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ARTÍCULO ORIGINAL / ORIGINAL ARTICLE/ ARTIGO ORIGINAL

 

Enfermedad crónica y sexualidad

 

Chronic disease and sexuality

 

Doença crônica e sexualidade

 

 

Gloria Mabel Carrillo González1; Beatriz Sánchez Herrera 2; Lorena Chaparro Díaz3

 

1 Enfermera, Magíster. Profesora, Universidad Nacional de Colombia, Colombia. email: gmcarrillog@unal.edu.co.

2 Enfermera, Magíster. Profesora, Universidad Nacional de Colombia, Colombia. email: cbsanchezh@unal.edu.co.

3 Enfermera, Doctora. Profesora, Universidad Nacional de Colombia, Colombia. email: olchaparrod@unal.edu.co.

 

Fecha de Recibido: Septiembre 17, 2012. Fecha de Aprobado: Mayo 8, 2013.

 

Artículo asociado a investigación: Proyecto de extensión solidaria: programa cuidando a cuidadores. Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia

Subvenciones: Dirección Nacional de Extensión. Universidad Nacional de Colombia. Primera Convocatoria Nacional de Extensión Solidaria.

Conflicto de intereses: ninguno.

Cómo citar este artículo: Carrillo-González GM, Sánchez-Herrera B, Chaparro Díaz OL. Chronic disease and sexuality. Invest Educ Enferm. 2013;31(2): 295-304.

 


RESUMEN

Se exploró el nivel de producción y contenido de la información disponible en el contexto mundial sobre el abordaje de la sexualidad en personas con enfermedades crónicas (EC). Se identifican como principales temas: la sexualidad como derecho humano y parte fundamental de la salud para las personas con EC, los factores presentes en las situaciones de EC que generan alteraciones en la sexualidad y los modelos para la valoración, medición e intervención del fenómeno. Es escasa y limitada la producción científica sobre la sexualidad en la EC, siendo la mayor parte de ella de años recientes.

Palabras clave: enfermedad crónica; sexualidad.


ABSTRACT

This study explored the level of production and contents of information available within the global context on the approach of sexuality in individuals with chronic disease (CD). The following main themes were identified: sexuality as a human right and fundamental part of health for individuals with CD, factors present in situations of CD that generate alterations in sexuality, and the models for assessment, measurement, and intervention of the phenomenon. Scientific production is scarce and limited on sexuality during CD, with the most part of said production from recent years.

Key words: chronic disease; sexuality.


RESUMO

Se explorou o nível de produção e conteúdo da informação disponível a nível mundial sobre a abordagem da sexualidade em pessoas que cursam com doenças crônicas (EC). Identificam-se como principais temas: a sexualidade como direito humano e parte fundamental da saúde para as pessoas com doença, os fatores presentes nas situações de EC que geram alterações na sexualidade e os modelos para a valoração, medição e intervenção do fenômeno. escassa e limitada a produção científica sobre a sexualidade na EC, sendo a maior parte dela de anos recentes.

Palavras chaves: doença crônica; sexualidade.


 

 

INTRODUCCIÓN

La Organización Mundial de la Salud reporta que en todos los países, incluida la región de América Latina y el Caribe, hay una elevada incidencia de la enfermedad crónica (EC) en el mundo con tendencia a seguir en aumento. Pero, no solo se tienen más personas enfermas con EC, sino que estas viven por más tiempo.1 De otra parte es mundialmente aceptado que la sexualidad es un derecho humano y una parte fundamental de la salud, además de ser un componente de la calidad de vida. A pesar de ello, existen vacíos en la investigación y en la práctica clínica sobre la sexualidad en situaciones de EC por lo cual se decidió avanzar en la exploración de la producción y contenido de la información disponible en el contexto mundial sobre el abordaje de la sexualidad en personas con EC.

Vale la pena señalar, como lo hicieran De Santis y Vásquez2, que aún hoy existen múltiples limitaciones para la investigación en el campo de la sexualidad y, en tal sentido, a pesar de que esta tiende a incrementar en número, sus resultados deben ser cuidadosamente valorados antes de ser aplicados.

