (González, 2010).

Durante la dictadura de Franco el F.C Barcelona adquirió el epíteto de “el ejército sin armas de una nación sin Estado” y aunque Franco intentó que los brotes regionalistas solo se produjesen en los estadios, siempre manejó cierto recelo con el club catalán, clasificándolo como un “elemento peligroso y hostil al régimen” (Alcaide, 2009, pág. 58).

Tardofranquismo

Terminada la dictadura España sufrió una época de transición, sin embargo, aquel momento representó para el Real Madrid la marca de un estigma que hoy por hoy, al menos entre la gente del común, continúa existiendo; el mal señalamiento del Real Madrid como el equipo del generalísimo Francisco Franco:

El fin de la Dictadura y el establecimiento de un régimen democrático implicaron la plena normalización de las relaciones diplomáticas de España (…) pero para ese entonces la trayectoria del Real Madrid ya había cristalizado en una imagen de marca que estaba por encima de los avatares de la política, e incluso del eclipse deportivo que sufrió el equipo en las competiciones internacionales hasta fines de los años noventa (González, 2010, pág. 18).


Guido Fontanarrosa (2011) sostiene la existencia de una identidad dual catalana, identidad que se manifiesta en la propia comunidad autónoma y la general, la de España; considera que el fútbol ha sido el elemento integrador por medio de la selección nacional, pues el 77% de la población se siente catalán y española al mismo tiempo; no obstante, la identidad catalana tiene una gran carga simbólica que no ignora su pasado lleno de opresión, por ello, declararse totalmente españoles sería olvidarse de todo el esfuerzo y el sufrimiento que han padecido las generaciones anteriores.

Los gobiernos de turno han sido un elemento que nutre el análisis entorno a la politización identitaria de los clubes de fútbol. Si bien se ha identificado que dependiendo del régimen de turno, se vislumbran intentos de impregnación identitaria: Alfonso XIII dejó entrever la cercana relación de la monarquía con el Madrid, la adición del apelativo “Real” a su nombre y una corona a su escudo, son símbolos y acciones externas que dotan de sentido e impregnan la identidad del club.

Durante la dictadura de Primo Rivera se presentó un intento de homogeneización cultural, fenómeno que según Rachick (2006) tiende a hacerse imperativo en la mayoría de las identidades, en otras palabras, toda ideología identitaria tiene como objetivo sobreponerse a las otras identidades que se encuentran a su alrededor iniciando en consecuencia, un proceso de “purificación”, instrumento utilizado para estar al acecho de las contribuciones extranjeras y expulsar a los intrusos; pues es claro, las identidades colectivas establecen límites, fronteras que permiten diferenciarse del otro, lo que es diferente, sino se rechaza, se intenta normalizar mediante el proceso de purificación.

Precisamente este fenómeno se denotó con el Barcelona y el pueblo catalán, la dictadura de Primero Rivera eliminó tanto la bandera como extranjerismos -allí se dio el cambio de nombre del club- y se abolió la lengua oficial catalana, es decir, se presentó un intento de suprimir y/o hegemonizar esa identidad; no obstante, el Barcelona se configuró como un elemento de resistencia que salvaguardó dicha identidad y, paralelamente, se constituyó como un distintivo dotado, cada vez más, de simbolismo e importancia para los catalanes. Por el contrario, el Madrid se mostró y siguió reafirmando su simpatía con el gobierno oficial. 

En lo que compete al franquismo, esta época se hace evidente el aprovechamiento del deporte como instrumento de apoyo propagandístico a nivel ideológico por parte del régimen, el franquismo se aprovechó de la seguidilla de conquistas de títulos del Real Madrid para encubrirse y apaciguar su tensa relación con el resto del mundo, acto que produjo la imputación del apelativo “equipo del régimen” al Madrid, estigma que aún se le atribuye al club y lo ha impregnado, aún más, de estar al servicio de los gobiernos oficiales. En esta vía Eduardo González Calleja sostiene:

El Real Madrid es y ha sido político. Ha sido siempre tan poderoso por estar al servicio de la columna vertebral del Estado. Cuando se fundó en 1902 respetaba a Alfonso XIII, en el 31 a la república, en el 39 al generalísimo, y ahora respeta a su majestad Juan Carlos. Porque es un Club disciplinado y acata con lealtad a la institución que dirige la nación (2010, pág. 19).


