Teresita Gómez. Tocar piano es transmitir ideas sin palabras

Carmenza Uribe Bedoya*

Resumen


*Química, M. Sc. Profesora jubilada de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.



"Lo mejor de Teresita es su sonrisa maravillosa”. De esta manera resolvió uno de sus alumnos la difícil pregunta que le hice: “¿Qué es lo mejor de la Maestra?”. Y es que no es fácil resumir en pocas palabras la inmensa personalidad de Teresita Gómez. A sus cuatro años y medio el Claro de Luna de Beethoven la conectó con el piano y aún hoy la estremece. Unos padres sencillos, pero sensibles a la música la acompañaron en ese camino musical en su casa, en el Palacio de Bellas Artes de la Avenida La Playa en Medellín, donde creció escuchando música y tocando piano a escondidas.

Teresita Gómez nació en Medellín y fue adoptada por Valerio Gómez y María Teresa Arteaga, porteros de Bellas Artes, una de las instituciones de artes plásticas y música más respetadas de Medellín. Creció rodeada de arte, en medio de un ambiente musical. En Bellas Artes aprendió a tocar el piano de oído y allí conoció a grandes figuras de la música, como Lola Flores, quien le ponía claveles en el pelo. La Maestra dice con sencillez que ha tocado con Frank Fernández, que Mercedes Sosa le dedicó Gracias a la Vida y que Alfredo Sadel le propuso montar una ópera. Conoció personalmente a Débora Arango, a Fausto Cabrera y a Carlos Vieco. Le montó óperas a Marta Senn y a Carmiña Gallo. Fue agregada cultural de Colombia en Alemania y en 2005 fue condecorada con la Cruz de Boyacá. La Universidad Nacional le dio el doctorado honoris causa.

Ama la ópera y la música de cámara. Baila tango y canta boleros. Ha sido maestra de piano en Popayán, Manizales y Bogotá, pero la mayor parte del tiempo trabajó en Medellín, en la Universidad de Antioquia, donde fue profesora de la Facultad de Artes entre 1994 y 2012. Se le reconoce como divulgadora de música erudita colombiana; sus interpretaciones de Malvaloca y los Intermezzos de Luis A. Calvo son piezas frecuentes en sus conciertos. Su vida ha girado entre las alegrías y los dolores, pero su espiritualidad la mantiene viva.

Teresita me recibe en su apartamento con la misma maravillosa sonrisa que le regala a todo el mundo, como si fuéramos viejas amigas. Sabe que los relatos de su vida están en los medios de comunicación y es consciente de que en lo publicado hay imprecisiones y leyendas, pero no se preocupa por eso. Sabe también que vamos a hablar de la enseñanza del piano, de sus alumnos, de sus clases y se siente en lo suyo, porque vamos a hablar de música.

Usted había tocado piano desde los cuatro años y medio, incluso había dado conciertos desde muy pequeña. ¿Cómo llegó a ser maestra de piano?
Yo había sido pianista de la ópera de Colombia y había dictado clases esporádicas, pero enseñar piano me parecía demasiada responsabilidad; pensaba que no era capaz. Cuando llegué a la Universidad de Antioquia empecé acompañando cantantes y haciendo música de cámara, pero en un momento se jubilaron varios profesores de piano y a mí me encargaron estudiantes de pregrado, algunos a punto de graduarse y ahí empecé. Al principio fue difícil, pero me fui encaminando y me fue gustando.

¿Cuáles de sus maestros la marcaron más?
Yo tuve maestros maravillosos, Marta Agudelo y Ana María Penella me enseñaron las bases, pero el Maestro Harold Martina fue quien me hizo penetrar en la música. Me enseñó a ver las obras a través de la música y no de la técnica. Esto es muy importante porque lo que está bien musicalmente está bien técnicamente. Cuando a un estudiante no le sale bien un pasaje, es porque no lo está pensado musicalmente; a veces ellos insisten en resolver un pasaje difícil trabajando solo la técnica y lo que hacen suena robótico, se va el perfume de la música.

Hay una dualidad en el piano. Está lo musical, lo físico, pero por otro lado está el sentimiento, la emoción que hay que imprimirle a una obra y eso no se puede escribir en una partitura. ¿Cómo trabaja esta dualidad con los alumnos?
Las dos cosas hay que integrarlas porque ambas le dan sentido a la música, y esto hay que hacerlo desde los simples ejercicios: que se sienta el gusto. Hasta una escala debería tener su fraseo. Trabajamos lo técnico, pero también les digo que una pieza es un continuo que empieza en la primera nota, termina en la última, y en el medio hay que decir algo. Y lo que se dice lo tiene que entender el público. Es como cuando alguien lee bien en público, la gente entiende lo que lee. Lo mismo pasa con la música, cuando a la gente le gustó una interpretación fue porque entendió. Tocar el piano es transmitir ideas sin palabras.

¿Cuál es el alumno ideal?
El que está perdidamente enamorado de la música. No el que se cree un divo o cree saberlo todo. Algunos son maduros y pueden enfrentar obras más complejas, pero los procesos se llevan poco a poco; los logros llegan con el tiempo y nos sentimos orgullosos por igual, ellos porque avanzaron y yo, porque lo lograron y estuve ahí. Me gusta conocer a cada alumno, su mundo interior, es un proceso muy satisfactorio acompañarlos en su camino musical.

¿Les habla a sus alumnos de sus experiencias en el escenario, de cómo manejarlas?
La verdad es que una presentación en público es inmanejable. Lo que les digo cuando llega la ocasión es: no va a pasar nada si te equivocas, entrégate y disfruta. La gente va a atravesar la puerta del teatro y ya habrá olvidado que te equivocaste. Si algo pasa, debes continuar; el piano es como la vida, uno no se puede devolver.