Para esta revisión se adelantó una búsqueda sistemática en cinco bases de datos: CINAHL, Ovid, Scielo, Medline, PhsycInfo, con una ventana de observación entre los años 1975 y 2012, bajo los descriptores sexualidad, enfermedad crónica, padecimiento crónico, en combinación con valoración, medición, intervención, atención, modelos y programas, con su traducción al inglés. Se encontraron 93 artículos reportados, de los cuales 36 cumplieron los criterios de inclusión por documentar, reseñar, o representar específicamente la sexualidad en situaciones de enfermedad crónica con relevancia para la práctica clínica. Una vez seleccionados los artículos se clasificaron y organizaron los que reportan modelos de comprensión de la sexualidad en la EC, sexualidad en la EC por edad y sexualidad en la EC por tipo de enfermedad.

 

Modelos de comprensión de la sexualidad en la EC

Con el fin de poder comprender el impacto de la EC en la sexualidad y el de la sexualidad en la cronicidad, Verschuren et al.3 hacen, entre otras, las siguientes precisiones: 1) El funcionamiento sexual se valora de acuerdo con una respuesta aceptada como 'normal' bajo estándares de desempeño en el ciclo de la respuesta esperada. 2) El bienestar sexual es una experiencia personal y subjetiva de la sexualidad que depende de cómo está evaluada en el contexto de la vida personal y social. 3) La disfunción sexual y los problemas sexuales pueden presentarse a un mismo tiempo pero suceden en forma separada, y 4) La intimidad sexual es una manera importante de comunicarse con la pareja. Los autores señalan, además, que en la actualidad es evidente que se ha dado un cambio de paradigma frente al manejo de las EC, a partir de lo cual no resulta tan significativa la posibilidad de estar con vida sino la calidad de vida que tengan las personas con EC. En este marco de análisis, comprender la sexualidad humana como un componente de la calidad de vida de las personas con EC, es muy importante.

Verschuren et al.3 proponen un modelo teórico para abordar el tema de la sexualidad en la EC, con dos componentes: el primero, admitir la sexualidad humana como un fenómeno complejo en el cual intervienen factores biológicos, sicológicos, relacionales y socio culturales y, el segundo, aceptar que la EC no solo se caracteriza por síntomas somáticos y físicos sino además por estrés sicológico y presiones sicosociales. Es decir, en su propuesta teórica es claro que la EC y la sexualidad tienen factores comunes.

El modelo que proponen Verschuren et al. señala que al estimar la relación entre EC y sexualidad se debe tener en cuenta la edad del sujeto, su condición de salud, el progreso de la EC, el tipo de discapacidad, ya que al ser súbita requiere de adaptación inmediata a la situación, pero una EC progresiva requiere de adaptación continua a las limitaciones que genera la enfermedad. En este sentido, el impacto tiene que ver con el momento de la vida en que la EC aparece, de manera que si la persona no es sexualmente activa, por lo general aprende a vivir con la limitación propia de la EC a diferencia de quien es sexualmente activo pues debe adaptarse a una pérdida más. La EC puede tener efecto sicológico en el paciente o su pareja, afecta la autoimagen y la autoestima, puede alterar la imagen corporal por cambios negativos en la apariencia, o por pérdida de la funcionalidad; esto lleva a una autopercepción negativa en el sentido de tener un menor atractivo y, eventualmente, a rechazar la actividad sexual.3