Los gobiernos de turno son elementos externos a los clubes, pero como se visualizado, han afectado directamente la constitución identitaria de ambos clubes, este elemento hace parte de lo que en su momento se mencionó como condiciones materiales de existencia y, bajo cada uno de los gobiernos, los clubes se han movido, han mantenido una posición y han reivindicado su identidad.

La homogeneidad cultural, que el nacionalismo se esfuerza por fomentar, es producto de las condiciones estructurales de la sociedad industrial. La cultura en cuestión es la alta cultura difundida por el Estado y su sistema educativo (…) la normalización cultural es sin duda indispensable para identidades colectivas -nacionalismos por ejemplo- que se sitúan a escala global (Rachick, 2006, pág. 16).


3.    Aficionados: común y ultras

Se debe tener claridad en que publico general solo se refiere a lo que normalmente reconocemos como hincha común u aficionado, son aquellos que profesan una simpatía por un club de fútbol pero no se encuentran organizados en un grupo que comparta alguna postura. Los ultras por su parte, no se deben entender como simples aficionados, se deben comprender como fanáticos que se encuentran organizados formalmente, tienen una estructura organizativa que incluye, por supuesto, un sistema ideológico.

Ramón Llopis (2013) haciendo énfasis en el público general (no ultras) sostiene en su trabajo investigativo que el motivo de afiliación a los clubes en España corresponde más a circunstancias territoriales y sociales que políticas, por ello expresa:

En el caso del Real Madrid, la razón más importante es el entorno familiar y social (28,7%), seguida de las razones de carácter deportivo (16,1%), que en ambos casos se sitúan por encima del promedio. Sin embargo, el lugar de nacimiento o residencia tan solo es mencionado por un 7,2%. En el caso de un club tan marcado por su histórica vinculación con reivindicaciones nacionalistas como el FC Barcelona, el lugar de nacimiento o residencia es la primera razón esgrimida (28,8%), si bien con un porcentaje que se sitúa ligeramente por debajo del promedio global (32,3%) (Llopis, 2013, pág. 247).


Ultras

Refiriéndose al movimiento ultra español Teresa Adán (2004) sostiene que éstos son una imitación del modelo ultra italiano, dentro del cual se presenta explícitamente una conexión ideológica y política directa con los Clubes; por lo tanto, estos grupos de ultras españoles también adoptaron la concepción interclasista que encuentra el mejor modo de expresión en el modelo cultural de tipo “militante”. En efecto, los grupos ultras tienden a dotarse de una estructura organizativa respecto a las actividades que el grupo realiza: internas (preparación de coreografías, pancartas, banderas, etc.); externas (inscripción de los socios, producción y venta de material, edición del fazine, relaciones con el club y las autoridades), estas actividades además de materializar la identidad del grupo proporcionan un manejo de ingresos económico y una fuente de campo laboral para sus integrantes.

Lo que se esboza en este apartado es que si bien son los ultras se tornan como los grupos de aficionados que estructuralmente y abiertamente manifiestan ser potadores de una ideología política, su surgimiento y desarrollo no puede leerse de forma aislada.

La constitución de los ultras se ve influenciada respecto a lo que han sido históricamente los clubes, todas las eventualidades que se desarrollaron desde la época fundacional hasta ahora han afectado la constitución del grupo organizado de aficionados que se forman alrededor de un club. No es coincidencia que el grupo de ultra del Real Madrid denominado “Ultra Sur” manifieste públicamente su adhesión a posturas políticas de derecha o; en el caso del F.C. Barcelona, tampoco es casualidad que su grupo ultra “Boixos Nois” responda y exteriorice su postura independentista.