Cuénteme sobre grandes intérpretes del piano.
Me gustan Horowitz, Rubinstein, María Pires, Claudio Arrau, Marta Argerich. Gabriela Montero es increíblemente buena improvisando. Lang-Lang toca mucho, no todo el mundo puede hacer lo que él hace y a veces tiene momentos maravillosos.

¿Y Blanca Uribe?
¡Es muy linda! somos buenas colegas. Cuando estaba joven, mi papá me llevaba a los conciertos de Blanquita. Hemos tocado juntas. Ella ha tenido una trayectoria exitosa, ha ganado distinciones y para mí ha sido inspiración. La respeto y la admiro mucho.

Hablemos de compositores. ¿Cuál es su favorito?
¡El que estoy estudiando en este momento! (ríe). Hay muchos que me han marcado. Bach es el pulso del universo, es un ritmo implacable. Bach es un ser religioso, un místico, me da mucha serenidad. Es el único compositor que quita la depresión, porque es mántrico, repetitivo. La música es antes y después de Bach. Chopin es un poeta, puso a cantar el piano que es un instrumento de percusión. Sé qué es un buen Chopin, sé cómo debe sonar, porque lo toqué en Varsovia. Beethoven es fascinante, grandioso; es igual a fuerza. Vivía en la adversidad, era pobre, sordo, y se enamoraba de las condesas. Haydn es humor. Schumann es esquizofrenia. Schubert es transparencia. A Mozart hay que tocarlo con el cuerpo liviano. Tocar Mozart es estar en una cuerda floja, como si a un mantel de lino blanco le cayera una gota de vino rojo.

Sabemos de su espiritualidad. ¿La comparte con sus alumnos?
No, porque no me gusta evangelizar. A mí la meditación me cambió la vida y pienso que debería ser obligatoria, es como respirar, es el alimento del alma; pero yo no los presiono con esto, lo que hago es aconsejarlos. Cada estudiante un mundo diferente. A veces me doy cuenta de que no avanzan y les pregunto qué está mal en su vida, o sea que me vuelvo casi sicóloga. Si algo no va bien en la vida, eso se ve en la interpretación, porque el piano es un reflejo de lo que uno es y de cómo está, el piano lo desnuda a uno. Un amigo me decía alguna vez en Bogotá: “Tere, ¿Qué pasa con tu sonido? ¿por qué está tan violento?” … claro, era porque estaba atravesando situaciones violentas.

Aparte del piano, ¿Cómo vive su vida? ¿Tiene otras aficiones, otros gustos?
Desde niña no tuve ninguna duda de que lo que quería era el piano, pero alguna vez pensé que me hubiera gustado ser arquitecta. Cuando cumplí sesenta años me propuse aprender a bailar tango y todavía lo hago. Me encanta el cello y me hubiera gustado ser directora de orquesta, pero el tiempo nunca lo tuve. Tengo un dueto con el tenor Díver Higuita y disfrutamos mucho lo que hacemos; hemos trabajado compositores colombianos. Leo muchísimo, de todo. Soy cantante frustrada de boleros, la voz no me da. Me gusta el bossa-nova y la salsa. Me encanta la poesía.

¿Qué le falta por hacer?
Encontrarme más a mí misma.

Esta es Teresita Gómez, una mujer sin mayores pretensiones porque se cuida mucho para no dejarse obnubilar por la fama; pero para nosotros, los amantes del piano es un modelo a seguir. Sus alumnos dicen: “la Maestra respira música, insiste en la buena interpretación y nos trata como si fuéramos sus hijos”. Dicen también que en sus clases ella trabaja con la imaginación: “imagine que eso suena como una cascada” y esto es un gran apoyo para la interpretación. Es capaz de encontrar lo mejor que tiene cada estudiante y de potenciarlo. Otros dicen que ella no es maestra de piano, sino maestra de vida, “su propósito es buscar que la música se convierta en una parte importante de uno, hacerla bien y llegarle a la gente con la música”. Quienes han pasado por las manos de Teresita creen que sus carreras hubieran sido muy diferentes si ella no les hubiera enseñado el gusto por la buena interpretación.

Para muchos de nosotros la música ejerce un gran poder. La vivimos desde la infancia y se manifiesta en todas las épocas de la vida, en todas las culturas. Por eso la música no solo es un fenómeno estético sino que como dice Teresita, es como la vida misma.

Fotografías Juan Alexander Monsalve Muñoz





"Si algo pasa, debes continuar; el piano es como la vida, uno no se puede devolver".

- Teresita Gómez






























"Es como cuando alguien lee bien en público, la gente entiende lo que lee. Lo mismo pasa con la música, cuando a la gente le gustó una interpretación fue porque entendió".

- Teresita Gómez






























"Si algo no va bien en la vida, eso se ve en la interpretación, porque el piano es un reflejo de lo que uno es y de cómo está, el piano lo desnuda a uno".

- Teresita Gómez






























“La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso”.

- Franz Listz, pianista.















"La maestra Teresita Gómez se ha consolidado como una importante figura para Colombia y ha estado vinculada de manera entrañable a la Universidad de Antioquia no solo transmitiendo hace más de veinte años su conocimiento musical a varias generaciones, sino también, como consagrada pianista a la que guardan especial afecto estudiantes, profesores y empleados".

A continuación los invitamos a ver el homenaje a la Maestra Teresita Gómez por sus 60 años de vida artística...


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