Cada vez crece más la evidencia sobre cómo los aspectos sicológicos (la personalidad, el estilo de afrontamiento, y la interpretación de estresores externos) pueden modular respuestas sicológicas como la inmunidad, la inflamación y los procesos endocrinos y neurológicos. La repercusión sicológica de una enfermedad puede, por lo tanto, afectar inversamente la fisiología.3 Kralik et al.4 estudiaron a 81 mujeres de mediana edad con enfermedad crónica para describir cómo viven su sexualidad y cómo esta es alterada por la EC. Para ellas la sexualidad involucró los deseos, la apariencia, la expresión y sentimientos sexuales, algunos aspectos de su vida que reconocen a partir de la afectación por la EC. Sus hallazgos incluyen una vivencia de la sexualidad en la situación de EC con un cuerpo cambiante, conciencia de las necesidades de los otros y una manera particular de comunicarla. Concluyen que al revisar la construcción cultural de la sexualidad femenina y cómo esta es afectada por la EC se comprende su impacto en su vida como algo mucho más que síntomas. Es fundamental, por consiguiente, comprender la experiencia de tener una EC con sensibilidad sobre la forma en que esta afecta la calidad de la vida y en particular el bienestar sexual.

 

Impacto de la EC en la relación de pareja

Verschuren et al.3 señalan que a EC afecta de manera importante la relación de pareja en parte por el efecto sicológico de la persona enferma sobre la pareja. Esto tiene una influencia bidireccional. Es diferente la relación sexual y la marital aunque con frecuencia se asocien. Según los mismos autores, el impacto de la EC puede servir como fuente de crecimiento personal o como fuente de estrés para la pareja. Por ejemplo, el dolor crónico y el cáncer de seno afectan la calidad de la relación. La pareja al ser cuidador (a) pierde la sensación de par y surgen disparidades que son negativas en la relación. Las habilidades en la comunicación, las sociales, las que permiten resolver problemas y el manejo del conflicto inciden en la relación. Cuidar a un ser querido afecta el tiempo y la libertad lo que da sensación de una vida limitada y puede generar serios problemas a la pareja y separarlos más -aunque eventualmente puede unirlos en mayor medida-.

Por lo general, el cuidador esconde deseos y emociones frente al receptor y termina sintiéndose desolado y solitario. Muchos sienten y expresan el orgullo por la forma como sus parejas (receptores) asumen la enfermedad, con paciencia y valentía. Según los investigadores, el matrimonio es un factor protector para los hombres pero no para las mujeres. Estos hallazgos se han confirmado en pacientes de hemodiálisis y en pacientes con Esclerosis múltiple.3 Soubhi, Fortin y Hudon,5 en un estudio realizado con 7 547 parejas adultas canadienses con una o más enfermedades crónicas, identificaron que tanto para mujeres como para varones, la percepción de conflictos con la pareja estaba asociada a una percepción negativa de la salud mental y mayor distrés. En síntesis, la EC afecta la vida en pareja pero la vida en pareja también afecta la evolución y calidad de vida de una persona con EC.

 

La sexualidad en la enfermedad crónica según la edad

Sexualidad en niños y adolescentes con EC. Finnegan6 señala que los niños aprenden sobre el género y la sexualidad mediante un proceso de socialización. Comprender cómo es ese proceso es importante para apoyar su salud sexual durante una enfermedad crónica. La socialización permite que el niño aprenda roles, valores y estándares sociales de modo gradual y asociado a múltiples factores como la salud física y psicológica, el desarrollo social mediante la enseñanza directa, la imitación, la modelación, la experimentación y la información. El silencio como forma de mantener la inocencia y prevención de una actividad sexual temprana no deja de ser un mito.

Para los niños y jóvenes con EC es muy importante, como parte del cuidado integral, tener presente su sexualidad. De una parte, la situación de EC no debe alterar innecesariamente el desarrollo sexual, y, por otra, el desarrollo normal de la sexualidad no debe exacerbar la EC. Es preciso estar vigilantes a los posibles efectos de la EC en la salud sexual de los niños revisando si hay un desarrollo sexual demorado, unas relaciones demasiado restringidas, una inhibición en el funcionamiento sexual, una alteración en el estado de salud que impida algunas expresiones de la sexualidad o problemas reproductivos.