De esta manera Teresa Adán (2004) señala que los dos rasgos que caracterizaron a los ultras durante la década de los noventa en adelante fue:

Lo que caracteriza al movimiento ultras a finales de los Noventa y principios del siglo XIX es (1) la irrupción de la pseudopolítica en la vida de los grupos, provocando la pérdida de cordialidad y solidaridad internas; y, como consecuencia (2) la transformación de los grupos en entes homogéneos en lo estético y lo ideológico, frente a la heterogeneidad que caracterizaba a los grupos ultras en los años Ochenta (Adán, 2004, pág. 96)


El postulado de Rafael Gállegos (s.f.) “la identidad viene definida por lo ideológico y se concretiza en el discurso o en la posición ideológica de una forma dinámica” aquí cobra mayor sentido, los grupos de ultras han construido su identidad respecto a lo que ideológicamente el club -en tanto historia- les ha reflejado, su posición identitaria está definido por lo ideológico y lo irradia en sus actividades - en su discurso-.

Igualmente, se ha manifestado que los grupos de ultras en tanto entidad se estructuran en función de una ideología, de un sistema de valores e ideas que les ofrece una forma de ver la realidad, de percibir lo que es un nosotros en relación a un otro (Rachik, 2006). No obstante, podría objetarse lo que se ha sosteniendo, argumentando que los hinchas de estos dos clubes han aceptado su filiación, principalmente, por su entorno familiar y territorial, podrían configurarse más como identidades dadas u heredadas; pero esta identidad pasa por el consentimiento del mismo individuo, la subjetivación puede llegar a presentarse, el ser ultra es una elección del individuo, en palabras de Rachik, una “identidad selectiva”.

Cualquier identidad colectiva no se contenta únicamente con decir “lo que uno es” sino también “lo que se debe hacer”. La diferencia fundamental entre una identidad imperativa y una identidad selectiva es que esta última indica a las personas lo que son y lo que deben hacer en ocasiones determinadas y en sectores limitados de la vida social: llevar determinado traje tradicional, religioso o nacional en determinada ocasión. La identidad selectiva deja una mayor libertad a los individuos (Rachick, 2006, pág. 17).


Es en consecuencia, una identidad dura se encuentra en un grupo estructurado cuya élite, produce y difunde una ideología sistemática; no se plantea esto en términos esencialistas, pues la identidad dura simplemente es más definida, puede determinarse respecto a algunas características, pero ello no quiere decir que este tipo de identidad sea plena o se encuentre sedimentada. Como lo señala Laclau, este tipo de identidades como todas, se encuentran predispuestas al cambio y a la transformación; no se puede olvidar que toda identidad está en función a tres aspectos que son cambiantes: la reflexión, la ideología y la condiciones materiales de existencia (Gállegos, s.f); además, en este último aspecto se localiza también lo que reconocemos como el otro, y la presencia de este irremediablemente impide que una identidad pueda ser plena en totalidad, es el antagonismo en palabras de Laclau y Mouffe lo que imposibilita la formación plena de una identidad (Pereira, 2015).

Conclusión

En el transcurso de este texto se ha tratado de vislumbrar la politización identitaria que han sufrido los dos clubes en bajo una perspectiva no esencialista. En el caso del Real Madrid se pudo observar que el club ha tenido desde su época fundacional nexos políticos con diversos gobiernos de turno y gremios públicos del país, y de forma particular con la monarquía española; no podemos determinar que la institución como tal rinda tributo a una ideología en particular, lo que sí podemos afirmar es que el Real Madrid siempre ha presentado una relación cercana a la estructura estatal y como consecuencia, las victorias deportivas del club siempre se han tornado como victorias políticas del régimen que ostenta el poder en España.