Finnegan6 indica que se deben evitar las barreras para la prestación de un cuidado efectivo de la salud sexual de los niños y jóvenes, tales como: 1) un bloqueo al diálogo cuando hay enfoque de cuidado familiar. 2) el conocimiento insuficiente o falta de habilidad para abordar el tema, 3) el no ser aceptados como interlocutores válidos en temas relacionados con el bienestar sexual, 4) el temor a la confidencialidad de la información, y 5) la falta de un lugar apropiado para abordar este tipo de temas.

Kelton8 indica que la enfermera pediátrica debe reconocer la necesidad de dar educación sexual a niños con EC y sus familias. En muchos casos las enfermeras saben que la sexualidad es importante, pero no la abordan por falta de conocimiento, por sentirse incómodas o por creer que incomodarán al paciente. Para los adolescentes con EC, como en cualquier adolescente, es necesario incluir consejería sobre anticoncepción, sobre la prevención de enfermedades de transmisión sexual, y de consumo de drogas. Asimismo, se debe mantener la escolaridad, en lo posible en condiciones regulares o de ser necesario, adaptada.7

Desde el principio de la enfermedad, al ser diagnosticada, el posible impacto de la misma en la sexualidad puede ser incorporado al cuidado del joven. En muchos casos, a medida que el muchacho crece, los padres aprecian el apoyo para poner el tema en la familia. Mas, no siempre la enfermera tiene las respuestas pero sí la obligación de buscar con la familia la fuentes de información requerida.

Dentro de las condiciones que debe manejar una enfermera que trabaje con personas jóvenes con EC está el concepto de genotipo y fenotipo, la identificación del sexo y el género, el desarrollo sexual en la pubertad, la importancia de los sentimientos sexuales y la expresión de los mismos, la capacidad reproductiva. Es importante, por lo tanto, la valoración y documentación de un plan de educación y de su implementación y evaluación.8

Con el fin de evaluar el impacto de la EC en el bienestar de adolescentes, Miauton et al.9 tomaron un grupo de adolescentes suizos con EC para describir su comportamiento (actividades de esparcimiento, sexualidad, comportamientos de riesgo) y compararlo con muchachos sin EC. La muestra evaluada fue de 9 268 adolescentes en colegio con edades entre los 15 y los 20 años. Los adolescentes con EC reportaron comportamientos más riesgosos en el no uso del cinturón de seguridad en el auto, conducción en estado de embriaguez, consumo de cigarrillo, marihuana y alcohol e intento de suicidio en el último año. Los autores refieren que las conductas experimentales no son raras en adolescentes con EC y pueden ser explicadas por la necesidad de evaluar sus límites de consumo y comportamiento. Frente a estas conductas la prevención y la atención integral son muy relevantes.

La sexualidad en personas ancianas con EC. Martínez et al.10 en su revisión sobre la actividad sexual en la vejez, señalan algunos aspectos que permiten confundir la edad con la EC frente a la sexualidad. Según ellos, en esta etapa persiste la necesidad sicológica y fisiológica de la práctica sexual continuada. Enfatizan, en que aunque hay cambios propios del envejecimiento que afectan la sexualidad y pueden disminuir el deseo y la funcionalidad sexual, no hay edad en la que la actividad sexual, los pensamientos sobre el sexo o el deseo finalicen. Los cambios más sobresalientes en la función o bienestar sexual se dan asociados a la enfermedad.

Orihuela et al.11 hicieron un estudio con el fin de evaluar los conocimientos, actitudes y comportamientos sexuales en población latina. Encontraron que existen diversas opiniones sobre la sexualidad, con un predominio del criterio según el cual esta debe suceder sin tener en cuenta la edad, aunque en algunos casos se asoció a la juventud. Señalan que la actividad e interés sexual está más conservada en los hombres -en las mujeres sobresale la falta de interés-. Entre las entidades crónicas que padecía el grupo estudiado y que afectaba su sexualidad, estaban la hipertensión arterial, la artrosis y la diabetes mellitus. Recomiendan los autores la preparación sobre la sexualidad en esta etapa para mejorar la calidad de vida de estas personas con un enfoque amplio de criterios.

 

La sexualidad en enfermedades crónicas específicas

Enfermedades hormonales crónicas. Estas enfermedades tienen impacto directo en el funcionamiento y bienestar sexual de un individuo. Aunque la disminución hormonal fisiológica no parece afectar el deseo sexual, si lo hace la disfunción sexual. Existe documentación sobre efectos del hipogonadismo, las terapias de reposición de la testosterona, los niveles altos de prolactinemia (asociados a baja testosterona y disfunción ovárica), señalando que estos se asocian a un bajo interés sexual en ambos sexos y en los hombres con disfunción eréctil, alteración o ausencia de eyaculación.12 De otra parte, la diabetes mellitus se relaciona de manera indirecta por sus complicaciones y efectos sicológicos a una alteración en la sexualidad. Los daños en pequeños vasos o nervios periféricos pueden interferir con la funcionalidad sexual; en los hombres se puede presentar pérdida del deseo, problemas en la erección, en la eyaculación y en el orgasmo. En las mujeres puede aparecer disfunción sexual por la misma causa - sin embargo, no parece que la capacidad de tener orgasmo se relacione con la diabetes-.

No obstante, la infección vaginal es más frecuente en mujeres diabéticas y eso explica la dispareunia ligeramente más alta en ellas que en las mujeres sanas. De otra parte, se asocian a la disfunción sexual la inseguridad, el rechazo a la enfermedad y la baja autoestima. Whitehouse13 señala que la investigación sobre el efecto de la diabetes en la sexualidad es limitada en especial en la población anciana, donde se confunden efectos de la salud con los del proceso del envejecimiento. No hay estudios longitudinales suficientes para analizar los cambios. Por otro lado, los controles han podido ser sesgados porque no se emplean grupos de características similares con buen estado de salud sino con diferentes patologías o niveles de diabetes. Tampoco hay homogeneidad en las metodologías o revisión de los tratamientos de las mujeres diabéticas o las complicaciones que la diabetes les genera. En tal sentido, se propone hacer una valoración integral que incluya el aspecto de la sexualidad, preguntando de manera directa y respetuosa, para obtener la información requerida, en especial entre mujeres mayores.

Enfermedades renales crónicas. Coelho-Marques et al.14 estudiaron a 86 mujeres saludables de 18 y más años y a 38 mujeres en diálisis para mirar su calidad de vida, incluida su salud sexual. Encontraron que no solo hay deterioro en aquella y en especial en los componentes ambientales y físicos de las mujeres en diálisis sino que, además, se presenta una declinación en el funcionamiento sexual. De manera curiosa, el declinar de la sexualidad no se asoció con la calidad de vida reportada. Sathvik et al.15 adelantaron un estudio con 75 pacientes en hemodiálisis para mirar su calidad de vida. Como herramienta de medición los investigadores emplearon el cuestionario WHOQOL-BREF que incluye una mirada sobre la sexualidad. La mayoría de los pacientes estudiados, en especial los hombres, no se encontraron satisfechos con su vida sexual, admitieron menor interés o desinterés por esta. Hallazgos similares reportaron Rosas et al.16 en grupos de hombres y mujeres en diálisis.

Lew-Starowicz y Gellert17 revisaron la relación entre la sexualidad y la calidad de vida en 112 pacientes en hemodiálisis. Sus hallazgos confirman que la disfunción sexual se relaciona con depresión y ansiedad, lo que genera un importante impacto negativo en los pacientes de diálisis. Los autores señalan que el tema es relevante en su calidad de vida y frecuentemente es subvalorado por los terapeutas. Rosenkranz et al.18 miraron la rehabilitación y satisfacción con la calidad de vida de pacientes adultos que tuvieron problemas renales desde muy temprana edad. Con una muestra de 39 pacientes adultos jóvenes entre los 18 y 43 años, 13 de ellos en diálisis y 26 exitosamente trasplantados, encontraron que el nivel general de satisfacción con la vida estaba significativamente reducido. Los pacientes estaban menos satisfechos en la relación con sus parejas, la sexualidad y en su vida familiar.