La politización identitaria del Real Madrid no ha sido producto de tan solo alguno de los actores estudiados, los tres han aportado gradualmente a dicho proceso, puede que cada uno sobresalga más en algún momento histórico, las élites en la época fundacional, los gobiernos de turno en su desarrollo histórico y los aficionados en la actualidad; sin embargo, el análisis no debe brindarse de forma aislada, todos los actores señalados han convivido históricamente -particularmente las élites y los gobiernos de turno- y de manera interactiva y conjunta han incidido en la politización identitaria de ambos clubes.

El F.C. Barcelona se visualiza como un club que históricamente ha simbolizado para el pueblo catalán la representación de una reivindicación y una resistencia identitaria respecto a la España central y ello, lo impregnaron las élites en su época fundacional, aun así, la politización se ha mantenido por la injerencia de los tres actores.

Es claro que el Club ha representado para la comunidad catalana el mayor símbolo a nivel internacional de una cultura que ha sido oprimida por los diferentes regímenes políticos españoles, pero a raíz de tales luchas, el F.C. Barcelona ha establecido un nexo directo con las reivindicaciones independistas.

La politización de ambos clubes, la construcción de su identidad se ha visto diferida por actores externos en diferentes momentos, su construcción ha sido turbulenta ya que las condiciones materiales de existencia han cambiado constantemente en todos los sentidos -sociales, políticos, culturales, etc.- y en consecuencia, los discursos se han visto influenciados y acoplados según las circunstancias, pues “los objetos y las prácticas sociales no pueden ser como tales sino a través de su inserción en un discurso constituido por un conjunto de reglas contingentes y construidas socialmente” (Pereira, 2015).

La ideologización identitaria manifestada en el discurso viabiliza pensar a raíz de lo denotado en este escrito, que si bien estos clubes han constituido identidades –cada cual con sus particularidades- estas tan poco son plenas, aunque se puedan considerar como duras, la identidad de estos clubes se ha de enfrentar precisamente con los actores mencionados, actores que además de ser externos, en sí mismo son cambiantes y hasta antagónicos.

Referencias

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Estenssoro, F. (2006). El CONCEPTO IDEOLOGÍA. Santiago de Chile: Revista de filosofía N°15, U. de Santiago de Chile.

Fontanarrosa, G. (2011). Fútbol y política: la cuestión de la identidad en Cataluña. Santa Fe: Universidad Católica de Santa Fe.

Gállegos, R. (s.f.). Ideología, identidad y cultura. Obtenido de http://www.url.edu.gt/PortalURL/Archivos/83/Archivos/Departamento%20de%20Investigaciones%20y%20publicaciones/Articulos%20Doctrinarios/Pol%C3%ADticas/Ideologia%20Identidad%20y%20Cultura.pdf

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Laclau, Ernesto y Mouffe, Chantal. (2000). “Posmarxismo sin pedido de disculpas”. En Laclau, Ernesto, Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo, Buenos Aires: Nueva Visión, pp. 111-145.

Llopis-Goig, R. (2013). Identificación con clubes y cultura futbolística en España, una aproximación sociológica. Revista internacional de ciencias del deporte, 236-251.

Pereira, M. A. (2015). Ideología y crítica de la ideología en el pensamiento de Ernesto Laclau. Perspectivas internacionales, 87-108.

Rachick, H. (2006). Identidad dura e identidad blanda. Revista Cidob D’afers Internacionals 73-74. Lo inetercultural en acción, identidades y emancipaciones, 9-20.

Serrano, A. V. (2013). Santiago Bernabéu y el Real Madrid: una análisis histórico del mito del fútbol. Política y deporte en la España Franquista. AGON international journal of sport sciences, 33-47.

Notas:

2 Rescatado de su libro “Sobre la desobediencia civil”

Resumen : 147

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