Enfermedades genito-urinarias. Schultheiss19 reporta en personas con prostatitis crónica una alteración en la calidad de vida y el bienestar asociado a un desorden de la sexualidad. Dentro de los síntomas de infección urogenital masculina están la disfunción eréctil, la eyaculación prematura, y la eyaculación dolorosa. La prostatitis crónica es la segunda causa más frecuente de eyaculación prematura. Sugiere el autor que se estudie la prostatitis como una posible causa de disfunción sexual, antes de medicar para resolverla. Withmore,20 señala que la cistitis intersticial es una condición vesical crónica que se caracteriza por aumento de la frecuencia y urgencia urinaria, dolor suprapúbico y dispareunia, y que es causa de dolor sexual en las mujeres, por lo que este diagnóstico debe ser considerado.

Enfermedades neurológicas. Borisoff et al.21 estudiaron la sexualidad en personas con trauma raquimedular. Señalan que la investigación se ha dirigido a la erección y fertilidad masculina, cuando en realidad el placer y el orgasmo son las prioridades más altas para la recuperación. Plantean el abordaje de la sustitución sensorial como un camino posible, aunque todavía por explorar, en personas con estas alteraciones. Pentland et al.22 estudiaron a mujeres de 31 a 70 años con sección medular en Canadá para ver la forma de afrontar su situación en diversos aspectos de la vida diaria. Identificaron gran sentimiento de soledad, una percepción de que muchas de sus necesidades no son tenidas en cuenta por el personal de la salud. Las preocupaciones más comunes, fueron de tipo ginecológico/ sexual, aspectos de la vejiga y la continencia fecal.

Kralik et al.,23 en un estudio con nueve mujeres con esclerosis múltiple como informantes, buscaron comprender la construcción de la sexualidad y el impacto de un cuerpo cambiante. Su marco conceptual fue la autoidentidad a partir de cómo las pacientes se sintieron como seres sexuales, como ellas experimentaron su cuerpo, su actividad sexual y la forma de reacción de otros frente a ellas. Llama la atención en la construcción de la teoría producto del estudio que los componentes culturales, los educativos, los sociales, religiosos y el contexto familiar, tuvieron impacto en la capacidad femenina de modelar la experiencia de la enfermedad en medio de las elecciones que les son posibles para buscar vivir con normalidad en medio de la enfermedad.

Dolor crónico. Ambler et al.,24 en estudio de 237 pacientes de un programa de manejo de dolor crónico, encontraron que el 100% de ellos relató una disminución de la actividad sexual asociada al dolor que sufrían. Weijmar et al.25 presentaron unas guías construidas con expertos internacionales para la valoración y manejo de la dispareunia crónica bajo el entendido de que 15% de las mujeres que la padecían, la comprendían mal y en tal sentido la manejaban mal. Sugieren los autores que hay dificultad para diferenciarla del vaginismo.

Enfermedad intestinal inflamatoria. Varios autores, que han estudiado la relación entre enfermedades inflamatorias del intestino y la disfunción sexual, coinciden en afirmar que hay poca investigación para respaldar el manejo clínico a pesar de que con frecuencia se documenta la alteración. 2-29 Andrews et al.30 estudiaron pacientes con enfermedad de Crohn y colitis ulcerativa, consideradas enfermedades de muy larga duración que afectan de manera importante la calidad de vida en la cual debe ser comprendida la carga sicológica, los efectos colaterales del desorden, el mantenimiento de las terapias y el nivel de acatamiento, el hábito del cigarrillo, la sexualidad, la fertilidad la planificación familiar y el embarazo y la anemia o deficiencia de hierro. Señalan los investigadores que hasta el 75% de mujeres y el 44% de los hombres reportan problemas.

En los hombres, la disfunción eréctil resultó fluctuante con relación a la exacerbación de la enfermedad. De manera interesante se reporta, al igual que en estudios previos, que la depresión es lo que más se asocia en ambos sexos a la alteración en la sexualidad. Especial consideración se les da a los pacientes operados puesto que ellos resultaron ser más afectados que los demás por temor o urgencia fecal, flatos y fatiga que puedan incidir o interrumpir la relación sexual.

Enfermedades cardiovasculares. Corona et al.,31 con base en un estudio adelantado con 1687 pacientes, señalaron que la disfunción eréctil por bajo flujo sanguíneo genital se asocia a la enfermedad cardiovascular. En tal sentido, la disfunción eréctil puede no solo indicar problemas cardiovasculares existentes sino además ser una alerta importante de un evento cardiovascular mayor.

Según Verschuren et al.3 las enfermedades vasculares tienen impacto directo, indirecto e iatrogénico en la sexualidad de las personas. En cuanto al impacto directo, es evidente en el funcionamiento sexual por cuanto en las enfermedades cardiovasculares se presenta, en muchos casos, una disfunción sexual por irrigación insuficiente de la región genital debida a ateromatosis. La disfunción del pene y la atrofia vaginal se presentan asociadas a la falta de irrigación suficiente. En el evento cerebro vascular (ECV) hay antecedentes vasculares y después del ECV el funcionamiento y deseo suelen disminuir. Muy pocos pacientes han reportado satisfacción con su vida sexual después de un ECV. En la hipertensión arterial sin tratamiento, se presenta casi con el doble de frecuencia, disfunción eréctil frente a controles sin enfermedad.

Con respecto al impacto indirecto afirman los investigadores3 que, en cuanto al funcionamiento sexual, las complicaciones físicas como el dolor, pérdida de fuerza muscular, espasmos, desórdenes en la sensibilidad, incontinencia urinaria afectan la sexualidad. De igual forma, la afectan los cambios sicológicos asociados, tales como la pérdida de control, impulsividad, temor, dependencia, temor al fracaso, o falta de confianza. Con respecto al bienestar sexual, señalan los autores que, después de un evento cardio o cerebro vascular, queda temor de que el mismo se repita. Del 75 al 80% disminuye o interrumpe su actividad sexual. En relación con los efectos iatrogénicos, muchas drogas antihipertensivas afectan negativamente la actividad sexual. La medicación para condiciones asociadas a medicamentos con acción sobre los inhibidores de la serotonina, las serotoninas y los antiepilépticos puede tener efectos concurrentes o efectos negativos aditivos en el funcionamiento sexual.3

Kazemi-Saleh et al.32 señalan que en pacientes con enfermedad crónica, el temor es una de las causas importantes para evadir la relación, lo que afecta de manera importante la calidad de vida. En su estudio con 87 pacientes con enfermedad coronaria miraron las diferencias entre los que tienen y no tienen temor sexual. De estos pacientes encontraron que 29 tenían temor y en consecuencia menor frecuencia de relación sexual. Se asociaron al hallazgo la edad, el nivel socioeconómico, el nivel educativo, el consumo de tabaco, la historia de infarto del miocardio. Dentro de los factores modificables que generan temor y que deben ser tenidos en cuenta en estos pacientes son la relación marital y los síntomas depresivos.

Enfermedades reumáticas. Xibillé-Friedmann et al.33 estudiaron un grupo de mujeres independientes en su vida diaria con enfermedad reumática incluyendo el lupus eritematoso, la artritis reumática y la artritis soriática. Indican que estas enfermedades se acompañan con mucha frecuencia de disfunción y depresión. Su efecto sobre la sexualidad, como en otras enfermedades, ha sido poco estudiado. Estas pacientes tuvieron una percepción de su sexualidad más alterada que el grupo de control con el que fueron comparadas, con tendencia a depresión y baja autoestima.

Enfermedades pulmonares. Vincent y Singh34 indican que la expresión sexual es una parte importante de la identidad individual y aún así poco abordada por el equipo de salud. Señalan que es preciso que los terapeutas consideren si una salud sexual pobre tiene efecto directo en la calidad de vida de su paciente haciendo una valoración adecuada e integral. Sugieren incorporar en ella aspectos tales como la edad, la espiritualidad, las relaciones, los roles que desempeñan y otros componentes sociales, los aspectos físicos y los aspectos emocionales, así como la capacidad de comprensión. Como una consideración de particular interés en el paciente con enfermedad pulmonar sugieren revisar la conservación de energía. En ella se debe asesorar al paciente para revisar la temperatura del sitio, la hora del día, la comodidad, la posición y el apoyo de la pareja. Afirman, además, que es necesario tener conocimiento de la propia salud sexual para poder trabajar en este campo.

Cáncer. Huber et al.35 revisaron experiencias de sexualidad e intimidad en mujeres con cáncer de seno. Indican que estos son factores determinantes de la calidad de vida. En este, como en otros estudios, se refleja que a pesar del conocimiento sobre su importancia, muchos terapeutas no abordan el tema con las pacientes. Para poder abrir espacios de comunicación, aquellos deben darle relevancia a la temática y reconocer el impacto del tratamiento del cáncer en ese contexto.

Enfermedad mental. McCann y Clark36 en su estudio fenomenológico con nueve adultos jóvenes con esquizofrenia, señalan que esta es una enfermedad compleja, de alto impacto en la calidad de vida, y crónica, además, es percibida como un evento catastrófico que altera la vida, afecta las relaciones con otros y cuyas medicaciones alteran la percepción de la corporalidad y en consecuencia su expresión de sexualidad. Indican las autoras, que a pesar de las limitaciones para generalizar un estudio de este tipo, se debe formar a las enfermeras para atender pacientes con esquizofrenia de manera holística, lo cual exige comprender la corporeidad que el paciente vive en su enfermedad y el apoyo a partir de las relaciones sociales, así como los efectos de los antipsicóticos y la adherencia al tratamiento. Higgins et al.,37 en una revisión de la literatura de 1980 a 2005, reportan que, aunque hay serias limitaciones en la literatura revisada sobre educación y sexualidad en pacientes con enfermedad mental, hay comportamientos sexuales de riesgo en personas con enfermedad mental severa, que entre otros, los ponen en alto peligro de tener enfermedades de transmisión sexual. Se evidencia que los programas educativos abordan las enfermedades de trasmisión sexual, incluido el VIH, la negociación y adquisición de habilidades para uso del condón. Sin embargo, se refleja también que en las enfermedades severas es difícil atender la información y lograr modificar la conducta con base en ella.

 

DISCUSIÓN

La sexualidad en las enfermedades crónicas es descrita en la literatura por el alto impacto que genera en la calidad de vida del paciente. El análisis de la literatura permite ver que la mayor parte de las publicaciones se han generado en los años más recientes. Al comparar los estudios encontrados con el volumen de literatura sobre cronicidad y sexualidad, se puede afirmar que, mundialmente, es escasa y limitada la producción científica sobre la sexualidad en estas situaciones. Los diferentes estudios hacen evidente que la alteración en la sexualidad tiene un alto impacto en la calidad de vida de las personas con enfermedad crónica. Las alteraciones se dan por disfunción y por pérdida del bienestar sexual, en las cuales las condiciones que rodean la experiencia de las personas cumplen en muchos casos un papel preponderante. Si bien se reportan modelos para la valoración, medición y comprensión del fenómeno, son casi ausentes los reportes relacionados con la intervención, atención. Es notable la ausencia de investigación sobre este tema en personas con enfermedad crónica y sexualmente diversas. Por último, se requiere el reconocimiento del equipo de terapeutas sobre la importancia de este fenómeno para consolidar modelos de cuidado y propuestas de intervención integrales que incluyan el abordaje de la sexualidad en personas con enfermedad crónica.

REFERENCIAS

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Abstract : 584

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